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martes, 17 de mayo de 2022

Marta y María de Betania


Según la definición que nos da Raimon Panikar: Dios es aquello que rompiendo tu aislamiento respeta tu soledad. Aislamiento estaría pues en relación con la contemplación interior, y respetar la soledad con encarnar la contemplación para salir al exterior, nada puede nacer fuera de una envoltura puesto que si abres una semilla ya nunca germinará. El útero es el espacio donde nos preparamos para germinar, salir de él es salir a la vida, pero hacerlo antes de tiempo o demorarse sería también equivalente a la muerte.

Los textos bíblicos son el fundamento desde el cual se establece un diálogo en el que prima el aprendizaje fruto de un proceso de reflexión y conocimiento interior. En la interpretación que el Maestro Eckhart (místico alemán del S. XIII) hace sobre el pasaje de la Biblia en el que Marta y María de Betania reciben a Jesús en su casa (Lc 10,38-40), Marta simbolizaría un estado de superación de la contemplación pasiva en la que se encuentra María. 

El Maestro Eckhart derrumba la lógica con la que se acostumbraba explicar dicho texto y en la que se ponía a María como la mujer modelo de escucha y de contemplación. Aquí la lógica consiste en que quien se sienta a los pies de Jesús a escuchar la Palabra es quien más necesita aprender y captar internamente su mensaje. Eckhart indica que a María la movían tres cosas que la hacían ocuparse de ella misma: la bondad de Dios que había abrazado su alma; el deseo de escuchar a su Maestro, aunque no sabía qué deseaba aprender; y el dulce consuelo y felicidad que encontraba en las palabras de Jesús. En cambio, Marta es el modelo de la mujer que ha logrado su madurez espiritual, porque tiene una edad adulta y un fondo bien ejercitado, una sabia comprensión para ordenar bien la acción interior hasta el máximo que el amor exige y el conocimiento del alto rango del amado huésped.
La capacidad con la que el Maestro Eckhart hace alegoría del texto bíblico, para que podamos comprender que si María ha escogido la mejor parte y no le será quitada es porque ella va a llegar a ser como Marta, quien posee completamente lo que una criatura debe poseer. Por eso, cuando Jesús le dice a Marta: “Te preocupas por tantas cosas”, es porque en realidad a ella no le falta nada de lo que es necesario para la salvación eterna. Solo le pide a Marta que comprenda y respete a María en el proceso de aprendizaje que esta debe hacer para llegar a la contemplación en la vida cotidiana.
Eckhart pone el acento en el aprendizaje que se deriva de haber recibido algo, pasarlo por la reflexión y hacerlo propio: “…de acuerdo con la nobleza de su natura, toda criatura se brinda tanto más hacia fuera, cuanto más se asienta en sí misma”.

Podrían incluso simbolizar ambas los componentes de un mismo principio femenino. Componente dual del Mercurio, que es activamente pasivo y tiene a la Luna y al Sol en su símbolo. María, inclinada sobre los pies de Cristo estaría más cerca de la tierra, y por tanto del principio pasivo contemplativo, más cerca del útero o envoltura previa necesaria para salir a la luz, Marta habría superado esa etapa y estaría en la maduración espiritual.

Además, el vínculo profundamente amistoso que tiene Cristo con estas dos mujeres, especialmente con María, podría hacer referencia, según nos cuenta José Miguel Cavas López, al simbolismo esponsal entre Cristo y la Iglesia, a través de las conexiones de los textos del cuarto evangelio con el libro del Cantar de los Cantares, con el que parece haber una vinculación especial.

Realizando esta doble acción de ungir y secar, María se declara disponible a su amor y reconoce en Él a su señor, estableciéndose así entre ellos una conexión nueva. María participa ahora corporalmente, a través de su pelo, del mismo perfume de Jesús, un perfume penetrante que hace que las doncellas le amen (cf Cant 1,3). El perfume empezó siendo “una emanación del amor intenso de María […] y los cabellos, orgullo de la mujer, se enriquecen con el tacto y con este perfume que, donado, ha comenzado a pertenecerle a Él Imaginamos que, para secar bien los pies, María llevaría el pelo suelto y, en aquel tiempo, una mujer con el pelo así delante de algún hombre que no fuera su marido, podría conllevar el divorcio78. De este modo, parecería que María tiene un propósito romántico frente a Jesús en su ungir y secar los pies, lo cual sería un escándalo para los presentes en la escena. Sin embargo, nadie ve su acto como algo negativo; es más, Jesús lo alaba (v. 7). Así, de manera simbólica, aunque expresado en el plano de la realidad del encuentro, Jesús y María tendrían una relación íntima hasta el punto de que no se vea mal su gesto; esta podría ser, incluso, una relación esponsal79, puesto que esta libertad frente a Jesús solamente una esposa podría tenerla. El texto tiene, por tanto, una clara connotación esponsal, pues ofrece un verdadero gesto de intimidad nupcial.
A esta afirmación ayuda realizar de nuevo una conexión con el Cant, especialmente con el tema del cabello: en Cant 4,1; 6,5, el esposo manifiesta la belleza de la esposa, comenzando por los ojos y por el cabello; en 5,11, la esposa, alabando al esposo, habla de su cabeza como el oro; y en 7,6, el esposo vuelve a hablar de la belleza de la esposa, esta vez empezando por los pies, y llegando hasta la cabeza y el pelo. Quizá simplemente se trata de un contacto lexical, pero no deja de ser significativo.




