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miércoles, 22 de junio de 2022

Dos San Juan

 

ACERCA DE LOS DOS SAN JUAN (1)

Aunque el verano sea considerado generalmente como una estación alegre y el invierno como una triste, por el hecho de que el primero representa en cierto modo el triunfo de la luz y el segundo el de la oscuridad, los dos solsticios correspondientes tienen sin embargo, en realidad, un carácter exactamente opuesto al indicado; puede parecer que hay en ello una paradoja harto extraña, y empero es muy fácil comprender que sea así desde que se posee algún conocimiento sobre los datos tradicionales acerca del curso del ciclo anual. En efecto, lo que ha alcanzado su máximo no puede ya sino decrecer, y lo que ha llegado a su mínimo no puede, al contrario, sino comenzar a crecer a continuación (2); por eso el solsticio de verano señala el comienzo de la mitad descendente del año, y el solsticio de invierno, inversamente, el de su mitad ascendente; y esto explica también, desde el punto de vista de su significación cósmica, estas palabras de San Juan Bautista, cuyo nacimiento coincide con el solsticio estival: "Él (Cristo, nacido en el solsticio de invierno) conviene que crezca, y yo que disminuya" (3). Sabido es que, en la tradición hindú, la fase ascendente se pone en relación con el deva-yâna, y la fase descendente con el pitr-yâna; por consiguiente, en el Zodíaco, el signo de Cáncer, correspondiente al solsticio de verano, es la "puerta de los hombres", que da acceso al pitr-yâna, y el signo de Capricornio, correspondiente al solsticio de invierno, es la "puerta de los dioses", que da acceso al deva-yâna. En realidad, el período "alegre", es decir, benéfico y favorable, es la mitad ascendente del ciclo anual, y su período "triste", es decir, maléfico o desfavorable, es su mitad descendente; y el mismo carácter pertenece, naturalmente, a la puerta solsticial que abre cada uno de los dos períodos en que se encuentra dividido el año por el sentido mismo del curso solar.

1. Esta idea se encuentra, particularmente, expresada varias veces y en formas diversas en el Tao-te-King; se la refiere más en especial, en la tradición extremo-oriental, a las vicisitudes del yin y el yang.

2. San Juan, III, 30.

3. Esas fiestas se sitúan en realidad un poco después de la fecha exacta de los solsticios, lo que manifiesta de modo aún más nítido su carácter, ya que el descenso y el ascenso han comenzado ya efectivamente; a esto corresponde, en el simbolismo védico, el hecho de que las puertas del Pitri-loka y del Deva-loka se consideran situadas respectivamente, no exactamente al sur y al norte, sino hacia al sudoeste y el nordeste.

Extraído de Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada (Buenos Aires, Eudeba, 1988), de René Guénon.


El 24 de junio (solsticio de verano) se conmemora el nacimiento de San Juan Bautista, que según los evangelistas nació seis meses antes que Jesucristo, siendo el único santo del que se celebra el nacimiento y no la muerte. Es el último de los profetas y el precursor del Nuevo Testamento, prepara el camino para la llegada de Cristo (como Elías lo había hecho en el Antiguo Testamento) y también lo identifica cuando llega. Un asceta que vive y predica en el desierto, va vestido con ropa de pelo de camello y lleva un cinturón de cuero. Se alimenta de miel silvestre y langostas.

Yo soy la voz de alguien que grita en el desierto ‘¡Hagan que el camino de Jehová quede recto!’, tal como dijo el profeta Isaías (Juan 1:19-23).

Si no eres el Cristo ni Elías ni el Profeta, ¿entonces por qué bautizas?, le preguntan intrigados. En respuesta, Juan les dice: Yo bautizo en agua. Hay alguien entre ustedes al que no conocen. Es el que viene detrás de mí (Juan 1:25-27).

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel. (Jn 1, 29-34)

San Juan Bautista abre el Nuevo Testamento y San Juan Evangelista lo cierra.

El 27 de diciembre (solsticio de invierno) la Iglesia conmemora a San Juan Evangelista, el más místico y poético de los cuatro, Juan utiliza un lenguaje simbólico de gran altura teológica, por ello se le representa con un águila, un animal considerado como ‘el ojo que todo lo ve’ capaz de mirar al sol directamente y de ascender por encima de las nubes, imagen de la luz espiritual, la profundidad y el fuego. Es considerado en muchas ocasiones como 'el divino' o 'el discípulo amado de Jesús', su estilo literario está plagado de significaciones relacionadas con la renovación espiritual. El patriarca ecuménico de Constantinopla, Atenágoras afirmó: «Juan se encuentra en el origen de nuestra más elevada espiritualidad. Como él, los "silenciosos" conocen ese misterioso intercambio de corazones, invocan la presencia de Juan y su corazón se enciende»

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. (S. Juan 3:7-8)

Uno de sus elementos iconográficos es la caldera de aceite hirviendo, el martirio que sufrió en tiempos del emperador romano Domiciano y del que salió rejuvenecido. Otro elemento de la iconografía de San Juan es la copa o vaso del que sale una serpiente, originado por la tradición cristiana que cuenta como el sumo sacerdote del templo de Diana en Éfeso le ofreció una copa envenenada que bebió después de bendecirla no causándole ningún mal.

