jueves, 10 de septiembre de 2020

Perplejidad






Sí, el asunto de la religión es sólo perplejidad.

Vende tu inteligencia y compra perplejidad;
la inteligencia es mera opinión, la perplejidad intuición.

Rumi

sábado, 5 de septiembre de 2020

Floresta encantadora

 





Cypris...............

Ven, desciende pronto

de las alturas del cielo

hacia aquí, hacia mí, donde otrora los cretenses construyeron el templo,

el sagrado, donde hay para ti una floresta encantadora

de manzanos y altares

que humean de incienso

y dentro susurra el agua fresca a través de las ramas de manzanos.

Todo el lugar está sombreado de rosas

y de las hojas temblorosas

fluye un sueño liviano.



En la pradera que alimenta los caballos

florece la hierba flamígera y el anís respira

melosamente, y.......

lotos melifluos



¡Allí vierte ahora el jarrón Cypris,

y obsequiando con alegría el néctar

en los vasos de oro,

sirve el vino!


Safo



miércoles, 2 de septiembre de 2020

domingo, 12 de julio de 2020

Frutos de oro


¿Pretendéis que me apacigüe? Que domine
este amor ardiente y gozoso, este impulso
hacia la verdad suprema? ¿Que cante
mi canto del cisne al borde del sepulcro
donde os complacéis en encerrarnos vivos?
¡Perdonadme!, mas no obstante el poderoso  impulso que lo arrastra
el oleaje surgente de la vida
hierve impaciente en su angosto lecho
hasta el día en que descansar! en su mar natal.

La viña desdeña los frescos valles,
los afortunados jardines de la Hesperia
solo dan frutos de oro bajo el ardor del relámpago
que penetra como flecha el corazón de la tierra.
¿Por qué moderar el fuego de mi alma
que se abrasa bajo el yugo de esta edad de bronce?
¿Por qué, débiles corazones, querer sacarme
mi elemento de fuego, a mí que solo puedo vivir en el combate?

La vida no está dedicada a la muerte,
ni al letargo el dios que nos inflama.
El sublime genio que nos llega del Éter
no nació para el yugo.
Baja hacia nosotros, se sumerge, se baña
en el torrente del siglo; y dichosa, la náyade
arrastra por un momento al nadador,
que muy pronto emerge, su cabeza ceñida de luces.

F. Hölderlin

Roca


Ni


A los dioses amad, pensad en los mortales.
Ni ebriedad ni frialdad, ni descripción
ni lección; si os asusta algún maestro,
pedid sólo consejo a la naturaleza.

F. Hölderlin

sábado, 11 de julio de 2020

Entre las flores







Me crió la melodía 
del bosque susurrante, 
y aprendí a querer
entre las flores.

Tú, que cuando me venía abajo en la encrucijada
me mostrabas consoladora una mayor belleza, 
tú, que me enseñaste con quieto entusiasmo a ver 
lo grande.

Transcríbelo por triplicado
y, con todo, seguirá indecible,
tal como es, inocente.


Friedrich Hölderlin

sábado, 4 de julio de 2020

Camiño inglés

Somos tempo e tempo é ademáis o que se require para poder chegar camiñando a pobos, aldeas e cidades. A vida moderna imponnos ritmos bastante incompatibles con isto pero o certo é que practicalo de vez en cando axuda a invertir por completo as prioridades e as perspectivas. No caso de pobos e aldeas aumenta considerablemente a súa beleza e tamén a receptividade tanto do que chega como do que recibe, no caso das cidades é o revés, as proporcións superan con creces a medida dun corpo, e resulta necesario compensar a falta con outras cousas, ou con outras persoas convertidas en cousas.
Cando usamos o coche sucede simbólicamente algo parecido nas nosas mentes, crecémonos un pouco e os escasos centímetros que nos separan do chan fan que os pés e a cabeza deixen de estar na terra, sepárannos tamén do territorio e os seus vínculos co lugar, os porqués da sua existencia. Xa non digamos cando imos en avión, a pesar de ser un dos medios de transporte máis incómodos, e con todo o cómodo que resulta chegar antes aos sitios. Os lugares aparecen diante dunha como aparece tamén o bric do leite cando abrimos a nevera, ou como aparecen as diferentes canles no televisor, por arte de maxia e non polo arte de atravesar un territorio ou un cortello das vacas para ir munxir o leite. É curioso que cantas máis cousas facemos por arte de maxia máis pensamos que a maxia é inutil. Do mesmo xeito aprendimos na escola as materias, de xeito instantáneo memorizamos datos que aparecen e desaparecen a demanda, sen vínculos que poidan establecer relacións entre ximnasia e matemáticas ou entre Betanzos e Vilalba. É moi difícil aprender o nome das árbores sen telas vivido en directo, sen camiñar ao seu lado ou durmir baixo a súa sombra, un saber que require do tempo, coma todos os saberes, pero quizáis no mundo vexetal, máis discreto e reservado, isto seña ainda máis evidente.
Cando chegamos, por exemplo, a Betanzos en coche, é habitual pararse nun deses cafés elegantes a tomar un refrigerio, máis por aquelo de mirar e deixarse mirar que por retomar forzas esgotadas na viaxe. Pola contra, cando chegas a pé, o último lugar ao que queres ir son esas terrazas de postureo que invaden as prazas, e tratas de atopar xustamente o sitio ao que non irías nunca se chegases de visita en coche. Unha taberna cero hipster e con cero encanto, atendida por un señor sen dentes pero con ganas de conversa. Un lugar oscuro e frecuentado por traballadores humildes, dispostos a falar cunha forasteira que non trae consigo a fieles conversadores. O que necesitas é un descanso de verdade, sen miradas escudriñantes. Cando chegas andando descobres todos eses lugares que dende o coche parecían tugurios, porque o coche é unha desas cousas coas que compensar a desproporción, un fetiche e un arma contra o outro que reforza a nosa fantasía de pertenza a unha identidade na que non cabe o pobre, o mendigo, o derrotado, o infeliz ou o tolo, dende a que escudriñar e saborear o poder baseado na negación do outro. As historias que escoitas neste tipo de tugurios da a casualidade que sempre están conectadas co territorio, e que unha vez retomas o camiño, haste atopar con elas dunha ou doutra forma, collen corpo e sentido.
Chegar a pé fainos tamén máis conscientes de todo o baleiro necesario que hai entre un pobo e outro, da vida necesaria que habita neses espacios e tempos mortos que deixan de existir ata que un día temos algo que ir buscar a eles.






















