miércoles, 20 de septiembre de 2017

Quincegotas

Foto: Patricia Iglesias

O vindeiro sábado, 23 de setembro, presentarei unha pequena peza de danza titulada Acumulacións rebeldes. Será dentro do Festival Quincegotas da Coruña, no Barrio das Flores, a partir das 18:00 h.



domingo, 30 de julio de 2017

Gorro, bañador, chanclas y toalla


Fotos: Iria Friné Rivera Vázquez. Montaje: Marta Cuba. 

Es una de esas piscinas cubiertas, rodeada de paredes de cristal empañado, en las que la gente aprende a nadar y está obligada a ir en pañales. He estado varias veces aquí y no me gustan la cantidad de gente que suele haber ni el adiestramiento necesario para asistir. Todo el mundo parece disfrutar y me siento presionada a disfrutar también. Protocolos de piscina: gorro, bañador, chanclas y toalla, llave de taquilla y olor a cloro. Todas esas chicas en los vestuarios, con sus cuerpos perfectos y mi cabeza recortada por el gorro. Siempre he sentido rechazo hacia los protocolos de enseñanza en general, no me gustan los cursos ni los cursillos, tampoco las piscinas de bolas, los parques de atracciones, las estaciones de skí, los parques acuáticos, el paintball, los festivales de música, el oktoberfest, el puenting, la coca-cola y las palomitas en el cine, los centros comerciales, los centros de ocio, los aeropuertos, las tarjetas de puntos, los descuentos por ser socio, pedir cita para el médico, las pastillas para el dolor de regla, y los protocolos de actuación... 

Un grupo de niños y niñas de aproximadamente 6 años, mi bañador de rayas verdes y blancas, de punto (seguro que el menos apropiado para una piscina de cloro) y todos saltando de uno en uno al agua y en fila india; llega mi turno y la coreografía de lanzamiento se paraliza, me aferro a la tabla azul de porispam (ojalá pudiera salvarme). Soy incapaz de saltar, alguien me empuja por detrás y el cloro y la rabia invaden mis fosas nasales, no puedo sentir más odio hacia ese maldito charco de agua en el que nos obligan a chapotear. Después, unas señoras nos empujan a vestirnos en el orden adecuado: camiseta, braga, calcetines, disciplina militar para aprender a vestirse y a nadar. ¿Aprender a vestirse? Nunca comprendo nada, yo ya sé nadar, y voy acumulando preguntas estúpidas.

El monitor me enseña varias fotos de las parejas de instructores que van a cuidar de mi durante las clases de nado, él mismo aparece en una de ellas, son fotos muy artísticas, no parecen fotos de monitores de piscina. En una de las fotos se ve a una pareja, chico y chica, de una belleza especial, personal, ella tiene un pelo como el mío, rizado y pelirrojo, e incluso se permite no guardarlo completamente dentro del gorro, el es calvo, puede ponerse el gorro sin que le afee el aspecto, es atractivo. Ambos están a pié de piscina, en diferentes alturas, él de cuclillas, ella en una línea diagonal un poco por detrás de el, la foto es en blanco y negro, y es tan bonita que me motiva para asistir a las clases de baile. Debo solicitar unas chanclas y un gorro para poder entrar, alguien tiene que darme un número y también una botella de agua para lavarlos. El recinto se ha vaciado, los cuerpos han dejado de alborotar, y ahora me encuentro un poco más segura. ¿Aprender a vestirse? ¿Una depresión crónica? ¿Ir a clases de refuerzo? ¿Los botines de punta afilada no son pertinentes para bailar?

Estoy en un almacén, lo cruzo para llegar a unas escaleras que están al final del recinto. Cuando llego, uno de los hombres que trabaja por allí se fija en mis zapatos, los conoce, y cree que pudo habérmelos vendido. Los zapatos deben tener por lo menos 10 años, le hablo de lo buenos que han salido, y el le da más énfasis todavía a la calidad de los botines, es un buen vendedor de zapatos. Incluso se pone a rebuscar en sus papeles para saber cuándo es posible que me los haya vendido. Son unos botines de punta, negros, muy elegantes y macarras, con unas tachuelas discretas por los lados, me entran ganas de volver a usarlos, el señor me ha recordado que realmente me encantan esos botines. ¿Seré capaz de identificar el momento más apropiado para usarlos de nuevo? Cualquiera que sea el momento, nunca será bueno para mis competidoras, que me miran con envidia, intento disculparme nuevamente por agredirlas visualmente con ellos.


sábado, 29 de julio de 2017

Turbar


Fotos: Iria Friné Rivera Vázquez. Montaje: Marta Cuba.