Imagen de «El libro de Abraham el judío» de Nicolas Flamel


Icono del sábado de Lázaro, en la tradición bizantina


Referencias:





sábado, 14 de mayo de 2022

Quimera

En enero de 2022 llegué por primera vez a Doncos, y lo que en aquel momento de pleno invierno parecía imposible, en marzo comenzó a hacerse realidad. A raíz de un episodio de angustia durante una de las primeras noches en mi nueva casa en la montaña, me vino a la cabeza una canción que cantaba mi prima Beni a su hija Laura, no siendo yo mucho más madura psicológicamente de lo que era mi prima Laura de 2 años (yo debía de tener 11 o 12 años). El caso es que la canción dirigida a calmarla a ella se coló también en mi universo simbólico y la letra de Susanita tiene un ratón se me quedó grabada para siempre al igual que el hechizo de descubrir lo bien que cantaba mi prima Beni. Con los años también Laura perpetuó en ella esta capacidad para el canto de su madre.

Poco tiempo antes de escuchar esta canción y más o menos en el mismo escenario, tuvo lugar un suceso que activó de manera inconsciente la angustia que años después consiguió calmar en parte la canción cantada por mi prima. En el universo simbólico no existe el concepto de tiempo lineal. Así que, 30 años después, renace de nuevo esta canción en mi mente como bálsamo directo para mis angustias.

Existe una fibra fina que conviene tejer delicadamente entre fantasía y realidad. Hoy en día escuchamos mucho hablar del término utopía, la modernidad asocia quimera con desvarío o delirio, contraponiéndolo al sueño de sociedad perfecta “realizable” de la utopía, al cual se llegaría a través de la razón y lo científico. La utopía no parece alertarnos sobre los peligros que conlleva perseguir lo irrealizable, aunque si atendemos al origen etimológico de esta palabra, creada a partir de dos palabras griegas “ou” (que significa no) y “topos” (que significa lugar) encontramos que lo que quiere decir este término es “lugar que no existe”.

La palabra griega Χιμαιρα (Khimaira) designa un ser monstruoso femenino creado por la mitología griega, en origen parece que significa animal femenino de un invierno de edad. Se formó a partir de la raíz indoeuropea ghei- (invierno). Con la misma raíz indoeuropea, pero procedente del latín, tenemos las palabras invierno, hiemal, hibernar o hibernación.

La utopía nos engaña, la quimera nos alerta del peligro, puesto que se trata de un monstruo con cabeza de león, torso de cabra y cola de dragón, la quimera debe ser domada. Así ocurre también con la fantasía, tal y como nos enseña la mitología, no es casual que de la unión entre la Quimera y Ortro (el terrible hermano de Cerbero) haya nacido la Esfinge, pues ella es la que nos conduce al enigma, y sólo a través de él podemos conectarnos con la realidad o la verdad. Los falsos (falos) atajos que propone la utopía no existen, por tanto una debe estar atenta para diferenciar bien los matices y no dejarse engañar. La quimera es la hablante, la que guía hacia un conocimiento que influye directamente en la vida, siguiendo las palabras de J. E. Cirlot, y él a su vez las de Goethe, esa influencia se traduce en modificación y rememoración de lo trascendente.

La dimensión simbólica que puede adquirir para un individuo un determinado animal nos revela que los animales son mucho más que bestias monstruosas (o mascotas adorables), son además un injerto sutil de lo simbólico en el ser humano. Hay una faceta en nuestros procesos psicológicos cargada de una cierta dimensión animal, que de alguna manera nos contagia, nos instaura una forma de ver primordial y de la cual nos repercute en recovecos de identificación, o de una experiencia sin palabras como la angustia.

Es a través de estos procesos de angustia que podemos hacer frente al peligro de la fantasía, como el héroe que se enfrenta a las criaturas monstruosas, y que realiza un viaje simbólico que comienza descendiendo a las profundidades del inv(f)ierno para resurgir en la primavera y completar el ciclo de resurrección. Estos procesos que se repiten cada año con el cambio de las 4 estaciones operan igualmente a lo largo de la vida de un ser humano y sus 4 edades.

Para integrar la experiencia de la quimera o del sueño a la vida en el tiempo de vigilia es importante el ritual, ésta es la forma simbólica de traer la información del inconsciente a la mente consciente, anclándola en el mundo físico. Las acciones rituales no tienen por qué ser complejas ni incluir símbolos y oraciones. Pueden ser cosas sencillas como escribir o visitar a alguien, o realizar una acción que indique la comprensión del mensaje.

No hay héroe sin monstruo, al igual que no hay realidad sin fantasía, ni verano sin invierno.


“La auténtica esencia del ser humano no se halla en su supuesta definición aristotélica como un animal racional, errónea traducción de las palabras griegas politikon zoon, que convierten al hombre en un animal político, de la polis, es decir, de la ciudad, y que alcanza su plenitud en la realidad social, sino en lo que, con raíces platónicas, ha propuesto la tradición denominada generalmente como philosophia perennis, y que se ha encarnado desde el siglo XIX en la consideración del hombre como un animal simbólico, que recubre la realidad perceptiva y material a la que se enfrenta constantemente con un manto de signos que permiten iluminarla y dotarla de sentido, por medio, primordialmente, de las formas lingüísticas, pero también de las formas icónicas propias del arte y, en general, de toda forma de pensamiento que a través de conceptos o imágenes, transmuta la realidad física en realidad simbólica, un universo laberíntico de signos y símbolos que constituyen la verdadera diferencia específica del hombre con respecto al resto de seres de la Naturaleza.”

César García Álvarez






Mosaico de Belerofonte matando a la Quimera. 
 


Mis particulares rituales


Camiño da Paleira, (monte Xirondo). Doncos


Camiño da Paleira, (monte Xirondo). Doncos


 Referencias:





martes, 3 de mayo de 2022

El buen samaritano


Este relato es una de las bases sobre las que se asienta nuestra cultura. Una historia muy sencilla, a través de la cual se nos revelan verdades complejas por una vía diferente a la razón lógica.

El buen samaritano

25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 26 Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? 27 Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. 28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.