Es San Juan Evangelista quien recoge en su evangelio las palabras de Juan el Bautista según las cuales Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, que se convertirán en un signo de gran importancia litúrgica, ya que en todas las misas, tras el recuerdo de la Cena de Jesús (de la "consagración"), se repite: Cordero de Dios... Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo ¡dichosos los llamados a la Cena del Señor!

Por tanto, a través de los dos San Juan se reunificaría un simbolismo dual presente en el cordero: el del sacrificio y misericordia propios del Viejo Testamento y el de la gracia y alabanza propios del Nuevo Testamento.


Sabido es, por lo demás, que en el cristianismo las fiestas de los dos San Juan están en relación directa con los dos solsticios (3), y, cosa muy notable, aunque nunca la hayamos visto indicada en ninguna parte, lo que acabamos de recordar está expresado en cierta manera por el doble sentido del nombre mismo de "Juan" (4). En efecto, la palabra hebrea hanán tiene a la vez el sentido de "benevolencia" y "misericordia" y el de "alabanza" (es por lo menos curioso comprobar que, en nuestra misma lengua, palabras como "gracia (s)" tienen exactamente esa doble significación); por consiguiente, el nombre Yahanán [o, más bien, Yehohanán] puede significar "misericordia de Dios" y también "alabanza a Dios". Y es fácil advertir que el primero de estos dos sentidos parece convenir muy particularmente a San Juan Bautista, y el segundo a San Juan Evangelista; por lo demás, puede decirse que la misericordia es evidentemente "descendente" y la alabanza, "ascendente", lo que nos reconduce a su respectiva relación con las dos mitades del ciclo anual (5).

3. Esas fiestas se sitúan en realidad un poco después de la fecha exacta de los solsticios, lo que manifiesta de modo aún más nítido su carácter, ya que el descenso y el ascenso han comenzado ya efectivamente; a esto corresponde, en el simbolismo védico, el hecho de que las puertas del Pitri-loka y del Deva-loka se consideran situadas respectivamente, no exactamente al sur y al norte, sino hacia al sudoeste y el nordeste.

4. Queremos referirnos aquí al significado etimológico de ese nombre en hebreo; en cuanto a la vinculación entre Juan y Jano, aunque debe entenderse que es una asimilación fónica sin ninguna relación, evidentemente, con la etimología, no por eso es menos importante desde el punto de vista simbólico, ya que, en efecto, las fiestas de los dos San Juan han sustituido realmente a las de Jano, en los respectivos solsticios de verano e invierno.

5. Recordaremos también, vinculándola más especialmente a las ideas de "tristeza" y "alegría" que indicábamos en el texto, la figura "folklórica" francesa, tan conocida, pero sin duda generalmente no comprendida muy bien, de "Juan que llora y Juan que ríe", que es en el fondo una representación equivalente a la de los dos rostros de Jano; "Juan que llora" es el que implora la misericordia de Dios, es decir, San Juan Bautista; y "Juan que ríe" es el que le dirige alabanzas, es decir, San Juan Evangelista.

 

[...]

 

Por otra parte, según el simbolismo masónico, el trabajo iniciático se cumple “de mediodía a medianoche”, lo que no es menos exacto si se considera el trabajo como una marcha efectuada de la “puerta de los hombres” a la “puerta de los dioses”; la objeción que se podría estar tentado de hacer, en razón del carácter “descendente” de este período, se resuelve por una aplicación del “sentido inverso” de la analogía, como se verá más adelante. En el día, la mitad ascendente es de medianoche a mediodía, la mitad descendente de mediodía a medianoche: medianoche corresponde al invierno y al norte, mediodía al verano y al sur; la mañana corresponde a la primavera y al este (lado de la salida del sol), la tarde al otoño y al oeste (lado de la puesta del sol). Así, las fases del día, como las del mes, pero en escala aún más reducida, representan analógicamente las del año; ocurre lo mismo, de modo más general, para un ciclo cualquiera, que, cualquiera fuere su extensión, se divide siempre naturalmente según la misma ley cuaternaria.