Bajo la alfombra


Fotos: Iria Friné Rivera Vázquez. Gif: Marta Cuba.


Todos los sábados por la mañana y jueves por la tarde me invade una energía desmesurada, un calor asfixiante que debo dosificar para conseguir llegar a tiempo de verte. Angustiosa y enrarecida, recorro las calles cegada por la urgencia y excesivamente feliz de encontrarte, siempre llego tarde. Siempre lo hago mal.
Al llegar me acuerdo de las pequeñas ideas que han ido cayendo con las prisas, y cuando me voy puedo hacer el camino de vuelta un poco más calmada. Entonces me encuentro con las ideas bloqueadas, sonrosadas, que no se atrevieron a poner un pié en el barro. Ideas con miedo a morir, iluminadas bajo tierra. Pequeños bichos de luz que viven en zonas húmedas y pantanosas, alucinadamente.

Con el nombre de bioluminiscencia se conoce al proceso por el cual estos insectos son capaces de emitir luz. Este proceso se produce en una región del abdomen y la función es la atracción mutua entre machos y hembras como forma de cortejo, antes del apareamiento. La luz que emiten es una luz fría, debido a que toda la energía que generan se consume en dicha emisión lumínica, siendo muy poca la que se desperdicia en forma de calor.

Consumida en el consumo, en la idea bajo la alfombra, cubierta por el polvo y las hormigas. Toda esa vida amenazando fuera, pulsando por salir a conocerte. Toda yo, guardada bajo el brazo, piernas dobladas, agazapada y enganchada para no dejar salir, para no dejar entrar.

Los sábados por la mañana y jueves por la tarde debo hacer un esfuerzo extraordinario para ignorar mi absurdo deseo de llegar a ti, mi estúpida vergüenza de pretender tu amor y de negarme a compartirlo. Pronunciar las palabras para dejarlas ir, para dejarme manchar y marchar. 
El derecho de saber, en lugar de intuir. 
De bruces en el barro se está mejor que bajo tierra.


Cosa contra cosa



La humanidad vive de sus llamados y respuestas, portadores de un sentido de amor que es creador de dinamismo biológico. El deseo humano se bloquea si la razón lógica o sus propios funcionamientos orgánicos son considerados como fin de su función de comunicación. La humanidad se ha lanzado a la carrera destinada a evitar la muerte corporal del individuo. ¿Qué ser humano no lo suscribiría? Pero ha llegado la hora en que es otra la muerte que amenaza al hombre civilizado: la del sentido de su vida y de su muerte, del sentido de su deseo, que es comunicación creadora, fuente de alegría viviente. Sin alegría, que es brote surgido de corazón a corazón por los intercambios de lenguaje sutiles de la comunicación, la comunicación creadora no es más que mortal funcionamiento de cuerpo a cuerpo, devenido cosa contra cosa. La encarnación humana, tanto en el momento del instante fecundador como en su supervivencia cotidiana, tiene más necesidad de ser rodeada de expresiones emocionales que de confort material o de placer físico; más necesidad de certidumbre de amor que de raciones equilibradas; más necesidad de correr riesgos y sufrir penas y de asumir la angustia ligada por fuerza a la experiencia formadora que de ser preservada de ello por una seguridad despersonalizada, que asegura la conservación de buenas condiciones para la supervivencia de su metabolismo orgánico.
Está en curso la era de "el niño en su debido peso". Consumidor y consumido, el niño-fetiche es el nuevo producto de nuestra civilización.

Françoise Dolto 

Fotos: Patricia Iglesias. Gif: Marta Cuba.


sábado, 22 de julio de 2017

Antesala





Me encuentro en una sala escéptica, entiendo que para compensar un estado de vehemencia y exaltación que acabo de vivir, arrebatada. Parece una antesala, estoy tranquila, sosegada, espero con paciencia el momento de la descomposición. Todo indica que hoy es el día, nadie me acompaña y no me importa, solo recibo una llamada de una ex-amiga, la vuelvo a llamar porque no he podido coger el teléfono cuando llamó. Sus llamadas, perdidas y abandonadas. 
Me extraña volver a saber de ella, la tenía encerrada en un cajón y me asusta lo que pueda decirme, siempre ha sido tan exigente conmigo. Termino de morir y te llamo ahora. ¿Cuándo se supone que termina esto? 

