miércoles, 12 de junio de 2019

Pisadas de Encanto




Mentres a primeira civilización europea da que conservamos escritura, construe cidades laberínticas nas illas do Mar Exeo, palacios, sistemas de canalización de augas residuais, frescos ricos en simbolismos e colorido, e adora á figura do touro como símbolo de poder político e de fecundidade; no norte da provincia de Lugo, os homes e mulleres que vivían mirando ao Cantábrico durante a idade de bronce observaban o chan ao mesmo tempo que o ceo, e as pisadas, como non podía ser doutra maneira, eran de Encanto.
11 pegadas  de distintas medidas e dúas cazoletas (ocos escavados na superficie das rochas) con 5 garras que lembran ás pegadas do oso. Atópanse nos lindes das Fádegas, entre o río Grande e o acantilado que cae vertical sobre a beira oposta, na parroquia de Cubelas, os primeiros petroglifos podomorfos (con forma de pé) atopados na Mariña. Durante o atardecer de San Xoan a sombra que proxecta o acantilado oculta paulatinamente as pegadas humanas, sen chegar a cubrir nunca as animais. O mar alcanza ao sol antes de que a sombra esconda as pegadas do animal.
A lenda conta que as pegadas son dunha fermosa moza que solo se deixa ver durante o solsticio de verán, a súa alma vive nas rochas o resto do ano, pero durante estes días trae consigo unha galiña que pon ovos de ouro de 18 kilates. A xente da Mariña evita esta ruta durante estes días, porque, a cambio do ouro, Encanto lévate con ela a vivir entre as rochas.


miércoles, 29 de mayo de 2019

Trenza


"Sufrir por un hombre no es la expresión del masoquismo femenino, expresa más bien una estrategia frente a la falta, que sostiene la adoración de un "amante castrado o un hombre muerto". Cuando el velo se corre y emerge el objeto de goce que mantiene este escenario, el ideal queda entre las bambalinas, y la mascarada masoquista desaparece con el decorado. Tal vez entonces una mujer invente otra forma de amar..."

Silvia Elena Tendlarz


domingo, 28 de abril de 2019

lunes, 15 de abril de 2019

Recortes


Collage de varios textos de C. G. Jung y F. Dolto

Si estudias la historia de las religiones y analizas cuidadosamente lo que está en el fondo de todas esas ideas [sobre Dios], verás que consiste en algo psicológico, que no es el yo, que ejerce influencia sobre el hombre. (…) Ciertas peculiares cualidades o hábitos no humanos han sido siempre atribuidos a esa otra voluntad y ha sido imaginada con una apariencia no del todo humana –por ejemplo un animal que ayuda, un animal sanador, o un hombre dotado con poderes de hechicero, una suerte de superhombre. (…) Estos fueron los más tempranos símbolos de la deidad. (…) [Pero] Dios nunca fue inventado, fue siempre un suceso, una experiencia psicológica –y recuerden, todavía es hoy la misma experiencia. (...)

La idea de Dios o la imagen de Dios está muy influenciada por la disposición que tenga el hombre en el tiempo y en el espacio, por su temperamento, etc., pero es un hecho universal que en todo lugar encontramos ciertas ideas que son equivalentes a esta experiencia básica del hombre: a saber, que más allá de su propia voluntad, o además de su propia voluntad, todavía hay otra voluntad, sea lo que sea.