Tal simbolismo se encuentra igualmente entre los los griegos. También entre los latinos, donde está esencialmente vinculado con el simbolismo de Jano. Jano, en el aspecto de que ahora se trata, es propiamente el ianitor [‘portero’] que abre y cierra las puertas (ianuae) del ciclo anual, con las llaves que son uno de sus principales atributos; y recordaremos a este respecto que la llave es un símbolo “axial”. En efecto, Jano [Ianus] ha dado su nombre al mes de enero (ianuarius), que es el primero, aquel por el cual se abre el año cuando comienza, normalmente, en el solsticio de invierno; además, cosa aún más neta, la fiesta de Jano, en Roma, era celebrada en los dos solsticios por los Collegia Fabrorum. Como las puertas solsticiales dan acceso a las dos mitades, ascendente y descendente, del ciclo zodiacal, que en ellas tienen sus puntos de partida respectivos, Jano, a quien hemos visto aparecer como el “Señor del triple tiempo” (designación que se aplica también a Çiva en la tradición hindú), es también, por lo dicho, el “Señor de las dos vías”, esas dos vías, de derecha y de izquierda, que los pitagóricos representaban con la letra Y, y que son, en el fondo, idénticas al deva-yána y al pitr-yâna respectivamente. Por lo demás, Jano presidía los Collegia Fabrorum, depositarios de las iniciaciones que, como en todas las civilizaciones tradicionales, estaban vinculadas con el ejercicio de las artesanías; y es muy notable que esto, lejos de desaparecer con la antigua civilización romana, se haya continuado sin interrupción en el propio cristianismo, y que de ello, por extraño que parezca a quienes ignoran ciertas “transmisiones”, pueden aún encontrarse vestigios en nuestros mismos días.

Extraído de Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada (Buenos Aires, Eudeba, 1988), de René Guénon.

 


Jano bifronte, capilla de Saint-Vulphy, siglo XVI, Rue (Francia)
 

  

Retablo de los santos Juanes, Maestro de Santa Coloma de Queralt, c. 1356


El cielo hizo el agua para Juan-que-llora e hizo el vino para Juan-que-ríe.

Antoine Désaugiers

 

 ¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora! ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, porque en los seres que el dolor devora el alma llora cuando el rostro ríe!

Juan de Dios Peza

lunes, 13 de junio de 2022

Mito y ecología


La ONU alerta de una triple crisis: calentamiento,
pérdida de biodiversidad y contaminación

 

‘Ninguno de los objetivos mundiales para
la protección de la vida en el planeta y para
detener la degradación de la tierra y los océanos
se ha cumplido plenamente’

 

ALERTA MUNDIAL: El Hombre lleva
a la Tierra a su destrucción

 

A todo ello el informe suma que ‘la degradación
ambiental está impidiendo los progresos hacia el fin
de la pobreza y el hambre’

 

‘Estamos destruyendo el planeta’, ha resumido
Inger Andersen, directora ejecutiva del Pnuma.
‘La prosperidad de la humanidad está en riesgo’, ha añadido




Ilustración Fábula II, de Les Metamorphoses d’Ovide En Latin Et François
(1677) traducida por Pierre Du-Ryer Parisien (no se especifica el autor de
las ilustraciones)

 

¿Qué relación puede haber entre el mito cosmogónico de creación del hombre y los problemas en torno al cambio climático que hoy copan los titulares informativos? Los verificadores de información que tanto proliferan en la actualidad con la supuesta intención de protegernos del engaño, se esfuerzan en hacernos creer que la verdad se encuentra a golpe de clic según consumas la noticia azul o la noticia roja. Sabemos que la explicación periodística intentará disolver toda respuesta que provenga del área mitológica pero sabemos también que en el mito encontramos otras posibilidades de acceso al verdadero orden de cosas. El mito nos habla de acontecimientos que se supone ocurridos en un momento del tiempo, pero esos acontecimientos forman también una estructura permanente, de tal manera que se refiere simultáneamente al pasado, al presente y al futuro.

Palabras como ‘objetivos mundiales’, ‘prosperidad de la humanidad’, ‘vida en el planeta’ que tanto se utilizan en medios informativos para hablar sobre la crisis medioambiental, resultan un poco absolutas a la vez que fantasiosas, pareciera incluso que nos hablan desde esas coordenadas propias del tiempo fuera del tiempo características del mito. Resulta fácil imaginar que los ‘objetivos mundiales para la protección de la vida en el planeta’ se dilucidan en una gran sala de expertos a la que tienen acceso más bien unos pocos y no precisamente toda la humanidad.

Vemos a menudo en este tipo de relatos informativos la lógica científica unida a la profecía, se emplea frecuentemente la palabra ‘científicos’, para dejar bien claro que son estos los expertos adecuados en la materia, aunque no se especifique el contenido de dicha materia. Por el contrario, muy pocas veces escuchamos el término ‘humanista’ para hablar de cuestiones tan importantes y globales que afectan a toda la humanidad. Puede que a los representantes del conjunto total de humanos en el planeta se les haya olvidado el verdadero significado de la palabra humanidad.

Bucear en los orígenes de las palabras nos conduce no solamente hacia las motivaciones que dieron pie a nuestros antepasados a nombrar la realidad, sino también a comprender esa misma realidad vinculada a las palabras, lo que es en nosotros es también en la naturaleza y como bien expresa Françoise Dolto: 'la palabra tiene, ciertamente, un sentido simbólico en sí misma, es decir que reúne, más allá del espacio y del tiempo, en una comunicación por el lenguaje hablado, registrado, escrito, a seres humanos que, aun sin experiencia adquirida en común, pueden transmitirse' (1).

Atendamos pues a la palabra ‘humanidad’ para ahondar en las cuestiones que afectan a la misma.

La palabra ‘humanidad’ viene del latín humanitas y significa ‘cualidad de humano’. Sus componentes léxicos son: humus (tierra), -anus (sufijo que indica pertenencia, procedencia), más el sufijo -dad (cualidad). La cualidad de pertenecer a la tierra.