Tampoco es necesario que me conteste, con que sepa que he visto su nombre en mi teléfono será suficiente. No nos vamos a poner intensas. Me importa más el hecho de que haya decidido llamarme que lo que pudiéramos contarnos por teléfono. A ella le resulta muy complicado hablar, es muy sensible y susceptible, delicada y rotunda como un animal fuerte y herido, no puede disimular su tosquedad, ni tampoco aparentar elegancia, es bárbara y brutal, y ahí reside su elegancia, en su incapacidad para la mentira inconsciente. Si te la encuentras por la calle hay siempre algo imposible de decir, un hablar de cosas que nada tienen que ver con lo que dicen sus ojos. Cuando te mira sabes si algo va mal, y casi siempre es así. Te gustaría provocar en ella una sonrisa, comprobar que se le ha pasado el disgusto y que no siempre va a encontrar en ti la excusa para sacar a la luz sus diablos afilados. No consigo comprender ninguno de los motivos de su malhumor, los tenía muy bien protegidos y los he dejado caer al suelo. Si me aparto podré caerme también yo y dejar que comience la alteración.

Algunas enfermeras pasan por mi lado, recogiéndome y organizando cosas, falsas ocupadas y mentirosas, no me importan, porque estoy sola, a punto de morir. Creo que comenzará por el estómago, y continuará hacia la cabeza, veo algún órgano que empieza a separarse y me sorprende no sentir dolor. ¿Debería echarlo en falta?







jueves, 20 de julio de 2017

Acumulaciones rebeldes



Acumulación de caderas, cintura y abdomen. No existe ejercicio ni sistema único para combatirlas. Son zonas rebeldes. Si consiguen fusionarse no hay nada ni nadie que pueda convertirlas en plástico.

A-siento las caderas sobre los muslos, noto como se inicia la curvatura encajada debajo de mi estómago. Ellas ayudan a que mis hombros sostengan mejor mi cabeza, que ocasionalmente se desencaja e intenta reparar dosis de angustia no correspondida. Herramientas extremas.


Sobrevuelo un estanque de agua cristalina, que a veces es mar y a veces río, la línea de costa que lo envuelve es una línea recta y suave, muy pulida, sinuosa y placentera, como la línea que dibuja mi abdomen. Los colores que se entremezclan desde lo alto son una unión de verde azulado, azul verdoso, rosa palo y blanco. Consigo darme la vuelta para ponerme espalda con espalda, pierna con pierna. Lo intuyo pero no lo veo, el calor de los rayos del sol me ayuda a sentir la piel y cerrar los ojos. El tacto con el aire que me rodea me permite percibir mejor mis fosas nasales, tabique sagital, vasos sanguíneos que aumentan de tamaño. Corriente de aire, mar y tierra adentro, enlaza mi columna cerebral y vertebral, un fluir permanente que se dilata en mi pecho y me dificulta abrir del todo los ojos. Hay algo que hago en mi interior y los párpados intentan sostener.

El deseo de comunicar, permitiendo los apoyos contiguos, enlazados uno detrás del otro, combinación de trayectos y horarios. Sin orden ni acuerdo. 

De tus palabras sale mi boca, de mi boca zonas rebeldes, suaves y opacas. Sobrevuelo sin alas. 
Un río que a veces es mar.