Mapa





sábado, 16 de mayo de 2020

Cuarentena XXI




"Cuando un paciente acude al médico, presenta una queja, y ésta se transforma en demanda de curación. La demanda puede enmascarar un deseo de hacer fracasar al médico, o la aspiración de lograr que él le confiera un status privilegiado, el de inválido, por ejemplo. Es propio de la función del médico establecer, después de examinar al paciente, un diagnóstico, un pronóstico y un tratamiento, que pone en juego una mirada clínica y un oído atento. La posición del médico supone que el facultativo sabrá responder a la demanda del paciente, es decir, comprender los engaños y las trampas que aquella demanda oculta (esto vale tanto para la psiquiatría como para la medicina en general). Lo que se denomina medicina psicosomática no es otra cosa que el desciframiento de lo que el enfermo da a entender con su síntoma. Se trata de una palabra que remite a una mirada, a ciertas voces: desde el lugar de ese cuerpo dolorido el sujeto interroga al saber médico, exige la revelación de la naturaleza de un mal escondido, enmascarado. Hay una distancia que es difícil definir entre el saber objetivado de un mal objetivable, que la ciencia sabe cómo atacar, y lo que ese cuerpo sufriente (ese cuerpo que encuentra los límites de su goce en el sufrimiento) puede darle a entender al médico y revelarle al sujeto como verdad (verdad que huye). Al nivel del dolor se sitúa en una forma de encuentro entre el médico y el enfermo que le otorga, más allá de lo que se acostumbra a describir en términos de relaciones interpersonales, un cierto privilegio a algo que es del orden de la estructura del sujeto que habla, es decir de ese sujeto deseante cuya verdad puede manifestarse en un lugar diferente de aquel donde la buscamos. Esta verdad, censurada por la conciencia, surge en el síntoma o en las distorsiones del discurso."





sábado, 9 de mayo de 2020

Cuarentena XIX




"Hay un movimiento naciente que se sostiene en su nacimiento mismo, una efusión, un don, un verter creativo. «Nacer: el nombre del ser.» (Nancy 2006, 115) Cuando el nacimiento se detiene, el espacio se resorbe – lo que en otro siglo se llamaba nihilismo. Ningún código rige los movimientos de los bebés al nacer y todos los códigos que rigen el comportamiento de las parturientas son opresivos. Nacer es asunto de idiotas.
¿Cómo traducir el odio a la estupidez de Deleuze al campo de la inteligencia corporal? Creo que cualquiera que se acerque a la obra de Deleuze comprenderá que en ella no se invita a odiar a aquellas personas de comprensión más lenta, a las que les resulta arduo visualizar una operación lógica anodina e inofensiva. La stupidité o la bêtise es más bien la inteligencia nefasta. No es tan estúpida la persona que no entiende algo como la persona que pone su inteligencia al servicio de algo perverso y nefasto que perjudique la creación rizomática, el extrañamiento, la diferencia. El filósofo coreano Byung-Chul Han da este ejemplo para comprender la estupidez en el marco del pensamiento de la diferencia. Dice que el más potente de los ordenadores es estúpido a pesar de la gran cantidad de datos que puede computar en tiempos récor porque le falta otredad, le falta la capacidad de vacilar, de perder el tiempo, le falta la capacidad de ser afectado por cosas que no están en sus parámetros. Inteligencia es leer entre, es desarrollar una comprensión sobre la marcha (Han 2014, 127). No es realizar operaciones lógicas sino improvisar ahí donde la lógica común no se aplica o donde se carece de guía clara. Entre personas que comparten el mismo suelo conceptual, la inteligencia circula como los datos en un ordenador. Si una persona no es capaz de explicarle Nietzsche a alguien que nunca oyó este nombre antes, aunque sea un experto reconocido, tiene una comprensión estúpida del asunto, pues no sabe cómo relacionar su saber con la otredad. ¿Traducción al movimiento? El desarrollo de una técnica particular no ayuda necesariamente a relacionar el cuerpo con la otredad. La técnica no genera cuerpos inteligentes de por sí, incluso puede entorpecer la inteligencia, la relación con lo otro. Imaginemos a un gran solista de danza clásica en una discoteca bailando reggaetón. En resumen, la inteligencia tiene que ver con el despliegue de la singularidad en relación a lo que la extraña, la pierde, la pone en duda o patas arriba. La inteligencia del movimiento no es distinta."