29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. 33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; 34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. 35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

Para Francoise Doltó no hay en este texto nada que nos diga especifícamente que hay que dedicarse a los demás, preocuparse por ellos y tener misericordia. Una lectura sin juicios preestablecidos nos revela una cosa bien diferente, mucho menos narcisista, pues la pregunta clave no es ¿qué tengo yo que hacer por el otro? sino ¿QUIÉN ES EL PRÓJIMO?, ésta es la pregunta que da lugar a la parábola. Se trataría más bien de observar y de RECORDAR (el camino del corazón) primero, y en segundo lugar de actuar. Para el hombre molido a palos, su prójimo es el samaritano, puesto que es éste el que se comporta como tal. Nuestro prójimo son todos aquellos que, por un azar del destino, se encontraban allí cuando lo necesitamos y nos dieron ayuda sin pedírsela, nos socorrieron sin guardar si quiera recuerdo del caso.

Tampoco en el texto se emite ningún juicio sobre los que pasan de largo. Se trata de identificar al "prójimo", en este caso el samaritano es el modelo de prójimo. Ni esclavos ni dependientes, ayuda al hombre y lo deja libre, se retira y continua su camino. Si el que ha sido "caritativo" se considera acreedor de aquel a quien ayudó, si espera su agradecimiento, demuestra que trataba de comprar a alguien y que, por tanto, no era "samaritano". El verdadero samaritano no amará durante toda su vida al hombre que ha socorrido, al cabo de un km se habrá olvidado de él. Según este relato hemos de reconocernos deudores de quienes nos han ayudado (sólos no sobreviviríamos) pero esa deuda que podemos tener con el conocido o el desconocido sólo se puede saldar haciendo lo mismo con otros. No es al "samaritano" a quien se manifiesta el agradecimiento. Se piensa en lo que él ha hecho por nosotros (se recuerda) y se actúa de la misma forma. No hay ni culpabilidad ni dependencia en esta historia, pero sí la hay en las interpretaciones que se han hecho de ella, culpabilidad y dependencia que ahora (decaída la Iglesia) se perpetúan a través de otros -"ismos" más a la moda.




Ilustración de autor anónimo del Códex Rossanencis (550 D.C.), Catedral de Rossano, Calabria, Italia

domingo, 24 de abril de 2022

Esfinge

 


Edipo y la esfinge es un cuadro del pintor Gustave Moreau, realizado en 1864,
que se encuentra en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

Esta pintura de Gustave Moreau, con la esfinge prácticamente apoyada sobre los genitales de Edipo, casi como una roca más de las que conforman el paisaje en el que se encuentran, conecta directamente con la idea de Freud acerca del rechazo de lo femenino, que él designaba como una roca, tanto en la mujer como en el hombre (en la mujer como envidia de pene en el sentido de verse siempre en inferioridad de condiciones con respecto al hombre, y en el hombre cuando asume que la actitud pasiva hacia otros varones es sinónimo de castración o falta de virilidad). La roca es como esos recuerdos ignorados que tienen un gran poder de permanencia y que, como los sueños, prosperan en la oscuridad, sobreviviendo durante décadas en las aguas profundas de nuestra mente y la de nuestros antepasados.

En muchas de las reivindicaciones feministas actuales lo que se vislumbra más bien es un profundo rechazo de lo femenino y por ende del enigma que simboliza la esfinge, el misterio insondable de lo femenino, un enigma que se reactualiza constantemente a través de los siglos. Las posiciones que adopta parte del feminismo moderno imposibilitan el encuentro y afianzan la dualidad, en oposición a la información que nos da la sabiduría sagrada con la trinidad o la vesica piscis y su camino hacia la unidad, esa figura que se conforma cuando 2 círculos comparten un radio.

La tragedia de nuestros días es que ningún rey está dispuesto a enfrentarse, como Edipo, al debate entre el deseo de conservar el poder y el conflicto de enfrentar la verdad de su historia, que pasa inevitablemente por la herida (la herida de la luz). La solución de Edipo en nuestros tiempos hubiera sido matar o desterrar a Creonte, un enemigo externo (que ni siquiera era externo, porque era su tío/cuñado) para evitar así enfrentarse al dolor de la verdad, y para evitar también enfrentarse a lo desconocido, a lo extraño que simboliza lo femenino y que nos obliga a inventarnos con cada nueva dificultad.

Como bien expresa Francoise Dolto

“La humanidad se ha lanzado a la carrera destinada a evitar la muerte corporal del individuo. ¿Qué ser humano no lo suscribiría? Pero ha llegado la hora en que es otra la muerte que amenaza al hombre civilizado: la del sentido de su vida y de su muerte, del sentido de su deseo, que es comunicación creadora, fuente de alegría viviente. Sin alegría, que es brote surgido de corazón a corazón por los intercambios de lenguaje sutiles de la comunicación, la comunicación creadora no es más que mortal funcionamiento de cuerpo a cuerpo, devenido cosa contra cosa. La simbolización aleja progresivamente al sujeto del recurso al placer del cuerpo a cuerpo, que eclipsa la relación de sujeto a sujeto."

Esta idea del cuerpo consumidor y consumido nos transporta de lleno a esa zarza ardiente que en la Virgen María no se consume, ya que en ella se trata del fuego divino, el que ha atravesado la oscuridad de la herida y por eso la misma llama que antes consumía, quemaba y vampirizaba ahora arde sin consumir, es la llama del deseo que encuentra la mediación de la palabra y su valorización humanizante, en ella germina el amor y la libertad divinas.

