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viernes, 16 de septiembre de 2022

Camino




Por mucho que la inteligencia afirme las verdades metafísicas y escatológicas, la
imaginación —o el subconsciente— sigue creyendo firmemente en el mundo, no en
Dios ni en el más allá; todo hombre es a priori hipócrita. La vía es precisamente el paso
de la hipocresía natural a la sinceridad espiritual.

Amar a Dios no es cultivar un sentimiento —es decir, algo de lo que gozamos sin
saber si Dios goza de ello—, sino que es eliminar del alma lo que impide a Dios entrar
en ella.


Frithjof Schuon

 

viernes, 2 de septiembre de 2022

Serpiente / septiembre


La serpiente es un símbolo primordial, todas las civilizaciones antiguas la han utilizado para avisarnos de los peligros de la dualidad. Pierre Hadot nos dice «Se pueden reconocer en la figura del caduceo los dos grandes motores que, según Goethe, actúan en los procesos naturales: la polaridad y la ascensión»

Trípode de ofrenda. Vara de Asclepio, con la característica serpiente como atributo, emergiendo del ónfalo. Éfeso, actual Turquía.

Tres escenas tipológicas: Melquisedec, La serpiente de bronce, y Abraham e Isaac (1889) por William Butterfield. Todos los Santos, Margaret Street, Londres. 


Isis sosteniendo una antorcha entre dos serpientes, una portando la doble corona de Egipto y otra sosteniendo el caduceo de Hermes


Diosa-serpiente , amuleto de oro encontrado colgado del cuello de la momia de Tutankhamón


Estatua de Asclepio, exhibida en el Museo del Teatro de Epidauro. (Michael F. Mehnert / CC BY-SA 3.0 )


Relieve en la fachada principal del Museo del Prado, en el madrileño Paseo del Prado. El detalle muestra el lado derecho del friso esculpido por Ramón Barba y sus ayudantes, a partir de 1825. Vemos representado al rey Fernando VII, rodeado de dioses de la antigüedad clásica, como Atenea, Apolo (con la lira), Hermes (y el caduceo) y Poseidón (sentado con su tridente).



Hermes retratado en un fresco de Tiepolo en el Palazzo Clerici, Milán



Adoración de la serpiente. Fresco en la capilla de Eleanora de Toledo. Agnolo Bronzino


Serpiente del castro de Troña

Francisco Javier Torres Goberna nos habla en su blog sobre el culto a la serpiente en el SO de Galicia

"También la serpiente es un animal que aparece con asiduidad en la tradición gallega. Al igual que sucede en otras leyendas irlandesas y britanas, en la mitología gallega aparecen mujeres encantadas o mouras que toman la apariencia de serpientes. Las antiguas creencias populares también refieren la presencia de la serpiente vinculada a santos o a difuntos que adoptan esta forma.

Aún hoy en día la mención la serpiente es muy frecuente en la toponimia de Galicia y actualmente, entre otros, todavía se conserva en los siguientes lugares: Pozo da Serpe y Furna da Serpe (Vigo); Cabo da Serpe (Redondela); Rabuserpe (Moaña); Serpe (Poio); A Serpente (O Grove); Cabo da Serpe y Cavadas da Serpe (A Lama); Cova da Serpe (Ferrol); Sobre a Serpe (Cedeira); Cova da Serpe (A Laracha); Pena da Serpe (Moeche); A Serpe y Fonte da Serpe (As Somozas); A Serpente (Touro); Camiño da Serpe (Paderne); Cruceiro da Pedra da Serpe (Ponteceso); Serra da Cova da Serpe (entre las provincias de A Coruña y Lugo); Cova das Serpes y Rego das Serpes (Barreiros); Cal da Serpe (Viveiro); A Furada da Serpe y Montes da Serpe (Foz); A Serpentiña (Pantón); Val da Serpe (Manzaneda)."


domingo, 14 de agosto de 2022

Saturno





En los días de mucho calor, las noches son un verdadero paraíso donde poder respirar y dejarse envolver por la suave oscuridad. Salir a caminar, a observar cómo la gran luna que vemos estos días en los cielos es también ella observadora, un poco celosa, de la danza de Perseidas que transcurre en el extrarradio nocturno del cielo, es en realidad un camino de puertas abiertas hacia el asombro. No en vano la luna trata de afearles el espectáculo robándoles protagonismo a las Perseidas y de paso también un poco de luz al sol, para abrirnos paso entre las sombras de la noche. Pero es que Perseo, constelación que has de buscar en el cielo para orientar tu mirada y situarte en primera fila del espectáculo, es el caballero nacido de la lluvia de oro, él es el fruto del encuentro entre el espíritu y la materia, lo sutil y lo corpóreo; nadie como él sabe mejor de dónde vienen y a donde se dirigen estas lágrimas de agosto y de San Lorenzo que parecen caer sobre nuestras cabezas, para quien tenga el valor de dejarse tocar por ellas.

Noche de viernes 12 y madrugada de sábado 13, todo parece conducir hacia el 'monte do Cristo', tras un intento fracasado de acudir a una montaña más alta, el destino quiso traernos al lado de casa, para mostrarnos algo bien diferente de lo que yo pensaba encontrar. Podrían describirse como ángeles caídos del cielo, aunque para el común de los mortales, serían solo dos incautos más, acudiendo a la tenue llamada de las estrellas. 

Allí nos dirigimos Pepe (otro de mis ángeles de la guarda en Doncos), Barri (su perro) y yo, a una mesa que él mismo construyó a partir de una antigua lápida sobre grandes troncos de castaño. Una gran extensión cubierta de retamas, que se abre a la luz del manto y majestuoso celeste, la mesa marca el punto de encuentro, de confluencia y de reunión. A ella acudimos los convocados, el primero en llegar, tumbado sobre la mesa y mirando al cielo, nos asusta tanto como nosotros a él, pues llegamos sin linternas, y lo que parecía que sería una bestia negra encaramada en la mesa era en realidad un hombre tumbado mirando al cielo. Grata sorpresa, sobre todo después de los fallidos intentos de convencer a otros incautos para acompañarnos. Él es Tomás y en lugar de física, le hubiera gustado estudiar astrofísica (en ésta, como en el resto de ciencias, los límites no están claros), algo en su interior lo empuja cada noche a este monte para observar los astros sin los cuales la física no existiría, porque la física sin astros no es nada, como tampoco lo es la tierra sin el cielo. Nos unimos a él, tumbándonos en el silencio del suelo, interrumpido de vez en cuando por una cálida conversación de miradas al cielo. El canto de los grillos y el gozo de Barri tratan de contagiarnos algo de su felicidad plena.