Muchos mitos de creación explican el origen del hombre como el fruto de un moldeado divino con el barro de la tierra. Entre los griegos es el titán Prometeo el que moldea al primer hombre del barro de la tierra.

Así se describe en el resumen en prosa de las Metamorfosis de Ovidio:

Después de la separación de los elementos, Prometeo, hijo de Japeto, formó un hombre de tierra y agua con semejanza a los dioses, dándolo vida con una hacha que, por consejo de Minerva, encendió en los rayos del Sol. Irritado Júpiter de su atentado, mandó a Mercurio le atase sobre el Monte Cáucaso, y que un águila le picase el corazón sin quitarle la vida (2). 

Y así en la traducción del original que hace Ana Pérez Vega de las Metamorfosis:

nacido el hombre fue, sea que a él con divina simiente lo hizo aquel artesano de las cosas, de un mundo mejor el origen, sea que reciente la tierra, y apartada poco antes del alto 80
éter, retenía simientes de su pariente el cielo;
a ella, el linaje de Jápeto, mezclada con pluviales ondas,
la modeló en la efigie de los que gobiernan todo, los dioses,
y aunque inclinados contemplen los demás vivientes la tierra,
una boca sublime al hombre dio y el cielo ver 85
le ordenó y a las estrellas levantar erguido su semblante.
Así, la que poco antes había sido ruda y sin imagen, la tierra
se vistió de las desconocidas figuras, transformada, de los hombres (3).

Pero también es así en los antiguos relatos mesopotámicos, y en el libro del Génesis:

Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo de la tierra y sopló en su nariz hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente’ (Génesis 2, 7). ‘Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás (Génesis 3, 19).

En la Biblia, la tierra está presente al principio y al final del ciclo de la vida del hombre, pero la traducción litúrgica no le da el justo sentido al hebreo, que utiliza dos términos diferentes: adama en el primer pasaje del Génesis y afar en el segundo. Adán está modelado a partir de la tierra, adama en hebreo, que remite a la tierra madre, la materia. Adán y Adama forman una especie de pareja en la cual la tierra es la compañera femenina de Adán.

En cambio, afar es la palabra hebrea que indica la tierra seca, estéril, el polvo del suelo que entra en los pulmones cuando sopla el viento. La palabra tiene una connotación peyorativa. Afar reduce al hombre a su estricta condición de mineral. Podríamos traducir el versículo 19 del Génesis 3: «¡Hombre, eres sólo un mineral!» Fonéticamente, afar también se acerca a efer, que significa «cenizas». Para el oído, las dos palabras se pronuncian casi de la misma manera.

El discurso bíblico está lleno de matices. Con adama, el hombre está conectado al potencial de vida de la tierra. Con efer, se le reduce a su estricta composición biológica. «El hombre es polvo y ceniza», resume un dicho de la sabiduría judía. (4)

Robert Graves y Raphael Patai en Los mitos hebreos aclaran que:

Dios no utilizó la tierra al azar, sino que eligió polvo puro, para que el hombre pudiera llegar a ser la cima de la Creación. Actuó, en verdad, como una mujer que mezcla harina con agua y reserva parte de la masa como una ofrenda halla: pues hizo que una niebla humedeciese la tierra y luego utilizó un puñado de ella para crear el Hombre, que se convirtió en la primera ofrenda halla del mundo. Como era hijo de Adama (‘Tierra’), el hombre se llamó a sí mismo ‘Adán’ en reconocimiento de su origen; o tal vez a la Tierra se llamó Adama en honor de su hijo; pero algunos derivan a su nombre de adom (‘rojo’), recordando que fue formado con arcilla roja encontrada en Hebrón, en el Campo Damasceno, cerca de la cueva de Macpela.

Es improbable, no obstante, que Dios empleara tierra de Hebrón, pues éste era un lugar menos sagrado que la cumbre del monte Moriá, el ombligo mismo de la Tierra, donde se halla ahora el Santuario: pues allí fue bendecido Abraham por haberse mostrado dispuesto a sacrificar a Isaac. Por esto algunos dicen que Dios ordenó al arcángel Miguel: ‘Tráeme polvo del lugar de Mi Santuario’. Él reunió ese polvo en el hueco de Su mano y formó con él a Adán, vinculando así a la humanidad con lazos naturales a la montaña en la que Abraham debía expiar los pecados de sus antepasados.

Algunos dicen que Dios utilizó dos clases de polvo para la creación de Adán: uno recogido en el monte Moriá, y el otro una mezcla escogida en los cuatro rincones del mundo y humedecida con agua tomada de todos los ríos y mares existentes. Que para asegurar la salud de Adán empleó polvo masculino y tierra femenina.

Que el nombre de Adán revela los elementos formativos de su creación: sus tres letras hebreas con sus iniciales: epher (‘polvo’), dam (‘sangre’) y marah (‘hiel’), pues si los tres no están presentes en la misma medida el hombre se enferma y muere.