Francoise Doltó analizó los Evangelios a la luz del psicoanálisis, al igual que estudió el psicoanálisis y la educación siguiendo las exigencias evangélicas. Incluso se podría pensar que su concepción del sujeto humano, dotado de deseo y de lenguaje, enlaza con la de los pedagogos humanistas del siglo XV y XVI y su fervor cristiano. Su lectura es dolorosa, con ella te sumerges en la oscuridad más profunda (de la que muchos hablan pero a la que no muchos te acompañan) de una manera que solo es posible a través del corazón. Resulta fascinante comprobar que el misterio de lo femenino está también en la lectura de las sagradas escrituras. En ellas está también el enigma, el misterio, lo que no se dice directamente, el velo o lo imposible de definir y de conocer, lo femenino sagrado que tanto incomoda en la actualidad puesto que el racionalismo capitalista se sustenta precisamente sobre el ideal del “todo es posible” o el “para todos” provocando una dejación de las responsabilidades de cada ser humano, el desprecio de lo femenino genera sujetos, en el mejor de los casos, culpables y en el peor, cínicos o autistas en relación a su propio goce.



martes, 19 de abril de 2022

Penamaior

  

Ábside da iglesia conventual de Santa María de Penamaior

Reliquia do Lignum Crucis de Santa María de Penamaior

En terras do concello de Becerreá, no val dunha das ladeiras da serra do Pico atopamos o mosteiro de Sta María de Penamaior, cunha igrexa que constitue un fermoso exemplo do románico do século XII en Galicia. Tanto a beleza do verde deste escondido e aillado val no que se sitúa, como as historias e lendas que o relacionan coa Orde do Temple e mesmo con prácticas de tortura (entre os seus muros atopouse algunha técnica de castigo medieval) confirenlle ao conxunto un halo de misterio e beleza singulares.

Hoxe en día parece estar únicamente habitado por un conxunto de vacas que pacen tranquilamente ao seu caron e que nos observan de maneira inquietante cando nos acercamos a visitalo. Unha estampa nada casual, pois atendendo a etimoloxía do propio topónimo do concello onde se asenta é posible tamén achegarnos á mirada destas vacas e os seus becerros (cría da vaca que non pasa dos dous anos). Joseph M. Piel dinos que a palabra becerro xunto con bácoro (cerdo pequeno) poderían ter a sua orixe nun dos varios idiomas indíxenas falados no territorio da antiga Gallaecia, anteriormente á sua romanización. Ambos animais foron moi valiosos dende o punto de vista material, polo seu poder de garante económico, pero tamen valiosos no seu aspecto afectivo, compoñente ausente ou menos pronunciado nos términos homólogos latinos tomados ao idioma triunfante do vencedor romano (según a teoría deste autor). En especial con respecto ao becerro e a vaca, este valor afectivo debeu ser importante, pois ainda en época de meus pais non se adoitaba comer esta carne, estando destinada unicamente á súa venta (incluso en epocas de escasez alimentecia).

Outro aspecto misterioso desta igrexa témolo no tímpano da súa fachada, na que vemos representada unha escena onde aparecen un cabaleiro con escudo e lanza, un cabalo sen xinete e unha frondosa árbore na que se aloxan paxaros nas súas ramas, no centro unha cruz decussata ou de Santo André (representa o martirio do santo crucificado nunha cruz en forma de aspa). Ao outro lado da cruz un león e o nome do escultor (ou mestre de taller) e o tempo no que foi realizado.

Algúns autores, recentemente, teñen vinculado esta representación cunha historia do ciclo artúrico, concretamente a novela cabeleresca “Yvain, o Cabaleiro do León” escrita por Chrétien de Troyes. Nela cóntase como Calogrenant -primo de Yvain- atopa unha fonte máxica e dinlle que se verte as súas augas nunha pedra grande, pode quedar exposto a moitos perigos, incluíndo unha terrible tormenta, pero tamén acontecementos marabillosos. Cando o fai, unha tormenta destrúe os cultivos e mata ás persoas do lugar. Pero entón, a marabilla sucede: moitas aves de cancións melodiosas póusanse na árbore, e de súpeto, un cabaleiro loita contra Calogrenant e vénceo. Yvain decide vingar ao seu primo morto. Chega ao castelo, mata ao seu dono e namórase de Laudine, a viúva, casa con ela, pero logo convencido por Galván, volve ás súas aventuras.
Yvain vaga polo bosque, achando un león que está a combater contra un dragón. Decide axudar ao león e salvalo. Como agradecemento, o león queda ao seu lado, polo que se chamará a partir de agora o Cabaleiro do León e ambos vivirán unha serie de aventuras que co tempo van ensinar a Yvain o verdadeiro significado da honra, a amizade e o amor. Certamente os elementos do relevo do tímpano puidesen ter relación con esa historia.

Situado nunha das ramificacións do Camiño de Santiago, moitos peregrinos paraban neste mosteiro para visitar a imaxe da Virxe das Abarcas e a reliquia do “Lignum Crucis” traída polos monxes dende terras lonxanas, famosos ambos polas suás dotes curativas. Entre cualidades curativas e métodos de tortura, ainda despois de tantos séculos da súa construcción resulta tanxible (que pode ser percibido pero tamén tocado) este valor sagrado do lugar onde se asenta e incluso dos animais que o habitan. Coma se todo o que aquí atopamos nos fixera viaxar no tempo e no espacio hacia un lugar no que máis ben estes conceptos se diluen ou desaparecen.

martes, 5 de abril de 2022

Árbore




O carballo representa o lugar onde brota ou xermina case toda a sacralidade en Galicia, e de maneira especial as carballeiras. Non che é unha árbore calquera e todo aquel que teña estado nunha carballeira poderá intuir perfectamente o valor sagrado deste lugar.

O carballo é a árbore da luz, non solamente porque nel podes atopar a rama de ouro que che permitirá atravesar o inframundo con seguridade, parece lóxico que seña o carballo a árbore máis representativa de Galicia, terra que fai fronteira co alén, o mundo dos mortos, e para o cal hai que estar convenientemente preparado. Pero é que ademáis o home deuse conta moi pronto de que o carballo atraía de maneira particular ao raio, cousa que tamén lle procurou un carácter divino a esta árbore, xa que o raio é símbolo de bendición, como case todo o que cae do ceo e que ten esa capacidade de abrir unha semente de luz enterrada no fondo do ser humano.