Contentos por haber pescado alguna que otra fugaz y sutil estrella, aparece después de un rato el cuarto convocado. Carmelo, amante de los pájaros y cargado con un telescopio que suele usar para observarlos, llega dispuesto a descubrir si ese planeta que tanto brilla en el cielo es (como nosotros creímos) Venus o es en realidad Júpiter. Después de montar rápidamente el instrumento de la magia, se dispone a apuntar, en prioridad de cercanía, a la luna primero (no vaya a ser que se moleste) y después directamente a Venus, que resulta ser finalmente Júpiter, lo reconocemos por sus cuatro lunas (visibles para nosotros, aunque sabemos que tiene más). De los llamados planetas exteriores o gigantes gaseosos, Júpiter es el que está más cerca del Sol, por eso y por su enorme tamaño es que lo podemos ver como uno de los más brillantes en el cielo. El siguiente objetivo será ese otro puntito pequeño que se ve a lo lejos, cerca de la luna y que no produce destellos como el resto de estrellas. 



Es así como, siguiendo el rastro de las Perseidas, me encontré con la maravillosa imagen de los anillos de Saturno, grabada ya a fuego para siempre en mis pupilas. El padre de todos los mitos, gran mago de la oscuridad, sol negro, resplandor púrpura. Algo me dice que siguen hablando, los oigo charlar sobre diferentes temas de actualidad, sin substancia. Temas vacíos, para así poder dejar espacio en la mente al infinito de Saturno.

Son muchas las mitologías ancestrales que nos hablan de Saturno como nuestro primer y anterior sol, ciclo previo de creación y destrucción, simiente de la nueva vida. Cuando no existía el día ni la noche, hubo un tiempo en el que la Tierra formaba un pequeño sistema en movimiento espiral junto con Venus y Marte, alrededor de Saturno. Tras un gran impacto entre Saturno y el Sol los tres planetas pasarían a formar parte del nuevo sistema regido por el nuevo Sol, nacimiento de la Edad Dorada. Se le solía representar con una hoz o guadaña, que usó como arma para castrar y destronar a su padre, Urano. En Atenas se celebraba el duodécimo día de cada mes una fiesta llamada Cronia en honor a Crono, para celebrar la cosecha, sugiriendo que, como resultado de su relación con la virtuosa Edad Dorada, seguía presidiendo las cosechas como patrón.

Es el dios original, Saturno para los romanos, Baal para los fenicios, Shamash para los acadios, Osiris para los egipcios, Cronos para los griegos, Él para los cananeos, Brahma en la India, Marduc para los babilonios…

Las saturnales se celebraban en el Imperio romano en honor al dios Saturno, durante el solsticio de invierno, coincidiendo con las fiestas de la embriaguez de Babilonia, rito de celebración del renacimiento del nuevo año, las casas se decoraban con vegetación, se encendían velas, y se permitía la subversión de los órdenes habituales, en un ambiente carnavalesco.

Como nos explica Raimon Arola en la revista de arte y simbolismo ARSGRAVIS:

En los prolegómenos del mito de sucesión, la santa mitología de los griegos narra un pasaje cruel e incomprensible en el que Saturno castra a su padre, Cielo, y que éste, a su vez, es castrado por su hijo, Júpiter, siendo su miembro reproductor arrojado a la tierra. En los libros alquímicos se explica el significado de este relato fantástico; es un modo de enseñar cómo se trasmite la semilla divina a la tierra de los hombres o, dicho de otro modo, cómo el espíritu de los mundos busca fijarse y condensarse en un lugar, el «lugar terrible» que Jacob conoció gracias a su experiencia iniciática.

La leyenda del rey egipcio Osiris se refiere al mismo misterio. El hermano de Osiris, Tifón, cuyo corazón desbordaba envidia, decidió matar al rey para ocupar su lugar. Mediante un engaño lo encerró en un ataúd, es decir, dio medida a lo inconmensurable, encerrando al alma del mundo en las tinieblas de la muerte. Cuando Basilio Valentín titula a la serie de grabados que analizamos, «La operación del misterio filosófico», se refiere a dónde y cómo puede encontrarse la semilla del oro celeste, enterrada en la estrechez y angustia del mundo caído a fin de que resucite y pueda, a su vez, ayudar a sus hermanos.

«Cuando nació Osiris una luz gritó por toda la tierra: El Señor de todo sale a la luz. Y una mujer se llenó de inspiración divina y salió corriendo, gritando: Ha nacido el rey Osiris.» Versión de M. A. Murray de la leyenda de Isis y Osiris. En la Biblioteca de Cuentos Maravillosos de la editorial Olañeta.


El Saturno Mitológico se exiló en Roma, y el poeta Ovidio escribió en “Fasti” 1-235-238:

“(…) En esta tierra Saturno fue recibido, cuando fue expulsado por Júpiter del ámbito celestial; por esto el nombre del pueblo Saturnino, usada durante mucho tiempo por nuestra gente, y también esta tierra se llamó Latium, porque aquí el dios se escondió.”

Ciertamente, de acuerdo con la etimología Antigua la misma palabra Latium (moderno Lazio, de ahí Latin, etc.) viene de latere, “estar escondido”, y se refiere a Saturno.

Capítulo 28 del libro The Bright Side of Saturn, de Carlos Cardoso Aveline, traducción del teósofo Juan Pedro Bercial.

 

Saturno es el sexto planeta desde el Sol, su día - el 'Saturn-day' - o sábado, es el sexto día de la semana. Es un planeta único, no solo por sus anillos, también por un extraordinario hexágono en su polo norte que muta de color con el cambio de las estaciones y gira en sentido antihorario, una misteriosa perturbación atmosférica de 30.000 km. de longitud conocida desde 1981, pero que parece confluir con el significado que nuestros antepasados le dieron a este planeta. El hexágono es la figura geométrica que tiene 6 lados, 6 ángulos y 6 triángulos en su interior, por lo que se la asocia con el número de la Bestia, el 666. Las abejas (sagradas para los egipcios y presentes en simbología masónica) construyen celdas hexagonales en sus colmenas, geometría sagrada. Acaso todos los átomos del Universo no están conectados y es por eso que resonamos a través de los símbolos. También a Saturno se le representa como un cubo negro, pues la silueta de un cubo en perspectiva es un hexágono.


Hexágono ubicado en el polo norte de Saturno

En alquimia, el sol negro o sol de medianoche es visto como sinónimo de la nigredo, la primera de tres fases, previa al albedo y a la rubedo en la transmutación de la materia.

El cuerpo debe disolverse en el aire medio más sutil: el cuerpo también se disuelve por su propio calor y humedad; donde el alma, la naturaleza media, sostiene el principado en el color de la negrura, todo en el cristal: esa negrura de la naturaleza que los antiguos filósofos llamaban cabeza de cuervo o sol negro.
 
Marsilius Ficinus, "Liber de Arte Chemica"

 

Glifo alquímico, utilizado para representar el sol 


 Asociada a la putrefacción, involucra a la disolución de la materia prima, para la generación de otra superior (solve et coagula), como por ejemplo el oro. Saturno, en astrología es alquímicamente interpretado como el negro, incluso es conocido como el niger solis, y tiene doble naturaleza, como sustancia arcana, siendo negra por fuera y blanca por dentro. El sol negro es la energía potencial pura, el material preelemental en el que consiste el otro mundo, y del cual nuestro universo está hecho mediante el reflejo.

Sol invicto, viejo rey, sol negro, señor de los anillos. 