Es dudoso que la palabra masculina Adam (‘hombre’) y la femenina adama (‘tierra’) se relacionen etimológicamente. Sin embargo, esa relación está implícita en Génesis II y ha sido aceptada por comentaristas midrásicos y talmúdicos. Una conexión menos tenue, sugerida por primera vez por Quintiliano (I.V.34) existe entre las palabras latinas homo (‘hombre’) y humus (‘tierra’); los lingüistas modernos derivan ambas de la antigua raíz indoeuropea que en Grecia produjo chihon (‘tierra’), chamai (‘en la tierra’) y epichtkonios (‘humano’)(5).

Podríamos decir, por tanto, que la palabra humanidad alude en su origen a una cualidad que el hombre adquiere por vinculación y pertenencia a la tierra. Cuando este vínculo con la tierra desaparece, entonces la palabra humanidad substituye la cualidad por la cantidad, pasando a designar conjunto de todos los seres humanos.

En términos de cantidad, el conjunto de todos los seres humanos del planeta resulta mucho más difícil de abarcar que si habláramos en términos de cualidad, y por tanto se vuelve irreal, fantasioso, utópico (lugar que no existe). Como también es fantástico el Capitán Planeta, un superhéroe (que no héroe) de dibujos animados infantiles que nos repite el mito de la creación en una versión un poco más pueril. Se trata de un superhéroe creado a partir de los cuatro elementos de la Tierra, más un quinto elemento: el Corazón.

Cuando los cinco poderes trabajan en conjunto, este héroe ecológico aparece para arreglar la situación. Puede controlar a gusto los elementos y cambiar su estructura molecular de acuerdo a las necesidades. En sus aventuras, el Capitán Planeta debe solucionar problemas relacionados con la contaminación, la deforestación y similares, terminaba sus aventuras con la frase ‘¡El poder es vuestro!’

Podemos agrupar esta frase junto al resto de frases que veíamos más arriba y comprobar que siguen patrones similares:

‘¡El poder es vuestro!’

‘La prosperidad de la humanidad está en riesgo’

‘la degradación ambiental está impidiendo los progresos hacia el fin de la pobreza y el hambre’

‘la humanidad está incumpliendo sus compromisos de protección medioambiental’


Observamos en todas ellas una fórmula sentenciosa y simple con la que se trata de desestimar cualquier interés específico. En el caso de los titulares periodísticos son alusiones indirectas y amenazadoras que se refuerzan con el rasgo de cientificidad y el uso de afirmaciones en forma de predicciones, dejándonos intuir un futuro terrorífico, unos pocos puntos dentro de una propuesta única que se repiten de forma muy similar en todos los medios. En este sentido, la función primera de la ciencia sería la de curar todos los males de la existencia humana.

Cabría preguntarse si esta función que se le otorga a la ciencia incluye también a las ciencias humanas o es una labor exclusiva de las ciencias físico-naturales.

Al menos las herramientas utilizadas para construir y transmitir el relato de los logros obtenidos por las ciencias físico-naturales, debe reconocerse que pertenecen por completo a las ciencias humanas. No existe ciencia física sin palabras con las que poder comunicarla al resto de los humanos. En ese sentido, el mito de la creación del hombre nos recuerda que no es posible lo humano sin los tres componentes a partir de los cuales fue creado el hombre: epher ‘polvo’ (materia), dam ‘sangre’ (espíritu) y marah ‘hiel’ (alma), si los tres no están presentes en la misma medida el hombre enferma y muere. ¿El hombre o la tierra?

La enorme riqueza del símbolo se encuentra en su capacidad sutil para desplegar una potencia infinita tanto en sus ramificaciones superiores como inferiores, capaz de reunir de nuevo lo que se ha separado. En todas las latitudes, longitudes y rincones del planeta y de la mente humana hay siempre una puerta abierta de acceso a la Verdad y la Vida.

Inmersos como estamos en un mundo que persigue tanto las ideas disruptivas e innovadoras, como el impacto de lo absolutamente original (por supuesto desoyendo el significado más profundo que nos revela la etimología de esta palabra) y sin embargo no existe todavía nada más atrevido y a la vez más respetuoso que el símbolo, pues nunca te enseñará algo que no quieras saber. Se dice habitualmente que el símbolo reúne lo inferior con lo superior, pero además tiene también la cualidad de permanecer eternamente abierto y eternamente cerrado al mismo tiempo. El símbolo no desprecia la incredulidad, la negación ni el drama humano porque los reconoce como parte del camino a la sabiduría.

Las verdades contingentes o relativas tienen algo de mentira al igual que las mentiras contingentes o los errores tienen también algo de verdad. Conviene apreciarlas en su justa medida y no olvidar que si una verdad es posible para un determinado mundo o un determinado momento, esto no significa que lo sea para todos los mundos y todos los momentos. La existencia de las verdades contingentes no se contradice con la existencia de la verdad Absoluta que sólo es Una. Las verdades contingentes son recíprocas con lo Absoluto al igual que la fantasía lo es con lo Real, puesto que no se puede acceder a lo Real o a lo Absoluto sin peligro de caer en la psicosis o la neurosis, es necesario un guía. La fantasía está dentro de lo Real y la verdad relativa dentro de la Absoluta como 
la manifestación humana lo está en el Ser divino y el Ser divino en la manifestación humana.