A árbore vinculase especialmente co simbolismo da cruz, conta a lenda que a madeira coa que foi feita a cruz do martirio de Cristo procedía da árbore da ciencia situada no xardín do Edén. E do mesmo xeito que atopamos na cruz o simbolismo invertido da cruz de Pedro, martirizado cabeza abaixo, na árbore parecería que ainda se fai máis evidente este simbolismo do invertido, do reflexo, en tódolos seus significados, tanto como aquilo que reproduce, amosa ou pon de manifesto outra cousa, como o de escintileo, brillo ou fulgor, que nos transporta a esas mazás de ouro do xardín das Hespérides e que relacionan a árbore coa luz e o fulgor do sol. Vida e luz poderían ser case que sinónimos, bastante extendido está este simbolismo do alumeamento ou o dar a luz.

Antigamente, os templos levantábanse en lugares nos que xa previamente se daban unhas condicións específicas que facilitaban o encontro coa divinidade. Hai estudios que falan acerca da orixe etimolóxica do topónimo da Ribeira Sacra e dinnos que quizás o nome fixera referencia aos "robledales" e non á ribeira. A árbore parece reunir en si mesma esa idea de “o que é arriba é abaixo”. As súas raíces son como ramas e as súas ramas como raíces, pero cal é o reflexo de cal?

As cualidades da árbore están especialmente vinculadas coas da visión, pois en certa medida o invisible da árbore faise patente a través da sua parte visible e parecera que, sendo a mesma, ten o poder de facernos ver, cada vez que a miramos, diferentes árbores. Tampouco é casual que fora sentado ao pé dunha árbore como Buda alcanzou a iluminación.

No libro da Apocalipse de San Xoán podemos ler estas palabras:

" Eu son a raíz e a descendencia de David, o luceiro resplandecente da mañá.»

Este vínculo de Cristo coa raíz evocanos á orixe e o principio da vida, o principio polo cal crece e brota a vida, un principio oculto (ou olvidado)… e por iso é que tantas veces olvidamos tamén que unha árbore non é solamente o que vemos en apariencia, do mesmo xeito que olvidamos tras a caída da alma e de ter bebido das augas do río Leteo. Tamén a semente cae na obscuridade da terra para xerminar e dar fruto.

É curiosa a dualidade entre as dúas árbores do paraíso, como se éstas foran novamente unha o reflexo da outra, como si a árbore do coñecemento fixera referencia máis ben á apariencia de coñecemento e a tentación que podería supoñer deixarse seducir pola crenza de que seña éste o verdadeiro coñecemento: o que divide o mundo entre ben e mal. A árbore da ciencia é por tanto un perigo (por ser un reflexo e non a verdadeira) á vez que un camiño para chegar á verdade. E a pesar de que non había ningunha prohibición no Edén con respecto á árbore da vida, a tentación do coñecemento do ben e do mal impediu ao ser humano acceder á verdade.

viernes, 1 de abril de 2022

sábado, 26 de marzo de 2022

Mirar mejor

 



Comenzar de nuevo cada vez que pestañeo, como si el cerrar de los párpados fuera una especie de control-z, una vuelta a empezar desde cero, un rayo que ilumina y que ciega sin saber cuándo comienza uno o cuándo termina el otro. Los párpados no tienen la misma culpa ni la misma ligereza, se deslizan pesados para cerrarse, pero deben levantar un peso mayor cada vez que vuelven a abrirse, como si sus pestañas cargaran más cantidad de polvo difícil de borrar, como si al cerrarse dejaran una huella sobre el soplo que intentan mantener vivo.

"El parpadeo es interrupción, interior y exterior al ojo, asume ceguera más busca luz.
A la intermitencia entre aparición y desaparición hace referencia el parpadeo, pero también indica algo que estorba al ojo, como, por otra parte, alude a un esfuerzo por mirar mejor, entre la luz y la sombra."
Marcos Canteli


Encrucijada


En Galicia es muy difícil no encontrarse con un 'cruceiro' por poco que decidas salir a caminar, de la misma forma que también te encuentras con facilidad una ramificación del Camino de Santiago en casi cualquier punto de la comunidad. Es sin lugar a dudas una tierra proclive a la encrucijada.

Los 'cruceiros' son esculturas hechas en piedra, mayoritariamente granito, formadas por una cruz en su parte superior y asentadas sobre un pilar. Suelen ubicarse en cruces de caminos, en las proximidades de ermitas, iglesias, cementerios u otros lugares que tengan que ver con el culto religioso. En la cara que mira al camino principal (la parte principal), suele estar representada la figura de Jesucristo Crucificado, en la otra cara la Virgen o diferentes Santos.

Según nos cuenta Xosé Álvarez en un artículo de la revista Cedofeita, As imaxes dos cruceiros de Lérez, la simbología de estos cruceros comienza con su orientación, ya que la figura principal siempre debe estar orientada al camino principal, por eso han sido de mucha utilidad para los caminantes. La posición de las manos de Jesús también guardan un significado. Si éstas permanecen cerradas es señal de omnipotencia, en caso de representarse abiertas muestran misericordia y bendición si tiene los dedos índice y corazón extendidos.

Incluso la cruz esconde un mensaje que no se descifra únicamente observando la imagen. Su representación más habitual es prismática y en forma de rama de árbol. "Se trata de vincular la redención, a través del sacrificio de Cristo, con el pecado original. Dice la leyenda que su cruz estaba construida con madera procedente del árbol de la ciencia que estaba en el paraíso", así nos lo cuenta Xosé Álvarez.

También el autor gallego Castelao recopila los cruceiros gallegos en su libro “Cruces de pedra na Galiza”, según él "ONDE HAI UN CRUCEIRO houbo sempre un pecado, e cada cruceiro é unha oración de pedra que fixo baixar un perdón do Ceo, polo arrepentimento de quen o pagóu e polo gran sentimento de quen o fixo".

En verdad el universo del símbolo te transporta por un camino que se va entrelazando de manera infinita, un símbolo te conduce a otro, y este a su vez a otro, por lo que es fácil verse de nuevo en el punto de partida (que nunca es igual), como ese juego de la oca que funciona como mapa esotérico del Camino de Santiago, o incluso como símbolo del camino de la vida, en el que el azar interviene adelantando casillas o retrocediendo, un recorrido de iniciación para alcanzar la casilla final número 63 que es la sabiduría, simbolizada por la oca.