Maestro de la concentración, Saturno tiene un papel importante que jugar en la escalera al cielo enseñada en los Misterios Mitraicos de la Roma Antigua. Se dice que esta escalera tiene siete peldaños. El primero se corresponde al “cielo de Saturno”, esto es, el espíritu de ese planeta. [6] En cualquier escalera sagrada, el primer paso hacia arriba preside sobre la transición entre el suelo inferior y el camino al cielo. El primer paso nos hace enfrentarnos a la línea divisoria entre las dimensiones materiales y divinas de la vida. Por lo tanto, astronómicamente, Saturno es el planeta de los anillos y establece el límite entre las secciones “domésticas” y “galácticas” de nuestro sistema solar. 

Mitológicamente, este planeta-espíritu también se corresponde con el dios Judeo-Cristiano Jehová. Cronos/Saturno, el severo Dios en el Paraíso de la Edad Dorada, intenta preservar la vida espiritual impidiendo al ego personal separarse prematuramente, al final de las primeras razas. “Devora” a sus hijos (esto es, egos personales) hacia una unidad no diferenciada, hasta que llegue el momento apropiado para seguir adelante. Cuando la separación/diferenciación vence finalmente, hay una severa y solemne advertencia por parte del Señor saturniano, que expulsa a Adán (la tercera raza-raíz) del Jardín y lo envía para el mundo difícil de la vida dualista (Génesis, 3).

Capítulo 28 del libro The Bright Side of Saturn, de Carlos Cardoso Aveline, traducción del teósofo Juan Pedro Bercial.

 







 

miércoles, 10 de agosto de 2022

O pan das flores e o trono Real




La edad del símbolo, de Raimon Arola




E chegou o trono por fin. 
Como tamén foi nun principio, o trono é sempre Real, 
e como él, detona e aturde, desata e arrinca. 
Así é o trono e así o respetan aquí.






viernes, 5 de agosto de 2022

Notas


Resulta casi inevitable que en los tiempos que corren, alguien no se haya sentido en algún momento interpelado por el pensamiento de Jung. No solo porque sus frases pululan por las redes y se comparten masivamente a modo de recetas rápidas, sino porque ha sabido retratar muy bien las inquietudes existenciales del ser humano de nuestro tiempo.

Atreviéndonos a hacer una afirmación tan controvertida como que no puede haber ciencia sin esoterismo, creemos que en el caso de que no lo haya, al menos ésta no debería invadir su terreno, y esto es justamente lo que hace la psicología profunda de Jung. Veamos algunos ejemplos.

Ante la concepción junguiana del instinto religioso como una función propia de la psique humana, tan básica como la necesidad de refugio o de alimento, por una parte pareciera que podría conectar con la visión neoplatónica del alma por la cual todo ser humano tendría en su alma una conexión con la divinidad, conservaría una porción primera e inmediata del Ser supremo cuya importancia rectora podría asimilarse a la del Sí mismo de Jung.

Plotino lo expresa así en la Enéada IV:

«Este es, pues, el sentido del enigma divinamente formulado: de la fusión de ambas esencias, de la que es indivisible y se mantiene siempre invariable y de la que se hace divisible en los cuerpos, sacó una especie tercera de esencia. El alma es, pues, una y múltiple al modo dicho; las formas inmanentes en los cuerpos son múltiples y unas; los cuerpos, solamente múltiples, y el Ser supremo, solamente uno.»

También la explicación junguiana de la orientación extrovertida e introvertida de la psique humana, parece coincidir con algunas comprensiones tradicionales esotéricas, como por ejemplo esta explicación de Frithjof Schuon acerca del árbol de la Ciencia y de la Vida.

«El árbol de la ciencia del Bien y del Mal representa la Potencia manifestadora o cosmogónica, luego exteriorizadora, con el conocimiento aislador y contrastante que la exteriorización exige; y el árbol de la Vida representa por el contrario la Potencia reintegradora, luego interiorizadora, con el conocimiento participativo o unitivo que la interiorización exige.»

También René Guénon en Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada nos explica que:

«la idea del corazón como centro del ser es común a todas las tradiciones antiguas, procedentes de esa tradición primordial cuyos vestigios se encuentran aún en todas partes para quien sabe verlos. Advertirán también la idea de la caída que rechaza al hombre lejos de su centro original e interrumpe para él la comunicación directa con el “Corazón del mundo”, tal como estaba establecida en modo normal y permanente en el estadio edénico.»
«En el hombre, la fuerza centrífuga tiene por órgano el Cerebro, la fuerza centrípeta, el Corazón. El Corazón, sede y conservador del movimiento inicial, está representado en el organismo corpóreo por el movimiento de diástole y de sístole que devuelve continuamente a su propulsor la sangre generadora de vida física y la rechaza para irrigar el campo de su acción. Pero el Corazón es además otra cosa. Como el sol, que, a la vez que difunde los efluvios de la vida, guarda el secreto de su realeza mística, el Corazón reviste funciones sutiles, no discernibles para quien no se ha inclinado hacia la vida profunda y no ha concentrado su atención en el reino interior del cual él es el Tabernáculo… El Corazón es, en nuestra opinión, la sede y el conservador de la vida cósmica. Las religiones lo sabían, cuando hicieron del Corazón el símbolo sagrado, y también los constructores de catedrales que erigieron el lugar santo en el corazón del Templo. Lo sabían también aquellos que en las tradiciones más antiguas, en los ritos más secretos, hacían abstracción de la inteligencia discursiva, imponían silencio a sus cerebros para entrar en el Santuario y elevarse más allá de su ser relativo hasta el Ser del ser. Este paralelismo del Templo y el Corazón nos reconduce al doble modo de movimiento, que, por una parte (modo vertical), eleva al hombre más allá de sí mismo y lo desprende del proceso propio de la manifestación, y por otra parte (modo horizontal o circular), le hace participar de esa manifestación íntegra.»

Estas afirmaciones nos conectan con la explicación que Jung da acerca del mito del héroe como la lucha que todo ser humano vive en su interior si inicia el camino de ampliar su consciencia.

«No le bastaba al hombre primitivo con ver la salida del sol, sino que esta observación exterior debería de ser al mismo tiempo un acontecer psíquico. Esto es, que el curso del sol debería representar el destino humano de un dios, de un héroe que no vive sino en el alma del hombre».

Y sin embargo, esta porción de lo divino que Jung parece percibir en todo ser humano termina por clasificarla como irracional, arquetípica (inconsciente) e incluso fantasiosa (para Jung Dios es una imagen psíquica) colocándola por debajo de la razón, en oposición a la concepción esotérica que René Guénon denomina ‘intuición intelectual’. El arquetipo junguiano, frente a la concepción freudiana del inconsciente como algo individual, se define como fenómeno colectivo, es por esto que parece complicado encontrar una posibilidad de Objetividad, de Intelección, o capacidad de Absoluto en su concepto de arquetipo, ya que el arquetipo entendido a la manera junguiana está compuesto de imágenes y éstas solo pueden ser fruto de la fantasía, no del Intelecto o el conocimiento del Corazón.