Más peligroso aún es considerar las verdades contingentes como la verdad única, puesto que eso nos aleja de lo Real y de la Verdad y nos hace vivir en el engaño. Ciertamente para algunos ese engaño es menos doloroso por ser un engaño compartido por el grupo y la comunidad, para otros no cabe otro camino más que la búsqueda incansable.


Charles d'Hooghvorst explica: 
El Gran Arte de los Sabios del que las artes humanas no son más que la imagen [consiste en] incorporar el Espíritu Universal en la Tierra de los hombres y darles consistencia para una nueva generación [...] Volver a unir el Cielo con la Tierra para formar una tierra celeste y un cielo terrestre, luminosos e imperecederos.(6)


Referencias:

(1) Françoise Dolto, La imagen inconsciente del cuerpo (Ediciones Paidós, 1994)

(2) Claude Le Ragois, Resumen en prosa de las Metamorfosis de Ovidio
https://es.wikisource.org/wiki/Res%C3%BAmen_en_prosa_de_las_metam%C3%B3rfosis_de_Ovidio

(3) Ovidio Nasón, Publio, Metamorfosis / Ovidio; traducción de Ana Pérez Vega
https://www.cervantesvirtual.com/obra/metamorfosis--0/

(4) https://es.la-croix.com/biblia/adan-hecho-de-tierra

(5) Robert Graves y Raphael Patai Los mitos hebreos (Editorial Alianza, 2015)

(6)Raimon Arola, El tarot de Mantegna (Sans Soleil Ediciones, Vitoria-Gasteiz, 2021), 50.


sábado, 11 de junio de 2022

Alma

Las Cárites, más conocidas como las Tres Gracias son, en la mitología griega, tres diosas hijas de Zeus y de la ninfa Eurinome, quien a su vez era hija del famoso titán Océano. Sus nombres eran Eufrosine (gozosa), Talía (floreciente) y Áglae o Aglaya (deslumbrante) y eran las diosas del hechizo (el encanto), la alegría y la belleza. Se representan siempre juntas, nunca por separado y suelen aparecer entrelazadas, y formando un círculo, como a punto de iniciar una danza. Uno de los rasgos más característicos de las representaciones de las Tres Gracias es que siempre aparece una de espaldas al observador.


Como recoge Goethe en su Fausto:

«Aglaia: Al vivir damos gracia:

¡poned gracia en el dar!

Hegemone: Poned gracia en el recibir también.

Conseguir el deseo es muy hermoso.

Eufrosine: Y encerrados en días de sosiego,

¡tenga el agradecer suprema gracia!»




Las tres Gracias. H. s. IV – II a.C.
Biblioteca Piccolomini, Siena


El esquema tradicional de sus posiciones es configurado ya entre los siglos IV y II a.C. como muestra el grupo escultórico romano, copia de una obra griega de época helenística, ubicado en la Biblioteca Piccolomini de Siena: cogidas por los hombros entre sí, la figura del centro se halla de espaldas al espectador y con la cabeza de perfil. 

Rafael toma como fuente de inspiración las Metamorfosis de Ovidio así como interpretaciones artísticas que artistas anteriores habían hecho de este mito y representa a las tres jóvenes mientras cada una de ellas sostiene una manzana a la que presta toda su atención. Es interesante notar la semejanza de la obra de Rafael con algunos frescos pompeyanos que jamás pudo ver, dado que Pompeya fue redescubierta en el siglo XVIII, dos después de su muerte. Este parecido denota la difusión geográfica y temporal de esta forma de disposición de las figuras. El esquema iconográfico irá evolucionando ligeramente a lo largo de los siglos, de manera que se introduce la interrelación de las tres figuras a través de la mirada. 



Fresco s. I.
Pompeya



Mosaico romano  s. III - IV.
Museo de Arqueología de Cataluña (Barcelona).


Las tres Gracias. Rafael, 1504 – 1505. 
Museo Condé, Chantilly.


Creemos que la importancia de mantenerse fiel al modelo nos demuestra que a pesar de las pequeñas variaciones que cada época pueda aportar, gracias al esquema tradicional de sus posiciones, miradas, agarres y contactos, ha llegado hasta nosotros un significado más profundo y oculto en las formas externas.

Homero escribió que formaban parte del séquito de Afrodita, añadiendo al amor y la fertilidad que ella representa un componente de encanto, placer y alegría. Las Gracias también se asociaron con la generosidad y la gratitud. Aristóteles afirma en su Ética nicomáquea que las buenas acciones deben ser retribuidas en especie: “Es por ello por lo que los hombres conceden un lugar destacado al santuario de las Gracias, para que haya retribución, porque esto es propio de la gratitud”. Sabemos que siglos antes se emplazaron estatuas de las Gracias cerca de algunos manantiales en agradecimiento a la naturaleza. Probablemente hay un reflejo de esta práctica en la actualidad tanto en el idioma español como en el italiano, donde las palabras gracias y grazie se utilizan para expresar gratitud por algo recibido.