Foto: Iria Friné Rivera Vázquez
Montaje: Marta Cuba


lunes, 10 de julio de 2017

Intrusa





Desde la calle veo la luz en mi ventana, no hay cortinas, es un ventanal grande a través del cual se intuye el salón.  Alguien mantiene la luz encendida mientras yo no estoy, una presencia desconocida y sin previo aviso. Tengo miedo, necesito la compañía de mis amigas para atreverme a subir sola y desenmascarar al intruso. Al entrar lo primero que veo es la puerta del baño entreabierta, me asomo y compruebo que es una chica la que ocupa mi casa. Me produce tranquilidad saber que es "ella", no hay peligro.
Hago pasar a mis amigas y la chica sale del baño, está desnuda e intenta explicar malamente los motivos de su presencia allí, pero no me importan mucho. Mis amigas han entrado hasta el salón, y en la mesa de centro hay restos de 3 tipos de tartas diferentes, me avergüenza sentir que observan la dejadez y el desorden que me permito en la intimidad. Las tartas están resesas y abandonadas, invadidas por un ejército de hormigas que aprovecha lo que yo desperdicio. Una de mis amigas roedoras quiere comer un trozo de tarta de queso, no se lo recomiendo, pero insiste y después de recortarle la parte más seca, se sirve un trozo. No parecen tener mayor interés que el de aprovechar las migajas sueltas de mis relaciones pasadas. Al acecho, para nutrirse de mis angustias, sin ni siquiera haber participado en la caza. 
Las tartas son compradas y los papeles se invierten. 
La presencia desconocida se convierte en mi aliada, y las guardianas vigilantes son ahora la amenaza. Aunque hay ciertos aspectos de mi que me avergüenzan y no deberían estar tan visibles, pienso que incluso puedo permitir la presencia de aves carroñeras en mi casa. 
A veces se genera un clima húmedo y ecuatorial, ecosistema de madera de pino, molduras de ventanas y estantes, tormento, sospecha y tristeza recalentados.  Los insectos campan a sus anchas, esos pequeños bichejos obstinados, de cabeza, tórax y abdomen. En una ocasión conseguí desalojarlos de la bandeja de mi horno, el sonido de su silbido fue lo más molesto de todo, otras veces tengo que sacarlos de mi cabeza y las menos graves, consiguen acribillarme para quitarme la sangre mientras duermo. 
__

Los signos y señales que aparecen suelen tener estructuras ilógicas. Requieren un planteamiento intuitivo que extraiga su sentido y que, por consiguiente, los haga susceptibles de interpretación creativa. No poseen un patrón previsible y su interpretación puede variar, no se entienden en términos absolutos y cabe incluso la contradicción. Acaso sea porque las mujeres carecen de espíritu lógico, quizás por la ausencia de la imagen fálica en su propio cuerpo, una regla absoluta les es imposible, ya que ninguna feminidad se puede comparar a otra, mientras que un órgano fálico sí se puede comparar a otro, y de lo cual no se privan todos los varones entre ellos.







Foto: Iria Friné Rivera Vázquez


sábado, 8 de julio de 2017

Dúas letras de diferenza


Estrea da peza Dúas letras de diferenza, en Salvaterra de Miño. Dentro do programa 'Mulleres en acción' #ViolenciaZero. 18 de abril do 2017.

Un dos seus fíos



Campo da Leña da Coruña, xornada "Espertar, Non ao Cambió Climático", organizada pola asociación Sen ánimo de nome. Cultura de Barrio 4 xuño 2017


Música: Rsdio - Autechre

viernes, 7 de julio de 2017

Des-colocada




Una leve relajación de cuello y los músculos permiten que mi cabeza se retire hacia atrás, dejando paso al miedo escurridizo que me adelanta por la derecha.

Des-colocada. Un extraño orden que se mantiene pendiente de un hilo que nunca rompe, atado desde el fondo de la encía hasta la manilla de mi puerta. Quisiera romperlo de un portazo que no moleste demasiado. Un portazo de puntillas para conseguir entrar sin ser vista, y sin pasar desapercibida. Se sueltan mis puntos de anclaje, ¿y si me dejo caer sin romperme nada?

Estar mirando largo tiempo seguido a la espera del momento, y pisar siempre cuando el suelo se convierte en escalón. Aquel pánico que sentía de niña al entrar en una escalera mecánica. El suelo que se descompone en peldaños, y a lo lejos mi familia que avanza hacia el piso de abajo. Todos, en su derecho.

Me quito la cabeza y pongo mis cuerpos extasiados, mis ligamentos tensados por la culpa de no tener cabeza. Un giro imposible de rodilla me obliga a frenar mis piernas para seguir avanzando con la cabeza. Una cuerda que se tensa en mi rodilla, se anuda en la garganta y me impide abrir las piernas. Fantasía y desafío de lo más grave, lo más enfermo del amor.