En este sentido resultan interesantes estas palabras recogidas en su autobiografía y que rescato del documento Una aproximación al fenómeno religioso en la obra de CG Jung, de Néstor E. Costa.

«Que la divinidad actúa sobre nosotros, sólo podemos comprobarlo por medio de la psique, en lo que, sin embargo, no nos es dado distinguir si estas influencias proceden de Dios o de lo inconsciente, es decir, no puede decirse si la divinidad y lo inconsciente son dos dimensiones distintas. Ambas cosas son nociones límites de contenidos trascendentales.»

Recojo a continuación algunas frases de Jung extraídas del siguiente artículo de Gabino Tabossi:


«Los Padres [de la Iglesia] que han elaborado el dogma de la Trinidad no lo han hecho consciente y voluntariamente, sino bajo la influencia inconsciente del arquetipo que, en otras épocas y en otras civilizaciones, ha dado lugar a otras expresiones simbólicas de forma triádica.»

 

«Para mí [Dios] es la energía psíquica en general, la líbido quien crea la imagen de la divinidad utilizando los modelos arquetípicos, y el hombre en consecuencia rinde honor a la fuerza activa en él. Llegamos así a la conclusión de que la imagen de Dios sería ciertamente un fenómeno real, pero en primer lugar subjetivo.»

 

«La figura de Dios es en primer lugar una imagen psíquica, un complejo representativo de naturaleza arquetípica que la fe identifica con un ‘ens’ metafísico.»
«Toda imagen de Dios es más o menos antropomórfica.»

“… Jung rechaza esta noción de mal porque dice que si hablamos judicialmente de algo como bueno significa que también deberíamos hacerlo, en un mismo plano óntico, al referirnos a lo malo como tal. Si el bien es acto el mal también lo es. De lo contrario la oposición mal-bien es una concesión lingüística abusiva al colocar los términos del binomio en un mismo nivel ontólogico, siendo que, según tradicionalmente se ha enseñado –dice críticamente Jung- el bien posee mucha más realidad óntica. Para hacer justicia al uso de las palabras y a la certeza de los juicios al hablar de cosas “malas” lo mismo que de las “buenas”, el psicoanalista propone conferir sustancialidad metafísica al mal, lo mismo que hacemos respecto del bien. Es decir, que si el bien es sustancial también lo debe ser el mal. De lo contrario

«el bien se tornaría fantástico puesto que no se defendería contra un adversario real, sino solamente contra una sombra, contra una ‘privatio boni’.»

 

“ El Diablo es bueno, porque el Diablo en definitiva no es otro que una imagen o rostro de Dios, de su misma categoría.

«Esto conducirá directamente a ciertas concepciones gnósticas según las cuales el Diablo o Satanás sería el primer hijo de Dios, mientras que Cristo sería el segundo. Como otra consecuencia lógica, tendríamos la supresión de la fórmula trinitaria que sería reemplazada por una cuaternidad.»

Por tanto la idea que Jung nos traslada de Dios, lógicamente en relación con la experiencia que él observa en la clínica, nos revela mayoritariamente una manifestación psicológica e inconsciente que pareciera tener más relación con lo satánico que con lo Divino. La concepción divina entroncada con lo inconsciente que propone Jung se parece más a la definición de ideología, ésta sí es específicamente inconsciente y se camufla a través de los diferentes ídolos que cada época ofrece a las personas, si en alguna época se le ha llamado Dios a este ídolo no significa que debamos confundirlo. Ciertamente, como Jung expone, la función 'ideologizante' que en otras épocas ejercieron instituciones eclesiásticas, hoy la ejercen de igual manera otro tipo de instituciones como la escuela, el hospital, los medios de comunicación, etc... 
El historiador español José Luis Rodríguez Jiménez define ideología como «un universo de valores o conjunto de ideas que reflejan una concepción del mundo, codificados en un cuerpo doctrinal, con el objetivo de establecer canales de influencia y de justificación de sus intereses (del grupo social o político que la sostiene)». Derivada de esta confusión con respecto a lo Divino, es lógico que Jung termine por darle sustancialidad metafísica al mal. A veces resulta menos confuso, para hablar de este aspecto divino en el hombre, utilizar la palabra Humano, pues llegar a desarrollar lo más específicamente humano que hay en nosotros pasa precisamente por no reprimir la porción del Ser supremo que habita en el alma. Al hablar de libido proyectada y de energía psíquica, Jung habla de un Dios antropomorfizado, es decir, de una fantasía de Dios, no del centro del que emana dicha energía al que se refiere el esoterismo. Pensamos que es una cuestión que no debería ser ignorada si se trabaja con la psique. Al menos la concepción esotérica del Bien Supremo, lo Absoluto, o lo Divino nos dice otra cosa, como ejemplo algunas frases de Frithjof Schuon extraídas de “El esoterismo como principio y como vía”.

“Mientras que el exoterismo se encierra en el mundo de lo accidental y de ello se enorgullece con gusto cuando quiere marcar su sentido de lo real frente a lo que se le aparecen como nubes, el esoterismo tiene conciencia de la transparencia de las cosas y de la Substancia subyacente, cuyas manifestaciones son la Revelación, el Hombre-Logos, el Símbolo doctrinal y sacramental, y también, en el microcosmo humano, la Intelección, el Corazón-Intelecto, el Símbolo vivido. Ahora bien “manifestar” es “ser”, el Nombre y lo Nombrado son misteriosamente idénticos. El santo y, con mayor razón el Hombre-Logos es, por una parte, Manifestación de la Substancia en lo accidental y, por otra, Reintegración del accidente en la Substancia”.

“Decir que la prerrogativa del estado humano es la capacidad de ser objetivo, equivale a reconocer que el contenido quintaesencial y la última razón de ser de esta capacidad es el Absoluto: porque la inteligencia es objetiva en la medida en que registra, no solamente lo que es, sino también todo lo que es. Una inteligencia que rehusa el Absoluto no da cuenta de lo Real total al que está proporcionada; no es ya humana, y al no poder ser animal puesto que de hecho pertenece al hombre, no tiene otra alternativa que ser satánica.”

“En el Avatâra hay, con toda evidencia, separación entre lo humano y lo divino _o entre el accidente y la Substancia_. Y después, mezcla, no entre el accidente humano y la Substancia divina, sino entre lo humano y el reflejo directo de la Substancia en el accidente cósmico; se puede calificar de “divino” a este reflejo en relación con lo humano, a condición de no reducir de ningún modo la Causa al efecto.”

“El hombre es racional porque posee el Intelecto, que por definición es capaz de absoluto y por consiguiente de sentido de lo relativo como tal; y posee el Intelecto porque está hecho “a imagen de Dios”(...) Sin apertura hacia la trascendencia, la inteligencia humana sería un lujo tan inexplicable como inútil.”