También de ellas provienen las fiestas que hoy conocemos como de “Acción de Gracias”, denominadas en Grecia como las Caritesias o Carisias, festividades consagradas a las Cárites, en el río Cefiso, cerca de Delfos, durante las cuales se practicaba el banquete “Charistía” en el que se comía torta de miel.



Las tres Gracias en La primavera de Sandro Botticelli, 1477-1478
Pintura al temple sobre tabla



Tres Gracias, Lucas Cranach el viejo, 1530
Óleo sobre tabla


Fue un tema de gran interés entre los humanistas neoplatónicos al que también pertenecía Rubbens. Algunos fragmentos de los clásicos nos insinúan la existencia de unos misterios de origen órfico en torno a las Tres Gracias, misterios heredados por los neoplatónicos renacentistas que, también veladamente, los narraron y representaron para sus continuadores futuros, la teoría de que las Tres Gracias serían una representación del Alma en su triple proyección. Plotino aclara que Zeus debe identificarse con la inteligencia, como esa primera actividad emanada de el Uno-Bien que identificamos con Dios y desde el que todo surge y al que todo retorna. A su vez, de la Inteligencia emana el Alma del universo que gira en torno a ella : «El Alma, en cambio, danzando por fuera alrededor de la Inteligencia, mirando a ésta y escrutando el interior de ésta, mira a Dios a través de la Inteligencia.» (1)

«Pues bien, afirmamos que hay dos Afroditas y decimos que la celeste es descendiente de Urano (Cielo) y que la otra nació de Zeus y de Dione, y que la segunda se ocupa, como patrona, de los matrimonios de aquí abajo, mientras que la primera no tiene madre y está por encima de los matrimonios, ya que en el cielo ni siquiera hay matrimonios. Síguese forzosamente que la celeste, que cuentan que nació de Crono – que es el Intelecto, hijo de aquel– (Urano sería el Uno-Bien), es un Alma divinísima que, nacida directamente –pura de pura– de la Inteligencia, se quedó allá arriba de tal modo que no baja acá abajo porque ni quiere ni puede, pues no ha nacido para andar por aquí abajo siendo como es una realidad trascendente y una sustancia impartícipe de materia» (2).

«Zeus ha de ser idéntico a la Inteligencia, mientras que Afrodita (Venus), que es su hija, nacida de él y con él, habrá de ser identificada con el Alma, llamada Afrodita por la esplendorosa belleza y la delicada inocencia del Alma. Además, si a los dioses varones los identificamos con el Intelecto y a las diosas con las Almas de aquellos basándonos en que junto con cada intelecto hay un Alma como socia, también por este concepto Afrodita se identificará con el Alma de Zeus.» (3)




Las tres Gracias, Francesco Furini, 1633
Óleo sobre lienzo

Por tanto el alma, que parte del mundo inteligible para desplegarse sobre el mundo físico en el que cae, se embute y al que vivifica, siendo una sustancia, conserva una porción primera e inmediata (Alma intelectiva) que queda arriba, cerca de la Inteligencia y separada de la materia, es trascendente.

«En cambio, la vida del Alma, la del Alma primera que subsigue a la Inteligencia (Alma intelectiva), está más cerca de la realidad, y por la Inteligencia es boniforme esta Alma (la Inteligencia trascendente implanta en el Alma una inteligencia inmanente), mas poseerá el Bien, si mira hacia él.» (4)

Sobre el Bien o el Uno Plotino nos dice que «de los seres de los que decimos que son un ser, hacemos esta afirmación con una referencia concreta a su propia realidad. De modo que cuanto menos ser menos unidad, y cuanto más ser más unidad. Así también el alma, que es diferente del Uno, tiene más unidad en la medida en que posee más ser; pero eso no quiere indicar que ella sea el Uno. Naturalmente que el alma es una, mas la unidad es para ella como un accidente. Alma y uno debemos considerarlos, pues, como dos cosas distintas, como si fuesen cuerpo y uno.»
«Además, el alma, que nosotros consideramos una, es múltiple, aunque no se advierten en ella partes componentes. Es múltiple, porque se encuentran en ella diversas facultades, como la facultad de razonar, o la de desear, o la de percibir, todas enlazadas entre sí por el vínculo de la unidad. He aquí por consiguiente, que el alma da una unidad a los seres, que, a su vez, ella recibe de otro ser.»(5)

Su proyección última (Alma sensitiva o concupiscible) anima la materia íntimamente adherida a ella; en medio queda esa otra parte del Alma (racional) que puede mirar a ambos lados. Así, siendo una, son tres.