En la observación, la libido aparece actuando desde el origen de la vida del ser humano en la dialéctica narcisista. Desde el período llamado pasivo de la libido pregenital (cuando la zona erógena genital aún no es predominante), ésta parece animar la función simbólica; ello se ve con claridad en lo referente al individuo adulto y a la trama dialéctica narcisista e interrelacional, en lo que tiene ésta de intersubjetivo.
Sin duda, esta indisociabilidad de la vida consciente e inconsciente es lo que trastorna las leyes de lo que hemos creído que era la ciencia -observación de un testigo neutro, que no influye sobre lo observado-. Este trastorno del ordenamiento de la ciencia se produjo dentro de una técnica, por lo demás rigurosa, de no intervención: la técnica psicoanalítica. La libido genital es también la que actúa en los procesos de la inteligencia humana yoica, cuyo inmenso dominio se mantiene, sin embargo, en el registro narcisista, es decir, personal.
La libido genital observable en este registro conduce al investigador a la comprensión de lo impersonal. En ella, la simbología, descargada del peso de lo imaginario, parece desempeñar aún su papel creador (apreciable sólo en sus consecuencias fálicas), prueba incontestable de que la libido escapa al control limitativo impuesto por la observación de las existencias personales.

La libido nunca llega de lo inconsciente en un estado carente de forma, sino siempre en imágenes.

La energía mental (…) toma forma de idea o imagen. Cuando percibes energía psíquica, percibes una imagen; por lo tanto, toda imagen posee energía. La energía reprimida llega en forma de fantasía y mediante la realización de tal fantasía se libera la energía.

El primitivo concibe tal energía como “alma”. (…)

Las imágenes son energía o libido. Esta es la razón por la que el mago hace imágenes, porque tales cosas son energía – energía mágica. En la medida en que tales figuras te causan una impresión, se libera energía. Un objeto que puede hacer esto es, de hecho, mágico. Por ejemplo, la Mona Lisa atrae a la gente, es energía. Un cuadro así es mana, fetiche, etc. El valor mágico del objeto existe en ciertas imágenes.






miércoles, 3 de abril de 2019

Rastros



La simbolización aleja progresivamente al sujeto del recurso al placer del cuerpo a cuerpo, que eclipsa la relación de sujeto a sujeto. Todo representante de pulsiones ajeno al cuerpo propio del deseante es ya una mediación en el camino del dominio del deseo y de su valorización humanizante, en acuerdo con la ley de vida entre humanos. Todo ser humano es naturalmente social, a condición de que lo social no invalide un deseo que está en pos de su cumplimiento en el placer.

F. Dolto.



sábado, 16 de febrero de 2019

Gesto



No existe el infinito:
el infinito es la sorpresa de los límites.
Alguien constata su impotencia
y luego la prolonga más allá de la imagen, en la idea,
y nace el infinito.
El infinito es el dolor
de la razón que asalta nuestro cuerpo.
No existe el infinito, pero sí el instante:
abierto, atemporal, intenso, dilatado, sólido;
en él un gesto se hace eterno.
Un gesto es un trayecto y una trayectoria,
un estuario, un delta de cuerpos que confluyen,
más que trayecto un punto, un estallido,
un gesto no es inicio ni término de nada,
no hay voluntad en el gesto, sino impacto;
un gesto no se hace: acontece.
Y cuando algo acontece no hay escapatoria:
toda mirada tiene lugar en el destello,
toda voz es un signo, toda palabra forma
parte del mismo texto.

Chantal Maillard

jueves, 14 de febrero de 2019

Esa puerta

Cruzar esa puerta, pequeña, dispuesta
como los recuerdos
que se levantan sobre el monte
para enmarcar y conservar.
Los recuerdos son redondos,
El deseo es afilado, es el río.
Es el mar
el único que se permite la agresividad.
Mirarlo frontalmente y atreverme a nombrarlo.







 

Del amor


DEBE SER COSA del mar, porque es agua
lo que insiste debajo de mi piel
y me requiere,
un mar celoso que me obliga
a embarcarme en mis ojos,
nunca ya en tus caricias.