“Pero el paso de la inocencia primordial al “conocimiento del bien y del mal” y a la experiencia de las posibilidades centrífugas no es presentado siempre como un primer pecado y una caída: según diversas mitologías, en efecto, el hombre fue destinado a priori a este pleno desarrollo de su personalidad que es la entrada en el mundo de la contingencia oposicional y en movimiento; era preciso que fuese testigo, en nombre de Dios, de las vicisitudes de la exterioridad cósmica. Desde este punto de vista, la Felix culpa de San Agustín se explica y se justifica, no sólo por el advenimiento de Cristo, sino por la necesidad del pleno desarrollo humano; Cristo y la Virgen _nuevo Adán y nueva Eva_ aparecen entonces, menos como una compensación imprevista que como la prueba de esta necesidad paradójica de la posibilidad humana: de esta necesidad de caer para poder llevar la conciencia de lo Divino a los confines de lo que es humanamente posible.”

En el arduo camino de la pasión al deseo, el ser humano vive sumergido y por tanto subvertido.

En el alma









 




martes, 26 de julio de 2022

Eterna duración








El cielo es eterno y la tierra permanece.
El cielo y la tierra deben su eterna duración
a que no hacen de sí mismos
la razón de su existencia.

Lao Tse



 

jueves, 21 de julio de 2022

Velo







"Si no se puede comprender el Absoluto es porque su luminosidad es cegadora; por el contrario, si no se puede comprender lo Relativo, es porque su oscuridad no ofrece ningún punto de referencia. Al menos, ello es así cuando consideramos la Relatividad en su apariencia de arbitrariedad, porque ella se hace inteligible en la medida en que comunica el Absoluto, o en la medida en que aparece como emancipación del Absoluto. Comunicar el Absoluto, velándolo, es la razón de ser de lo Relativo."

Frithjof Schuon

 

miércoles, 22 de junio de 2022

Dos San Juan

 

ACERCA DE LOS DOS SAN JUAN (1)

Aunque el verano sea considerado generalmente como una estación alegre y el invierno como una triste, por el hecho de que el primero representa en cierto modo el triunfo de la luz y el segundo el de la oscuridad, los dos solsticios correspondientes tienen sin embargo, en realidad, un carácter exactamente opuesto al indicado; puede parecer que hay en ello una paradoja harto extraña, y empero es muy fácil comprender que sea así desde que se posee algún conocimiento sobre los datos tradicionales acerca del curso del ciclo anual. En efecto, lo que ha alcanzado su máximo no puede ya sino decrecer, y lo que ha llegado a su mínimo no puede, al contrario, sino comenzar a crecer a continuación (2); por eso el solsticio de verano señala el comienzo de la mitad descendente del año, y el solsticio de invierno, inversamente, el de su mitad ascendente; y esto explica también, desde el punto de vista de su significación cósmica, estas palabras de San Juan Bautista, cuyo nacimiento coincide con el solsticio estival: "Él (Cristo, nacido en el solsticio de invierno) conviene que crezca, y yo que disminuya" (3). Sabido es que, en la tradición hindú, la fase ascendente se pone en relación con el deva-yâna, y la fase descendente con el pitr-yâna; por consiguiente, en el Zodíaco, el signo de Cáncer, correspondiente al solsticio de verano, es la "puerta de los hombres", que da acceso al pitr-yâna, y el signo de Capricornio, correspondiente al solsticio de invierno, es la "puerta de los dioses", que da acceso al deva-yâna. En realidad, el período "alegre", es decir, benéfico y favorable, es la mitad ascendente del ciclo anual, y su período "triste", es decir, maléfico o desfavorable, es su mitad descendente; y el mismo carácter pertenece, naturalmente, a la puerta solsticial que abre cada uno de los dos períodos en que se encuentra dividido el año por el sentido mismo del curso solar.

1. Esta idea se encuentra, particularmente, expresada varias veces y en formas diversas en el Tao-te-King; se la refiere más en especial, en la tradición extremo-oriental, a las vicisitudes del yin y el yang.

2. San Juan, III, 30.

3. Esas fiestas se sitúan en realidad un poco después de la fecha exacta de los solsticios, lo que manifiesta de modo aún más nítido su carácter, ya que el descenso y el ascenso han comenzado ya efectivamente; a esto corresponde, en el simbolismo védico, el hecho de que las puertas del Pitri-loka y del Deva-loka se consideran situadas respectivamente, no exactamente al sur y al norte, sino hacia al sudoeste y el nordeste.

Extraído de Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada (Buenos Aires, Eudeba, 1988), de René Guénon.


El 24 de junio (solsticio de verano) se conmemora el nacimiento de San Juan Bautista, que según los evangelistas nació seis meses antes que Jesucristo, siendo el único santo del que se celebra el nacimiento y no la muerte. Es el último de los profetas y el precursor del Nuevo Testamento, prepara el camino para la llegada de Cristo (como Elías lo había hecho en el Antiguo Testamento) y también lo identifica cuando llega. Un asceta que vive y predica en el desierto, va vestido con ropa de pelo de camello y lleva un cinturón de cuero. Se alimenta de miel silvestre y langostas.

Yo soy la voz de alguien que grita en el desierto ‘¡Hagan que el camino de Jehová quede recto!’, tal como dijo el profeta Isaías (Juan 1:19-23).

Si no eres el Cristo ni Elías ni el Profeta, ¿entonces por qué bautizas?, le preguntan intrigados. En respuesta, Juan les dice: Yo bautizo en agua. Hay alguien entre ustedes al que no conocen. Es el que viene detrás de mí (Juan 1:25-27).

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel. (Jn 1, 29-34)

San Juan Bautista abre el Nuevo Testamento y San Juan Evangelista lo cierra.

El 27 de diciembre (solsticio de invierno) la Iglesia conmemora a San Juan Evangelista, el más místico y poético de los cuatro, Juan utiliza un lenguaje simbólico de gran altura teológica, por ello se le representa con un águila, un animal considerado como ‘el ojo que todo lo ve’ capaz de mirar al sol directamente y de ascender por encima de las nubes, imagen de la luz espiritual, la profundidad y el fuego. Es considerado en muchas ocasiones como 'el divino' o 'el discípulo amado de Jesús', su estilo literario está plagado de significaciones relacionadas con la renovación espiritual. El patriarca ecuménico de Constantinopla, Atenágoras afirmó: «Juan se encuentra en el origen de nuestra más elevada espiritualidad. Como él, los "silenciosos" conocen ese misterioso intercambio de corazones, invocan la presencia de Juan y su corazón se enciende»

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. (S. Juan 3:7-8)

Uno de sus elementos iconográficos es la caldera de aceite hirviendo, el martirio que sufrió en tiempos del emperador romano Domiciano y del que salió rejuvenecido. Otro elemento de la iconografía de San Juan es la copa o vaso del que sale una serpiente, originado por la tradición cristiana que cuenta como el sumo sacerdote del templo de Diana en Éfeso le ofreció una copa envenenada que bebió después de bendecirla no causándole ningún mal.

Es San Juan Evangelista quien recoge en su evangelio las palabras de Juan el Bautista según las cuales Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, que se convertirán en un signo de gran importancia litúrgica, ya que en todas las misas, tras el recuerdo de la Cena de Jesús (de la "consagración"), se repite: Cordero de Dios... Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo ¡dichosos los llamados a la Cena del Señor!

Por tanto, a través de los dos San Juan se reunificaría un simbolismo dual presente en el cordero: el del sacrificio y misericordia propios del Viejo Testamento y el de la gracia y alabanza propios del Nuevo Testamento.