Es muy común en la tradición sagrada encontrarnos con la presencia del simbolismo dual, en el que confluyen o más bien se reúnen después de haberse separado la idea de lo terrenal con lo divino, lo húmedo con lo seco, la oscuridad con la luz, el movimiento con lo estático, lo fugaz con lo perenne. De la misma forma que en el viaje iniciático el héroe sale de su centro para regresar a él transformado, metamorfoseado o vuelto a nacer, podemos encontrar en el simbolismo de la cruz esta idea de expansión del centro y retorno al origen. El cielo (la vertical) se encuentra con la tierra, que es lo horizontal, la manifestación y las multiplicidades. Y resulta que este simbolismo de encuentro de ambos polos (el vertical con el horizontal) también es aplicable a ella misma, por lo que además de la cruz cristiana tradicional nos encontramos también con su polo opuesto: la cruz invertida, particularmente misteriosa. Quizás la primera interpretación podría llevarnos a darle un significado de contraposición y no de complementariedad. Pero ni tan siquiera aquellos que pretenden emplear el símbolo de la cruz invertida como símbolo satánico son conscientes de hasta que punto también esa cruz, siguiendo el camino verdadero del símbolo, es siempre religación y no separación.

La cruz invertida es un símbolo poco conocido, aunque muy antiguo: se remonta al martirio del apóstol Pedro que, considerándose indigno de una crucifixión semejante a la de Cristo, habría pedido sufrir su crucifixión cabeza abajo.

En San Juan 1:42 podemos leer esto:

Luego Andrés llevó a Simón a donde estaba Jesús; cuando Jesús lo vio, le dijo:

—Tú eres Simón, hijo de Juan, pero tu nombre será Cefas (que significa: Pedro).

Resulta fascinante la idea de que el nombre de Pedro ponga en relación la piedra con la cabeza, puesto que la cruz de Pedro actuaría de reflejo de la cruz de Cristo y en ambas encontraríamos la dualidad entre corazón (de Cristo) y cerebro (de Pedro).

Desde la prehistoria hasta nuestros días este dualismo entre corazón y cerebro no ha dejado de estar presente en todos los planteamientos existenciales. Además, parece transportarnos hacia esas encrucijadas en las que tradicionalmente se ponía una cruz que debía servir de guía, puesto que es en la encrucijada donde nos vemos obligados a tomar una decisión, decisión que pasa inevitablemente por escoger entre el camino del corazón o el camino de la razón. Según al origen etimológico de la palabra “lectura” en griego se llamaría “conocimiento recuperado”, porque cuando estamos aprendiendo la verdad, reconocemos aquellas cosas que naturalmente sabíamos antes de haber bebido del río del olvido. Comprender es pues recordar, por el camino del corazón, que es el que nos conduce a la verdad, o a la sabiduría, o a Cristo en esa cruz que es reflejo de la cruz de Pedro y que juntos nos trasladan a esa encrucijada entre razón y corazón.

 



domingo, 13 de marzo de 2022

Las Cárites

 




Las Cárites, más conocidas como las Tres Gracias son, en la mitología griega, tres diosas hijas de Zeus y de la ninfa Eurinome, quien a su vez era hija del famoso titán Océano. Sus nombres eran Eufrosine, Talía y Áglae (Aglaya) y eran las diosas del hechizo (el encanto), la alegría y la belleza.

Se representan siempre juntas, nunca por separado y suelen aparecer entrelazadas, y formando un círculo, como a punto de iniciar una danza. Homero escribió que formaban parte del séquito de Afrodita, añadiendo al amor y la fertilidad que ella representa un componente de encanto, placer y alegría. Las Gracias también se asociaron con la generosidad y la gratitud. Aristóteles afirma en su Ética nicomáquea que las buenas acciones deben ser retribuidas en especie: “Es por ello por lo que los hombres conceden un lugar destacado al santuario de las Gracias, para que haya retribución, porque esto es propio de la gratitud”. Sabemos que siglos antes se emplazaron estatuas de las Gracias cerca de algunos manantiales en agradecimiento a la naturaleza. Probablemente hay un reflejo de esta práctica en la actualidad tanto en el idioma español como en el italiano, donde las palabras gracias y grazie se utilizan para expresar gratitud por algo recibido.

También de ellas provienen las fiestas que hoy conocemos como de “Acción de Gracias”, denominadas en Grecia como las Caritesias o Carisias, festividades consagradas a las Cárites, en el río Cefiso, cerca de Delfos, durante las cuales se practicaba el banquete “Charistía” en el que se comía torta de miel.

La gratitud es por tanto la capacidad de recoger lo recibido. En occidente hemos recibido por medio de diferentes tradiciones mitológicas/paganas la tríada Acción, Amor y Conocimiento, representada por Atenea, Afrodita y Zeus o Thor, Freya y Odin. Al igual que cada una de estas unidades divinas conforman una tríada podríamos a su vez decir que la unidad de Afrodita (Venus) se desarrolla en la trinidad de las Gracias o la unidad de Cronos (Saturno) en la trinidad de Zeus (Júpiter), Poseidón (Neptuno) y Hades (Plutón).

Sin duda la característica definitoria de la trinidad es la relación, con el uno nace el ser, con el dos la división, y con el tres el retorno, la religación, el reintegro, la relación. Por tanto cada una de las patas sobre las que se sostiene una tríada nos conduce a su vez a un reintegro, retorno o religación permanentemente vivo con otra de las patas de otra tríada, en una dimensión temporal que nada tiene que ver con la linealidad. Y es así, que al introducirnos en las dimensiones de lo sagrado podemos hablar de aquello que nunca fue, pero que siempre está aconteciendo. No en vano, también el tiempo conforma una tríada: presente, pasado y futuro (las tres parcas, o moiras).