Del amor - Chantal Maillard


domingo, 3 de febrero de 2019

Parpadeo



Comenzar de nuevo cada vez que pestañeo, como si el cerrar de los párpados fuera una especie de control-z, una vuelta a empezar desde cero, un rayo que ilumina y que ciega sin saber cuándo comienza uno o cuándo termina el otro. El marcador no lleva bien lo de acumular puntos, aunque a veces parezca que toda su vida es una acumulación de vueltas y de ciclos poco constructivos. Los párpados no tienen la misma culpa ni la misma ligereza, se deslizan pesados para cerrarse, pero deben levantar un peso mayor cada vez que vuelven a abrirse, como si sus pestañas cargaran más cantidad de polvo difícil de borrar, como si al cerrarse dejaran una huella sobre el soplo que intentan mantener vivo, como si al abrirse levantaran con ellos las sábanas frescas y el olor a dulzura que desprenden. 

Todo lo que no te gusta. 

No podemos predecir cuánto tiempo puede durar el estado en el que una casa deja de ser un laberinto mal construido para empezar a ser una bella estancia iluminada por el blanco de sus bañeras diáfanas. Hay ciertas imágenes que ya no quiero ver, son esos brazos transportando la hierba para alimentar tu insaciable necesidad de imposibles, de correcciones aislantes y construcciones defensivas, para no dejar entrar, para no dejar salir.

lunes, 7 de enero de 2019

El peso



Para que algo acontezca no basta un accidente,
no es suficiente un muerto,
ni dos, ni dos millones.
Un acontecimiento es un olor que espera
que alguien lo respire,
una herida que aguarda encarnarse,
el agua de un torrente
inundando los poros,
una mirada que cruza el aire
y encuentra a alguien que le hace señas
y en la seña, en ella, se reconoce.
Uno puede negarse al acontecimiento
y convertir su historia en un simple resumen
de lo ocurrido, pasos que no devienen cruce
y se apagan en vida, o se secan.
Uno puede negarse a saberse en el otro,
basta con acercarse a todo con un walkman
conectado a la carne,
enfundado el cerebro en aquella sustancia
impermeable que nos inmuniza,
basta con refugiarse en un desmayo a tiempo,
en el deseo de amar, u ocultarse
en la furia o en el número de una cuenta bancaria.
De hecho, lo más frecuente es
que llevemos cosida el alma a su forro
como los trajes nuevos sus bolsillos,
para evitar que se deformen
por el peso.



Chantal Maillard
Matar a Platón

domingo, 6 de enero de 2019

Rendijas



Está creciendo el número de los espectadores.
No como una marea, no:
como crecen los sueños
cuando el que sueña quiere saber qué se le oculta.
Crecen desde los huecos, desde los callejones,
desde la transparencia de las ventanas, desde
la trama, el argumento,
complicando la historia
ocupan las rendijas, los ojos de las tejas,
cruzan por las cornisas,
por los desagües bajan,
crecen en todas direcciones,
dispersando complican,
añaden, superponen, indagan desde dentro
lo que fuera no alcanzan, gigantesco
cuerpo vampiro que procura
saberse vivo por un tiempo,
saberse vivo por más tiempo,
saberse vivo tras la página
que le invita a crecer, denso, fluido y compacto,
urdiendo sus defensas
al tiempo que investigan la manera
de saber sin sufrir
de ver sin ser vistos.


Chantal Maillard
Matar a Platón

miércoles, 2 de enero de 2019

Vacío

"Permanecí boca a bajo, en contacto con la tierra cálida, y me olvidé del rocío helado y de los perros nocturnos. Sentí que era por eso por lo que había venido: para despertar al amanecer en la ladera de un monte y esparcir la mirada sobre un mundo para el que no poseía palabras, para empezar desde el principio, sin palabras y sin planes, en un lugar que aún no contenía mis recuerdos" (Lee, 1985 ,45).