Sabido es, por lo demás, que en el cristianismo las fiestas de los dos San Juan están en relación directa con los dos solsticios (3), y, cosa muy notable, aunque nunca la hayamos visto indicada en ninguna parte, lo que acabamos de recordar está expresado en cierta manera por el doble sentido del nombre mismo de "Juan" (4). En efecto, la palabra hebrea hanán tiene a la vez el sentido de "benevolencia" y "misericordia" y el de "alabanza" (es por lo menos curioso comprobar que, en nuestra misma lengua, palabras como "gracia (s)" tienen exactamente esa doble significación); por consiguiente, el nombre Yahanán [o, más bien, Yehohanán] puede significar "misericordia de Dios" y también "alabanza a Dios". Y es fácil advertir que el primero de estos dos sentidos parece convenir muy particularmente a San Juan Bautista, y el segundo a San Juan Evangelista; por lo demás, puede decirse que la misericordia es evidentemente "descendente" y la alabanza, "ascendente", lo que nos reconduce a su respectiva relación con las dos mitades del ciclo anual (5).

3. Esas fiestas se sitúan en realidad un poco después de la fecha exacta de los solsticios, lo que manifiesta de modo aún más nítido su carácter, ya que el descenso y el ascenso han comenzado ya efectivamente; a esto corresponde, en el simbolismo védico, el hecho de que las puertas del Pitri-loka y del Deva-loka se consideran situadas respectivamente, no exactamente al sur y al norte, sino hacia al sudoeste y el nordeste.

4. Queremos referirnos aquí al significado etimológico de ese nombre en hebreo; en cuanto a la vinculación entre Juan y Jano, aunque debe entenderse que es una asimilación fónica sin ninguna relación, evidentemente, con la etimología, no por eso es menos importante desde el punto de vista simbólico, ya que, en efecto, las fiestas de los dos San Juan han sustituido realmente a las de Jano, en los respectivos solsticios de verano e invierno.

5. Recordaremos también, vinculándola más especialmente a las ideas de "tristeza" y "alegría" que indicábamos en el texto, la figura "folklórica" francesa, tan conocida, pero sin duda generalmente no comprendida muy bien, de "Juan que llora y Juan que ríe", que es en el fondo una representación equivalente a la de los dos rostros de Jano; "Juan que llora" es el que implora la misericordia de Dios, es decir, San Juan Bautista; y "Juan que ríe" es el que le dirige alabanzas, es decir, San Juan Evangelista.

 

[...]

 

Por otra parte, según el simbolismo masónico, el trabajo iniciático se cumple “de mediodía a medianoche”, lo que no es menos exacto si se considera el trabajo como una marcha efectuada de la “puerta de los hombres” a la “puerta de los dioses”; la objeción que se podría estar tentado de hacer, en razón del carácter “descendente” de este período, se resuelve por una aplicación del “sentido inverso” de la analogía, como se verá más adelante. En el día, la mitad ascendente es de medianoche a mediodía, la mitad descendente de mediodía a medianoche: medianoche corresponde al invierno y al norte, mediodía al verano y al sur; la mañana corresponde a la primavera y al este (lado de la salida del sol), la tarde al otoño y al oeste (lado de la puesta del sol). Así, las fases del día, como las del mes, pero en escala aún más reducida, representan analógicamente las del año; ocurre lo mismo, de modo más general, para un ciclo cualquiera, que, cualquiera fuere su extensión, se divide siempre naturalmente según la misma ley cuaternaria.

Tal simbolismo se encuentra igualmente entre los los griegos. También entre los latinos, donde está esencialmente vinculado con el simbolismo de Jano. Jano, en el aspecto de que ahora se trata, es propiamente el ianitor [‘portero’] que abre y cierra las puertas (ianuae) del ciclo anual, con las llaves que son uno de sus principales atributos; y recordaremos a este respecto que la llave es un símbolo “axial”. En efecto, Jano [Ianus] ha dado su nombre al mes de enero (ianuarius), que es el primero, aquel por el cual se abre el año cuando comienza, normalmente, en el solsticio de invierno; además, cosa aún más neta, la fiesta de Jano, en Roma, era celebrada en los dos solsticios por los Collegia Fabrorum. Como las puertas solsticiales dan acceso a las dos mitades, ascendente y descendente, del ciclo zodiacal, que en ellas tienen sus puntos de partida respectivos, Jano, a quien hemos visto aparecer como el “Señor del triple tiempo” (designación que se aplica también a Çiva en la tradición hindú), es también, por lo dicho, el “Señor de las dos vías”, esas dos vías, de derecha y de izquierda, que los pitagóricos representaban con la letra Y, y que son, en el fondo, idénticas al deva-yána y al pitr-yâna respectivamente. Por lo demás, Jano presidía los Collegia Fabrorum, depositarios de las iniciaciones que, como en todas las civilizaciones tradicionales, estaban vinculadas con el ejercicio de las artesanías; y es muy notable que esto, lejos de desaparecer con la antigua civilización romana, se haya continuado sin interrupción en el propio cristianismo, y que de ello, por extraño que parezca a quienes ignoran ciertas “transmisiones”, pueden aún encontrarse vestigios en nuestros mismos días.

Extraído de Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada (Buenos Aires, Eudeba, 1988), de René Guénon.

 


Jano bifronte, capilla de Saint-Vulphy, siglo XVI, Rue (Francia)
 

  

Retablo de los santos Juanes, Maestro de Santa Coloma de Queralt, c. 1356


El cielo hizo el agua para Juan-que-llora e hizo el vino para Juan-que-ríe.

Antoine Désaugiers

 

 ¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora! ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, porque en los seres que el dolor devora el alma llora cuando el rostro ríe!

Juan de Dios Peza

lunes, 13 de junio de 2022

Mito y ecología


La ONU alerta de una triple crisis: calentamiento,
pérdida de biodiversidad y contaminación

 

‘Ninguno de los objetivos mundiales para
la protección de la vida en el planeta y para
detener la degradación de la tierra y los océanos
se ha cumplido plenamente’

 

ALERTA MUNDIAL: El Hombre lleva
a la Tierra a su destrucción

 

A todo ello el informe suma que ‘la degradación
ambiental está impidiendo los progresos hacia el fin
de la pobreza y el hambre’

 

‘Estamos destruyendo el planeta’, ha resumido
Inger Andersen, directora ejecutiva del Pnuma.
‘La prosperidad de la humanidad está en riesgo’, ha añadido




Ilustración Fábula II, de Les Metamorphoses d’Ovide En Latin Et François
(1677) traducida por Pierre Du-Ryer Parisien (no se especifica el autor de
las ilustraciones)

 

¿Qué relación puede haber entre el mito cosmogónico de creación del hombre y los problemas en torno al cambio climático que hoy copan los titulares informativos? Los verificadores de información que tanto proliferan en la actualidad con la supuesta intención de protegernos del engaño, se esfuerzan en hacernos creer que la verdad se encuentra a golpe de clic según consumas la noticia azul o la noticia roja. Sabemos que la explicación periodística intentará disolver toda respuesta que provenga del área mitológica pero sabemos también que en el mito encontramos otras posibilidades de acceso al verdadero orden de cosas. El mito nos habla de acontecimientos que se supone ocurridos en un momento del tiempo, pero esos acontecimientos forman también una estructura permanente, de tal manera que se refiere simultáneamente al pasado, al presente y al futuro.