Aspectos como paraíso, purgatorio e infierno; espíritu, cuerpo y alma; supraconsciencia, consciencia e infraconsciencia; acción, amor y conocimiento… se expresan en el hombre de la misma manera que éste, a su vez en la voz de Dios. Lo divino, lo humano y lo cósmico entrelazado hasta el infinito.

Pero para diferenciar entre tríada y trinidad podríamos decir que la trinidad únicamente se puede constituir a partir de Dios, parafraseando a Raimon Panikkar, aquello que rompiendo tu aislamiento, respeta tu soledad, es decir el centro que garantiza la equidistancia perfecta entre las partes.

Si ponemos como ejemplo la tríada temporal: presente, pasado y futuro, podríamos llegar a pensar que uno es el fruto, o el resultado de lo anterior, sin embargo solo a través de la visión trinitaria podemos alcanzar una comprensión más verdadera de la existencia, por la cual las tres cosas son a la vez, relacionándose desde un centro equidistante perfecto entre las tres.

Hermes guiaba la danza de las estaciones, emplazando al invierno a transformarse en primavera, una danza circular que transcurre desde diferentes centros en los lugares del planeta, una estación da paso a la siguiente, al mismo tiempo que también todas transcurren a la vez.

El triángulo es interrelación, es integración y es transformación. Cada ser humano tiene la capacidad de recoger en sí mismo lo que recibe de sus antepasados, agradecerlo y transformarlo. Las palabras son los documentos humanos más profundos de la vinculación del hombre con sus antepasados, es decir con la tradición. Por tanto individualismo es ignorar esas raíces y excomulgarse de la comunidad de los humanos. Individualismo es pensar que uno hace 100 años no existía, y que ha caído del cielo o de la nada, sin ninguna raíz con nada.

Las Tres Gracias forman una tríada, un triángulo en cuyo interior está el círculo, un triángulo que es dinamismo y que nos conduce a un ciclo a su vez entrelazado con otros ciclos, en una danza cuyo centro está en todas partes, y que comienza a partir del agradecimiento por lo recibido de nuestros antepasados.

martes, 1 de marzo de 2022

La herida de la luz



«¡Reclama la visión y no temas ser fulminado (sa˓q)!» (Ibn Arabī).

«La herida es el lugar de la gnosis”» (Rūzbihān Baqlī)

«La herida es aquel lugar por donde la luz entra en ti» (Ğalāl al-Dīn Rūmī)

«Cuando vislumbres una herida en el alma, es conveniente que la cicatriz sea visible en el exterior» (Farid al Din)

La herida de la luz o la muerte fotosensible: la luz que mata del cine de Dreyer, Garrel, Halperin, Murnau, Tourneur, Ulmer.


Se llega al conocimiento a través del padecimiento.


A pesar de que el espíritu de la modernidad rechace hoy día todo aquello que tenga que ver con lo religioso existe también en el mundo moderno una fuerza instintiva de oposición al capitalismo que no hace más que evidenciar un anhelo más profundo de trascendencia, un anhelo de cosmovisión, o lo que es lo mismo, de un centro estable. Inconscientemente se aspira (caótica y contradictoriamente) a algo (lo que sea) que se oponga al sentido de productividad comercial, consumo y utilidad propios del pensamiento racionalista que usa la ideología como instrumento coercitivo del pensamiento profundo. Pensar es espinoso, es doloroso pero simbólicamente se accede al conocimiento a través de un padecimiento interno que tiene su correlato en un padecimiento físico, externo. La herida de la luz, el relámpago que ilumina y que fulmina a la vez. Como bien lo expresa María Zambrano, lo que hiere las pupilas abre las cosas del otro mundo.

La paradoja de la visión la encontramos en Edipo, doblemente herido, en los pies, porque anda torcido, está mal encaminado, y también en los ojos, porque se los arranca con sus propias manos cuando consigue conocer su verdadero destino. Pero además de Edipo, el héroe trágico por excelencia, la herida está presente en todos los grandes mitos heroicos: Aquiles, Odiseo, Quirón, Odín, Thor… y también en la tradición cristiana puesto que Cristo es un héroe herido, su manifestación, después de morir, se hace patente en los estigmas, las sagradas llagas de Cristo (generalmente en las manos y en los pies), pero también la sangre del costado, atravesado por la lanza de Longinos. De este costado brota (es fuente de vida) la sangre que recoge José de Arimatea y que viaja a tierras de Britania en la leyenda del Santo Grial, en la cual volvemos a encontrarnos con la herida de la luz. Lucifer (el que porta la luz) en su caída, pierde el tercer ojo, que es una esmeralda, el ojo que todo lo ve desde la eternidad, es un ojo que no tiene lagrimal porque no es ni el derecho ni el izquierdo. Los ángeles recuperan esta esmeralda, crean una copa y se la confían a Adán y Eva en el paraíso en donde nuevamente a raíz de su caída, la pierden cuando son expulsados del Edén. El deseo y la búsqueda del Grial revela el constante anhelo de una recuperación paradisíaca, la búsqueda de un centro estable y cósmico. Pero además, el personaje que custodia el Grial (símbolo de transcendencia metafísica) también está herido, es El Rey Pescador, Rey Tullido o Rey Herido y como Edipo, doblemente herido, en las piernas (no puede avanzar, no puede caminar) y herido también en la ingle, por lo tanto es impotente, no tiene potencia viril. Hasta que no aparezca un legítimo caballero capaz de descubrir la esencia del Grial, el reino estará impedido, tullido, y por eso no puede avanzar.

En la leyenda artúrica conviven elementos tradicionales célticos y cristianos. Lo que debía conservarse de unos fue, de alguna forma, incorporado a los otros. Son elementos de orden propiamente iniciático que, desde entonces, son parte integrante del esoterismo cristiano. Todo símbolo verdaderamente tradicional presenta un lado esotérico, es decir, que a su significado exterior (exotérico) y generalmente conocido se superpone otro de un orden más profundo, sólo accesible para aquellos que han conseguido llegar a un cierto grado de comprensión e identificación.