«Hay que admitir, en cambio, que, de nuestra alma, una parte está siempre aplicada a las cosas de allá, otra vuelta a las de acá y otra en medio de ambas. Porque ocurre que, como nuestra alma es una sola naturaleza en multitud de potencias, unas veces toda ella es transportada junto con la parte mejor de sí y del Ser, pero otras la parte peor de ella, arrastrada hacia abajo, arrastra consigo la parte intermedia. Pues no sería justo que arrastrase consigo el alma entera. (El alma intelectiva no desciende jamás). Y ese percance le acontece al alma porque no se quedó en la región sublime, allí donde permanece el Alma que no es parte y de la que nosotros ya no somos parte (porque el alma encarnada es un alma particularizada), dando así al cuerpo mismo universal la posibilidad de recibir cuanto es capaz de recibir de ella, al par que ella misma se queda ociosamente, no gobernando por la reflexión ni rectificando cosa alguna, sino ordenando con potencia maravillosa merced a su contemplación centrada en quien es anterior a ella… Y así, recibiendo de allá, da al siguiente; y como quien ilumina por siempre, así es iluminada.» (6)

«Este es, pues, el sentido del enigma divinamente formulado: de la fusión de ambas esencias, de la que es indivisible y se mantiene siempre invariable y de la que se hace divisible en los cuerpos, sacó una especie tercera de esencia. El alma es, pues, una y múltiple al modo dicho; las formas inmanentes en los cuerpos son múltiples y unas; los cuerpos, solamente múltiples, y el Ser supremo, solamente uno.» (7)

«El alma es el mejor observatorio para conocer la realidad, porque, estando situada en el medio, es perceptiva de ambos mundos: el inteligible y el sensible» (8)



Las tres Gracias, Pedro Pablo Rubens, 1630-1635
Óleo sobre tabla de roble

En occidente hemos recibido por medio de diferentes tradiciones mitológicas/paganas la tríada Acción, Amor y Conocimiento, representada por Atenea, Afrodita y Zeus o Thor, Freya y Odin. La unidad de Afrodita (Venus) desarrollada en la trinidad de las Gracias o la unidad de Cronos (Saturno) en la trinidad de Zeus (Júpiter), Poseidón (Neptuno) y Hades (Plutón).

Una característica definitoria de la trinidad es la relación, con el uno nace el ser, con el dos la división, y con el tres el retorno, la religación, el reintegro, la relación. Por tanto cada una de las patas sobre las que se sostiene una tríada nos conduce a su vez a un reintegro, retorno o religación permanentemente vivo con otra de las patas de otra tríada, en una dimensión temporal que nada tiene que ver con la linealidad. Y es así, que al introducirnos en las dimensiones de lo sagrado podemos hablar de aquello que nunca fue, pero que siempre está aconteciendo. No en vano, también el tiempo conforma una tríada: presente, pasado y futuro (las tres parcas, o moiras).

Aspectos como paraíso, infierno y purgatorio; espíritu, cuerpo y alma; supraconsciencia, infraconsciencia y consciencia; amor, acción y conocimiento… se expresan en el hombre de la misma manera que éste, a su vez en la voz de Dios. Lo divino, lo humano y lo cósmico entrelazado hasta el infinito. Las tres cosas son a la vez, relacionándose desde un centro equidistante perfecto entre las tres. Hermes guiaba la danza de las estaciones, emplazando al invierno a transformarse en primavera, una danza circular que transcurre desde diferentes centros en los lugares del planeta, una estación da paso a la siguiente, al mismo tiempo que también todas transcurren a la vez.


Las tres Gracias, William Etty, 1807/1849
Óleo sobre cartón

El triángulo es interrelación, es integración y es transformación. Cada ser humano tiene la capacidad de recoger en sí mismo lo que recibe de la naturaleza, de sus antepasados, agradecerlo y transformarlo. Las Tres Gracias forman una tríada, entrelazadas a punto de comenzar una danza cuyo centro está en todas partes, y que comienza a partir de la capacidad de integrar lo recibido.

«Nuestra deiformidad implica que nuestro espíritu esté hecho de absoluto, que nuestra voluntad esté hecha de libertad, y que nuestra alma esté hecha de generosidad; dominarse y superarse es levantar la capa de hielo o de tinieblas que aprisiona la verdadera naturaleza del hombre.» (9)


Referencias:

1 Plotino (c. 270 d.c.) Enéada I (Sobre qué son los males y de donde provienen)

3 Plotino (c. 270 d.c.) Enéada III (Sobre el amor,8 )

4 Plotino (c. 270 d.c.) Enéada I (IV. VALORACIÓN DE LA VIDA Y DE LA MUERTE, 2)

5 Plotino (c. 270 d.c.) Enéada VI, Sobre el Bien o el Uno

6 Plotino (c. 270 d.c.) Enéada II (9 Contra los gnósticos, 2)

7 Plotino (c. 270 d.c.) Enéada IV (Sobre la esencia del alma, 2, referencia al Timeo)


9 Frithjof Schuon (1977) El esoterismo como principio y como vía.










lunes, 6 de junio de 2022

Hábito

 Este xoves, 9 de xuño, presentamos 'hábito' no café Universal da Coruña, ás 20:30



Gravación de vídeo: Javier Quiroga
Edición e montaxe: Marta Cuba
Trompo Danza: Patricia Iglesias, Remedios Cuba, Raffaela Vesevo e Marta Cuba.