Palabras como ‘objetivos mundiales’, ‘prosperidad de la humanidad’, ‘vida en el planeta’ que tanto se utilizan en medios informativos para hablar sobre la crisis medioambiental, resultan un poco absolutas a la vez que fantasiosas, pareciera incluso que nos hablan desde esas coordenadas propias del tiempo fuera del tiempo características del mito. Resulta fácil imaginar que los ‘objetivos mundiales para la protección de la vida en el planeta’ se dilucidan en una gran sala de expertos a la que tienen acceso más bien unos pocos y no precisamente toda la humanidad.

Vemos a menudo en este tipo de relatos informativos la lógica científica unida a la profecía, se emplea frecuentemente la palabra ‘científicos’, para dejar bien claro que son estos los expertos adecuados en la materia, aunque no se especifique el contenido de dicha materia. Por el contrario, muy pocas veces escuchamos el término ‘humanista’ para hablar de cuestiones tan importantes y globales que afectan a toda la humanidad. Puede que a los representantes del conjunto total de humanos en el planeta se les haya olvidado el verdadero significado de la palabra humanidad.

Bucear en los orígenes de las palabras nos conduce no solamente hacia las motivaciones que dieron pie a nuestros antepasados a nombrar la realidad, sino también a comprender esa misma realidad vinculada a las palabras, lo que es en nosotros es también en la naturaleza y como bien expresa Françoise Dolto: 'la palabra tiene, ciertamente, un sentido simbólico en sí misma, es decir que reúne, más allá del espacio y del tiempo, en una comunicación por el lenguaje hablado, registrado, escrito, a seres humanos que, aun sin experiencia adquirida en común, pueden transmitirse' (1).

Atendamos pues a la palabra ‘humanidad’ para ahondar en las cuestiones que afectan a la misma.

La palabra ‘humanidad’ viene del latín humanitas y significa ‘cualidad de humano’. Sus componentes léxicos son: humus (tierra), -anus (sufijo que indica pertenencia, procedencia), más el sufijo -dad (cualidad). La cualidad de pertenecer a la tierra.

Muchos mitos de creación explican el origen del hombre como el fruto de un moldeado divino con el barro de la tierra. Entre los griegos es el titán Prometeo el que moldea al primer hombre del barro de la tierra.

Así se describe en el resumen en prosa de las Metamorfosis de Ovidio:

Después de la separación de los elementos, Prometeo, hijo de Japeto, formó un hombre de tierra y agua con semejanza a los dioses, dándolo vida con una hacha que, por consejo de Minerva, encendió en los rayos del Sol. Irritado Júpiter de su atentado, mandó a Mercurio le atase sobre el Monte Cáucaso, y que un águila le picase el corazón sin quitarle la vida (2). 

Y así en la traducción del original que hace Ana Pérez Vega de las Metamorfosis:

nacido el hombre fue, sea que a él con divina simiente lo hizo aquel artesano de las cosas, de un mundo mejor el origen, sea que reciente la tierra, y apartada poco antes del alto 80
éter, retenía simientes de su pariente el cielo;
a ella, el linaje de Jápeto, mezclada con pluviales ondas,
la modeló en la efigie de los que gobiernan todo, los dioses,
y aunque inclinados contemplen los demás vivientes la tierra,
una boca sublime al hombre dio y el cielo ver 85
le ordenó y a las estrellas levantar erguido su semblante.
Así, la que poco antes había sido ruda y sin imagen, la tierra
se vistió de las desconocidas figuras, transformada, de los hombres (3).

Pero también es así en los antiguos relatos mesopotámicos, y en el libro del Génesis:

Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo de la tierra y sopló en su nariz hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente’ (Génesis 2, 7). ‘Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás (Génesis 3, 19).

En la Biblia, la tierra está presente al principio y al final del ciclo de la vida del hombre, pero la traducción litúrgica no le da el justo sentido al hebreo, que utiliza dos términos diferentes: adama en el primer pasaje del Génesis y afar en el segundo. Adán está modelado a partir de la tierra, adama en hebreo, que remite a la tierra madre, la materia. Adán y Adama forman una especie de pareja en la cual la tierra es la compañera femenina de Adán.

En cambio, afar es la palabra hebrea que indica la tierra seca, estéril, el polvo del suelo que entra en los pulmones cuando sopla el viento. La palabra tiene una connotación peyorativa. Afar reduce al hombre a su estricta condición de mineral. Podríamos traducir el versículo 19 del Génesis 3: «¡Hombre, eres sólo un mineral!» Fonéticamente, afar también se acerca a efer, que significa «cenizas». Para el oído, las dos palabras se pronuncian casi de la misma manera.

El discurso bíblico está lleno de matices. Con adama, el hombre está conectado al potencial de vida de la tierra. Con efer, se le reduce a su estricta composición biológica. «El hombre es polvo y ceniza», resume un dicho de la sabiduría judía. (4)

Robert Graves y Raphael Patai en Los mitos hebreos aclaran que:

Dios no utilizó la tierra al azar, sino que eligió polvo puro, para que el hombre pudiera llegar a ser la cima de la Creación. Actuó, en verdad, como una mujer que mezcla harina con agua y reserva parte de la masa como una ofrenda halla: pues hizo que una niebla humedeciese la tierra y luego utilizó un puñado de ella para crear el Hombre, que se convirtió en la primera ofrenda halla del mundo. Como era hijo de Adama (‘Tierra’), el hombre se llamó a sí mismo ‘Adán’ en reconocimiento de su origen; o tal vez a la Tierra se llamó Adama en honor de su hijo; pero algunos derivan a su nombre de adom (‘rojo’), recordando que fue formado con arcilla roja encontrada en Hebrón, en el Campo Damasceno, cerca de la cueva de Macpela.

Es improbable, no obstante, que Dios empleara tierra de Hebrón, pues éste era un lugar menos sagrado que la cumbre del monte Moriá, el ombligo mismo de la Tierra, donde se halla ahora el Santuario: pues allí fue bendecido Abraham por haberse mostrado dispuesto a sacrificar a Isaac. Por esto algunos dicen que Dios ordenó al arcángel Miguel: ‘Tráeme polvo del lugar de Mi Santuario’. Él reunió ese polvo en el hueco de Su mano y formó con él a Adán, vinculando así a la humanidad con lazos naturales a la montaña en la que Abraham debía expiar los pecados de sus antepasados.

Algunos dicen que Dios utilizó dos clases de polvo para la creación de Adán: uno recogido en el monte Moriá, y el otro una mezcla escogida en los cuatro rincones del mundo y humedecida con agua tomada de todos los ríos y mares existentes. Que para asegurar la salud de Adán empleó polvo masculino y tierra femenina.