David Le Breton. Elogio del caminar



Fotos de Óscar Górriz




Semillas

Es una experiencia así la que cuenta Julien Gracq: "Penetramos andando en una de las altas avenidas negras. La calma de la noche era absoluta; un agua gris y cenicienta llenaba la zanja estancada entre los acantilados a pico de los árboles, como el agua de un cañón submarino. Muy pronto, la marcha se hizo silenciosa, luego nos empezó a invadir una sensación de malestar; habíamos salido para una larga marcha, apenas media hora después, decidimos desandar el camino. Creí entrever aquella noche la fuente de la angustia que pesa sobre la travesía de los grandes bosques en una noche sin luna". La noche urbana carece de este tipo de brillo, pues debido al persistente ruido de los automóviles -que despoja de todo misterio- y al horizonte cerrado por los edificios, no hay dimensión metafísica alguna y, sobre todo, porque la luz tamizada tiene como único objetivo precisamente el de neutralizar el miedo, banalizar el lugar.

David Le Breton. Elogio del caminar





martes, 1 de enero de 2019

Geografía afectiva




Llaman a la puerta de casa y, como suele ser habitual en mi, abro sin titubear ni preguntar. En la puerta hay un chico desnudo y muy atractivo interesado en venderme algo, creo que son semillas de tejo. Me aseguro de tener las llaves conmigo porque me doy cuenta de que he cerrado la segunda de las puertas de mi casa. Para entrar hay que pasar antes por un pequeño descansillo o rellano, una pequeña llanura entre puerta exterior y puerta interior que hace los efectos de aislamiento térmico, similar al que antiguamente tenían las galerías. Una de las consecuencias de tener un mal aislamiento térmico en una casa es la pérdida de calor, lo cual es una merma de energía innecesaria. Después de dejar entrar a alguien hasta la cocina es mucho más complicado echarlo, y existen métodos menos violentos para hacerlo. 
Tras ofrecerme su desnudez, el chico vendedor de semillas descubre que se acercan unos vecinos incómodos y decide que es mejor ponerse un pantalón de chándal. 

No hay día que no piense en salir a caminar por la playa, la arena del puerto, la llanura, el rellano, las sienes o los vértices de tus cejas. Hay paisajes urbanos, rurales, agrestes, salvajes, de mar, montaña o de río, y todos ellos dependen del clima afectivo con el que los recorras. El camino, al igual que el cuerpo, nunca mide lo mismo. Encuentras, cada vez que lo recorres, diferentes envergaduras, volúmenes y valores. Me gusta salir a caminar porque en cada piedra puedo ver la rigidez mental que me invade en ocasiones; en cada montaña descubro lo suave que puede llegar a ser mi sensualidad si permito que se expanda a través del sol, poroso, permeable y esponjoso, que traspasa todos los aislantes térmicos de mi piel, para llegar directamente hasta la cocina. En cada tejo puedo ver la historia de un lugar al que, antes que yo, han llegado muchos otros, han pisado y han pensado las mismas imágenes que hoy se pasean por mi mente, impidiéndome avanzar y cerrándome el paso ante el terror de las sombras que incitan a volverme sobre mis pasos. Esas mismas imágenes que, con la luz de la mañana se esconden para permitir que sean ahora los pies los que creen y crean el camino, la historia.
Mi nuevo príncipe es el tejo, él tiene una madera flexible, fuerte e imputrescible. Es capaz de adaptarse a las condiciones más extremas, a los climas afectivos de alta montaña y a las geografías imposibles, su identidad no está en el tamaño ni en la forma, la esencia de su fuerza está en reconocerse el más débil, en la doble cualidad, esto es lo que lo protege de ser destruido. A veces es tóxico y a veces curativo, puede encontrarse al pié de los cementerios e iglesias como símbolo de inmortalidad, en otras ocasiones es lúgubre y venenoso, a determinadas temperaturas emite toxinas gaseosas, con efectos alucinógenos, y esto hace que aumenten las leyendas mágicas asociadas a su poder, el poder que le otorgan como tónico cardíaco, loción contra las picaduras de víboras o contra el reumatismo, e incluso como anticancerígeno, gracias a los "taxanos" que contiene su corteza y hojas. El tiene la capacidad de creer y de crecer, quiso atravesar la dificultad de los accesos que te conducen hacia su sabia. La sabiduría del tejo.