Todas las culturas y civilizaciones se han valido de símbolos parecidos para dar a su pueblo una enseñanza común acerca del Gran Misterio. Budismo, hinduismo, taoísmo, islam, shinto…


En la tradición hindú, el Grial se corresponde con el vaso sacrificial que contiene el Soma o bebida sagrada del antiguo ritual védico y en tradiciones aún más antiguas es la copa de Asura o el Cuenco del Paché Titán del que habla el Rig Veda. Esta Copa de Asura es en realidad el disco del Sol, el Mandala sobre el que todo se proyecta. Por otro lado, Soma es el nombre sánscrito que recibe la Luna, que a su vez se presenta como un recipiente que en la oscuridad de la noche recoge la luz del Sol, que es precisamente la que la hace brillar. De ahí que la Luna sea considerada por los hindúes como el Cáliz donde beben los antepasados y los Dioses.


jueves, 10 de febrero de 2022

Los ojos en el cielo y los pies en la tierra

El verdadero relato ecológico está en el mito, en las cosmovisiones sagradas, tanto la mitológica-pagana como la cristiana lo fueron y cualquier cosmovisión que ponga en lo más alto a lo sagrado lo es. A través de un gesto tan simple como también extinguido prácticamente hoy día, el de levantar la cabeza para observar el cosmos, así es como el ser humano comprendió su propio viaje interior, a través del viaje que recorría el sol, la luna y los planetas en sus diferentes trayectorias. Fue con la luna que comenzó su capacidad para el pensamiento abstracto, puesto que los 3 días que permanecía oculta a sus ojos no eran la prueba de su muerte, sino más bien la conciencia de su renacer, es así como también los bebés aprenden poco a poco que la madre no muere por el hecho de que no esté al alcance de su vista, y así también como todo viaje heroico pasa por un descenso a los infiernos y a la oscuridad de la cual renace al tercer día. El viaje de la luna en el cielo dio paso al relato fundamental de lo simbólico, base de construcción de todas las religiones cuyo fin último converge (a pesar de las diferentes formas que toman) en el conocimiento.

También Venus, popularmente conocido como el lucero del alba, camuflado entre las estrellas más luminosas del cielo, que a diferencia de ellas, deambula sin rumbo fijo y sin nunca alcanzar la cúspide. Un cuerpo celeste compitiendo entre estrellas, o bien una estrella expulsada del paraíso, Lucifer, o Iblís, el ángel caído con el que la luz del cielo llega también a la tierra y con ella la germina. El fósforo, el fuego del cielo, que junto con el agua engendran la vida en el planeta.

Y así podríamos ir recorriendo cada una de las historias de la mitología, los versículos de la Biblia y el Corán, la música, la literatura o los versos de los poetas atravesados por lo sagrado, y en todos ellos encontraríamos que lo que es en nosotros es también en la naturaleza (como es afuera es adentro). El símbolo es dinámico, abierto, al igual que las estructuras mentales necesarias de quienes lo vivan.
El símbolo no se lee, se vive, porque a través de la vida es que alcanzamos el conocimiento. Conocer es una operación de vida y una manera de nacer. Y nada puede nacer fuera de una envoltura, permaneciendo exterior la ciencia no puede ser profundizada, sino solo extendida, no puede conducir a la conciencia que es nacimiento a uno mismo. Si abres una semilla ya nunca germinará.

Para las cosmovisiones sagradas, Dios (Verdad, Conocimiento) era una esfera inteligible cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna, o lo que viene a ser lo mismo el universo es todo centro, las criaturas son centro de Dios sin que ninguna de ellas lo pueda limitar. Según Louis Cattiaux expresa de manera tan maravillosa en el “El mensaje reencontrado”

‘La ciencia divina utiliza las leyes naturales como medio. Lo transforma todo y no mata nada. Consolida el esperma y multiplica el germen. Manifiesta la vida utilizando la muerte. La falsa ciencia es este andamiaje de pensamientos delirantes, edificado en la ignorancia de las leyes naturales y que se desploma constantemente en el desespero, la locura y la muerte. Una edifica en la vida por medio de la muerte, la otra construye en la muerte por medio de la vida.’

Y es que para observar el cosmos es necesario tener los pies en la tierra y los ojos en el cielo, invertir el orden sería no solo pretender un imposible sino también destruirnos en el intento. Con el cambio de paradigma que introdujo el Renacimiento y con él el racionalismo, se introdujo simbólicamente en el pensamiento de la humanidad la creencia de que el hombre podría observar el cosmos con los pies en el sol y los ojos en la tierra, una utopía que para muchos resultó creíble y posible. Y fue así como a partir del Renacimiento la trascendencia fue paulatinamente reemplazada por la utopía, o lo que es lo mismo el "todo es posible" sobre el que tan bien se asentó el capitalismo. La metafísica y la moral se desligaron de la política, del arte, de la medicina… dando lugar así a nuevas y diferentes ciencias, exteriores, superficiales, precarias y limitadas, desconectadas y desligadas, puesto que el centro ahora está fuera de ellas, en un lugar lejano que solo a través de la apariencia puede llegar a ser un centro, falso en cualquier caso. Ya no son el bien y el mal lo que se ponen en juego ahora, con el cambio de paradigma lo que se pone en juego es la conservación del poder (aquello que garantiza la apariencia de lo que no es posible) y es también con el inicio de la modernidad que aparece la institucionalización de la violencia, justamente para garantizar el poder y su relato mercantilista. Con el inicio de la modernidad el hombre trató de hacer pedestremente lo que los antiguos y medievales habían hecho trascendentalmente. Y tras la utopía no hay ya otro camino posible más que la distopía.


La caída de Lucifer, ilustración de Gustave Doré para El paraíso perdido de John Milton.