Que el nombre de Adán revela los elementos formativos de su creación: sus tres letras hebreas con sus iniciales: epher (‘polvo’), dam (‘sangre’) y marah (‘hiel’), pues si los tres no están presentes en la misma medida el hombre se enferma y muere.

Es dudoso que la palabra masculina Adam (‘hombre’) y la femenina adama (‘tierra’) se relacionen etimológicamente. Sin embargo, esa relación está implícita en Génesis II y ha sido aceptada por comentaristas midrásicos y talmúdicos. Una conexión menos tenue, sugerida por primera vez por Quintiliano (I.V.34) existe entre las palabras latinas homo (‘hombre’) y humus (‘tierra’); los lingüistas modernos derivan ambas de la antigua raíz indoeuropea que en Grecia produjo chihon (‘tierra’), chamai (‘en la tierra’) y epichtkonios (‘humano’)(5).

Podríamos decir, por tanto, que la palabra humanidad alude en su origen a una cualidad que el hombre adquiere por vinculación y pertenencia a la tierra. Cuando este vínculo con la tierra desaparece, entonces la palabra humanidad substituye la cualidad por la cantidad, pasando a designar conjunto de todos los seres humanos.

En términos de cantidad, el conjunto de todos los seres humanos del planeta resulta mucho más difícil de abarcar que si habláramos en términos de cualidad, y por tanto se vuelve irreal, fantasioso, utópico (lugar que no existe). Como también es fantástico el Capitán Planeta, un superhéroe (que no héroe) de dibujos animados infantiles que nos repite el mito de la creación en una versión un poco más pueril. Se trata de un superhéroe creado a partir de los cuatro elementos de la Tierra, más un quinto elemento: el Corazón.

Cuando los cinco poderes trabajan en conjunto, este héroe ecológico aparece para arreglar la situación. Puede controlar a gusto los elementos y cambiar su estructura molecular de acuerdo a las necesidades. En sus aventuras, el Capitán Planeta debe solucionar problemas relacionados con la contaminación, la deforestación y similares, terminaba sus aventuras con la frase ‘¡El poder es vuestro!’

Podemos agrupar esta frase junto al resto de frases que veíamos más arriba y comprobar que siguen patrones similares:

‘¡El poder es vuestro!’

‘La prosperidad de la humanidad está en riesgo’

‘la degradación ambiental está impidiendo los progresos hacia el fin de la pobreza y el hambre’

‘la humanidad está incumpliendo sus compromisos de protección medioambiental’


Observamos en todas ellas una fórmula sentenciosa y simple con la que se trata de desestimar cualquier interés específico. En el caso de los titulares periodísticos son alusiones indirectas y amenazadoras que se refuerzan con el rasgo de cientificidad y el uso de afirmaciones en forma de predicciones, dejándonos intuir un futuro terrorífico, unos pocos puntos dentro de una propuesta única que se repiten de forma muy similar en todos los medios. En este sentido, la función primera de la ciencia sería la de curar todos los males de la existencia humana.

Cabría preguntarse si esta función que se le otorga a la ciencia incluye también a las ciencias humanas o es una labor exclusiva de las ciencias físico-naturales.

Al menos las herramientas utilizadas para construir y transmitir el relato de los logros obtenidos por las ciencias físico-naturales, debe reconocerse que pertenecen por completo a las ciencias humanas. No existe ciencia física sin palabras con las que poder comunicarla al resto de los humanos. En ese sentido, el mito de la creación del hombre nos recuerda que no es posible lo humano sin los tres componentes a partir de los cuales fue creado el hombre: epher ‘polvo’ (materia), dam ‘sangre’ (espíritu) y marah ‘hiel’ (alma), si los tres no están presentes en la misma medida el hombre enferma y muere. ¿El hombre o la tierra?

La enorme riqueza del símbolo se encuentra en su capacidad sutil para desplegar una potencia infinita tanto en sus ramificaciones superiores como inferiores, capaz de reunir de nuevo lo que se ha separado. En todas las latitudes, longitudes y rincones del planeta y de la mente humana hay siempre una puerta abierta de acceso a la Verdad y la Vida.

Inmersos como estamos en un mundo que persigue tanto las ideas disruptivas e innovadoras, como el impacto de lo absolutamente original (por supuesto desoyendo el significado más profundo que nos revela la etimología de esta palabra) y sin embargo no existe todavía nada más atrevido y a la vez más respetuoso que el símbolo, pues nunca te enseñará algo que no quieras saber. Se dice habitualmente que el símbolo reúne lo inferior con lo superior, pero además tiene también la cualidad de permanecer eternamente abierto y eternamente cerrado al mismo tiempo. El símbolo no desprecia la incredulidad, la negación ni el drama humano porque los reconoce como parte del camino a la sabiduría.

Las verdades contingentes o relativas tienen algo de mentira al igual que las mentiras contingentes o los errores tienen también algo de verdad. Conviene apreciarlas en su justa medida y no olvidar que si una verdad es posible para un determinado mundo o un determinado momento, esto no significa que lo sea para todos los mundos y todos los momentos. La existencia de las verdades contingentes no se contradice con la existencia de la verdad Absoluta que sólo es Una. Las verdades contingentes son recíprocas con lo Absoluto al igual que la fantasía lo es con lo Real, puesto que no se puede acceder a lo Real o a lo Absoluto sin peligro de caer en la psicosis o la neurosis, es necesario un guía. La fantasía está dentro de lo Real y la verdad relativa dentro de la Absoluta como 
la manifestación humana lo está en el Ser divino y el Ser divino en la manifestación humana.

Más peligroso aún es considerar las verdades contingentes como la verdad única, puesto que eso nos aleja de lo Real y de la Verdad y nos hace vivir en el engaño. Ciertamente para algunos ese engaño es menos doloroso por ser un engaño compartido por el grupo y la comunidad, para otros no cabe otro camino más que la búsqueda incansable.


Charles d'Hooghvorst explica: 
El Gran Arte de los Sabios del que las artes humanas no son más que la imagen [consiste en] incorporar el Espíritu Universal en la Tierra de los hombres y darles consistencia para una nueva generación [...] Volver a unir el Cielo con la Tierra para formar una tierra celeste y un cielo terrestre, luminosos e imperecederos.(6)


Referencias:

(1) Françoise Dolto, La imagen inconsciente del cuerpo (Ediciones Paidós, 1994)

(2) Claude Le Ragois, Resumen en prosa de las Metamorfosis de Ovidio
https://es.wikisource.org/wiki/Res%C3%BAmen_en_prosa_de_las_metam%C3%B3rfosis_de_Ovidio

(3) Ovidio Nasón, Publio, Metamorfosis / Ovidio; traducción de Ana Pérez Vega
https://www.cervantesvirtual.com/obra/metamorfosis--0/

(4) https://es.la-croix.com/biblia/adan-hecho-de-tierra

(5) Robert Graves y Raphael Patai Los mitos hebreos (Editorial Alianza, 2015)

(6)Raimon Arola, El tarot de Mantegna (Sans Soleil Ediciones, Vitoria-Gasteiz, 2021), 50.