Todo lo que no quiero hacer pero hago. Quiero gritar deliberadamente mi deseo de atención. Romperme entera y obligarte a coserme. Desdecir con el cuerpo lo que dije con la voz.

viernes, 2 de junio de 2017

Un dos seus fíos




En ocasión do "Día Internacional do Medio" que cae o 5 de xuño de cada ano, a Asociación Cultural Sen Ánimo de Nome organiza unha xornada artística enfocada na sensibilización e concienciación sobre o tema do "Cambio Climático".
A xornada artística, onde haberá charlas de expertos do sector de Medio Ambiente, Música, Danza, Expo Colectiva e Mercado de Produtos Ecolóxicos, está programada para o Domingo 4 de Xuño desde as 6pm ata as 10pm.

Participarei cunha pequena peza na que a partires do movemento e a improvisación, afloran interrogantes acerca da delicada rede-sustento da que o home forma parte xunto co resto de seres vivos do planeta. O tecido polo cal se establece o fluir da vida e da historia do ser humano en conexión co seu pasado, presente e futuro.
¿Cómo nos afecta destruir ese tecido? ¿Qué nivel de violencia estructural podemos aceptar a cambio do control e o dominio da natureza?

viernes, 13 de enero de 2017

corazón-cadáver





Hacía tiempo que no iba al cine, con la mudanza de piso estoy aprovechando para mudar de costumbres, o por lo menos, ampliarlas; ampliar espacio vital y ampliar costumbres. Aunque siempre lo sospeché, no llegaba a imaginar el poder que el espacio físico puede tener sobre el espacio mental. 

Amplitud de miras
espacio para mi
hueco en el corazón.
Frases hechas con espacio
muerto, exterior, vital, imaginario, aéreo, interior, informativo, real, atractivo...

La primera vez que me senté en una oficina a trabajar durante 8 horas seguidas sentí que el aire me oprimía, el reducido espacio que me ofrecía la muy ergonómica silla no era suficiente para dar vueltas sobre mí misma sin saber cómo cambiar de postura. Todavía hoy me sigue pasando. 
Me asombraba, de pequeña, la inmovilidad de mi hermana mientras dormía. Ella era capaz de cerrar los ojos y volver a abrirlos al día siguiente sin haber modificado una sola arruga del edredón. Mientras tanto, yo daba vueltas como una croqueta en busca de la ansiada posición, alguna vez en el furor del girar, me caía de la litera, rebozada y acolchada entre las mantas, dispuesta a seguir durmiendo tras encontrar otra in-cómoda postura en el suelo de la habitación.
Los espacios en los lugares de trabajo me han parecido casi siempre tiránicos, sofocantes. Demasiado abiertos para tener intimidad, demasiado opresivos para resultar holgados.

La película que fui a ver se llama Mimosas, dirigida por Oliver Laxe, trata sobre un viaje a través de las montañas del Atlas que transporta a los protagonistas por un viaje espiritual y de transformación personal. Un viaje de adentramiento en el vacío y la cimentación de la muerte. Una alegoría, leyenda, cuento o fábula al estilo de los grandes clásicos, en el que la historia va más allá de los hechos, y trasciende a la espiritualidad. 
Un espejo mágico que refleja aspectos del mundo interno y sus etapas a través de las cuales se construye la madurez psicológica. El camino desconocido se va convirtiendo en conocido, los guías del viaje se van convirtiendo en guías a medida que avanza el viaje. Arquetipos que modelan el camino para abrirse campo en un medio abrupto, tosco y grosero, de ideas abstractas o poco entendibles, guiados por su intuición, su fe y sus creencias. La muerte se convierte en la clave, la llave que da la vida y que abre paso al viajero. Mediante la renuncia y la fe se construye la madurez del personaje, y también la película, convertida en el tesoro-grial-objeto-de-culto-resultante de la evolución espiritual.

Es una película que conecta muy bien con las inquietudes de cualquier persona en cualquier parte del mundo, a pesar del efecto goma de borrar-anulación de la espiritualidad que produce la cultura del consumo y evasión en la que nos vemos inmersos.

Hoy me siento más o menos feliz porque tengo ya la música, creada específicamente, para mi próxima pieza de baile. Siento que tengo una enorme suerte de tener conmigo a los ángeles de la guarda, y la sala está casi preparada para empezar a crear. Tan solo debería empezar a dejar de mirar el paisaje, y decidirme a transportar mi propio cadáver.

lunes, 19 de diciembre de 2016

desgaje


Grabado en A Coruña, octubre de 2016
Música: Forest Swords - Onward
Grabación: Raquel López Suárez
Montaje y edición: Marta Cuba
Improvisación de movimiento: Marta Cuba