archivo del blog

jueves, 10 de febrero de 2022

Los ojos en el cielo y los pies en la tierra

El verdadero relato ecológico está en el mito, en las cosmovisiones sagradas, tanto la mitológica-pagana como la cristiana lo fueron y cualquier cosmovisión que ponga en lo más alto a lo sagrado lo es. A través de un gesto tan simple como también extinguido prácticamente hoy día, el de levantar la cabeza para observar el cosmos, así es como el ser humano comprendió su propio viaje interior, a través del viaje que recorría el sol, la luna y los planetas en sus diferentes trayectorias. Fue con la luna que comenzó su capacidad para el pensamiento abstracto, puesto que los 3 días que permanecía oculta a sus ojos no eran la prueba de su muerte, sino más bien la conciencia de su renacer, es así como también los bebés aprenden poco a poco que la madre no muere por el hecho de que no esté al alcance de su vista, y así también como todo viaje heroico pasa por un descenso a los infiernos y a la oscuridad de la cual renace al tercer día. El viaje de la luna en el cielo dio paso al relato fundamental de lo simbólico, base de construcción de todas las religiones cuyo fin último converge (a pesar de las diferentes formas que toman) en el conocimiento.

También Venus, popularmente conocido como el lucero del alba, camuflado entre las estrellas más luminosas del cielo, que a diferencia de ellas, deambula sin rumbo fijo y sin nunca alcanzar la cúspide. Un cuerpo celeste compitiendo entre estrellas, o bien una estrella expulsada del paraíso, Lucifer, o Iblís, el ángel caído con el que la luz del cielo llega también a la tierra y con ella la germina. El fósforo, el fuego del cielo, que junto con el agua engendran la vida en el planeta.

Y así podríamos ir recorriendo cada una de las historias de la mitología, los versículos de la Biblia y el Corán, la música, la literatura o los versos de los poetas atravesados por lo sagrado, y en todos ellos encontraríamos que lo que es en nosotros es también en la naturaleza (como es afuera es adentro). El símbolo es dinámico, abierto, al igual que las estructuras mentales necesarias de quienes lo vivan.
El símbolo no se lee, se vive, porque a través de la vida es que alcanzamos el conocimiento. Conocer es una operación de vida y una manera de nacer. Y nada puede nacer fuera de una envoltura, permaneciendo exterior la ciencia no puede ser profundizada, sino solo extendida, no puede conducir a la conciencia que es nacimiento a uno mismo. Si abres una semilla ya nunca germinará.

Para las cosmovisiones sagradas, Dios (Verdad, Conocimiento) era una esfera inteligible cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna, o lo que viene a ser lo mismo el universo es todo centro, las criaturas son centro de Dios sin que ninguna de ellas lo pueda limitar. Según Louis Cattiaux expresa de manera tan maravillosa en el “El mensaje reencontrado”

‘La ciencia divina utiliza las leyes naturales como medio. Lo transforma todo y no mata nada. Consolida el esperma y multiplica el germen. Manifiesta la vida utilizando la muerte. La falsa ciencia es este andamiaje de pensamientos delirantes, edificado en la ignorancia de las leyes naturales y que se desploma constantemente en el desespero, la locura y la muerte. Una edifica en la vida por medio de la muerte, la otra construye en la muerte por medio de la vida.’

Y es que para observar el cosmos es necesario tener los pies en la tierra y los ojos en el cielo, invertir el orden sería no solo pretender un imposible sino también destruirnos en el intento. Con el cambio de paradigma que introdujo el Renacimiento y con él el racionalismo, se introdujo simbólicamente en el pensamiento de la humanidad la creencia de que el hombre podría observar el cosmos con los pies en el sol y los ojos en la tierra, una utopía que para muchos resultó creíble y posible. Y fue así como a partir del Renacimiento la trascendencia fue paulatinamente reemplazada por la utopía, o lo que es lo mismo el "todo es posible" sobre el que tan bien se asentó el capitalismo. La metafísica y la moral se desligaron de la política, del arte, de la medicina… dando lugar así a nuevas y diferentes ciencias, exteriores, superficiales, precarias y limitadas, desconectadas y desligadas, puesto que el centro ahora está fuera de ellas, en un lugar lejano que solo a través de la apariencia puede llegar a ser un centro, falso en cualquier caso. Ya no son el bien y el mal lo que se ponen en juego ahora, con el cambio de paradigma lo que se pone en juego es la conservación del poder (aquello que garantiza la apariencia de lo que no es posible) y es también con el inicio de la modernidad que aparece la institucionalización de la violencia, justamente para garantizar el poder y su relato mercantilista. Con el inicio de la modernidad el hombre trató de hacer pedestremente lo que los antiguos y medievales habían hecho trascendentalmente. Y tras la utopía no hay ya otro camino posible más que la distopía.


La caída de Lucifer, ilustración de Gustave Doré para El paraíso perdido de John Milton.


miércoles, 2 de febrero de 2022

Mouras




A partir del siglo V las dos diosas Isis y Deméter fueron asimiladas entre sí en el pensamiento griego. Gran maga, gran diosa madre, reina de los dioses, fuerza fecundadora y misteriosa de la naturaleza, diosa de la maternidad y del nacimiento. Las alas caídas son el símbolo del ángel caído a los infiernos, las alas en alto son símbolo de regeneración. La que tiene el poder de descender al inframundo, en ella está la virtud salvífica pero también la destructora, con ella se inician los atributos de la Virgen María y también en la Virgen Negra se conservan sus atributos terroríficos conectados con lo demoníaco. 

El simbolismo de la Virgen negra nos devuelve al Cantar de los Cantares, a la novia que es “morena [negra] y hermosa”. Nos devuelve a Cibeles, cuyo símbolo era una piedra negra, un meteorito, y a las imágenes negras de Demeter, Ártemis e Isis, además de a la Sekiná (a través de la luz radiante de la Sekiná todo enlaza con todo lo demás, como si estuviese conectado con una madeja luminosa de ser) exiliada, de manto negro, la “piedra preciosa”. Evoca la negrura del cielo nocturno, cuyas luminarias más resplandecientes son la luna y el lucero de la tarde, y también el misterio del espacio, como una madre que diese a luz cada noche a la luna y a las estrellas, y cada día al sol. Sobre todo, la Virgen negra con Cristo, su hijo, en las rodillas nos ofrece la imagen de la luz que brilla en las tinieblas, y de las doctrinas esotéricas y ocultas del gnosticismo y la alquimia.

 

La Virgen negra no sólo es la clave de la literatura mística y alquímica de los siglos XII y XIII, sino también de la tremenda proliferación de catedrales y abadías de la época.

 

El negro es el color que se asocia con la sabiduría, como la fase oscura del ciclo lunar, en que la luz se gesta en el útero, se transforma y surge de nuevo. Esta asociación es tan antigua como la piedra negra de la Kaaba, que antaño fue la epifanía de la gran diosa, y tanto como el manto o velo de Isis. La imagen de la Virgen negra encarna la sabiduría sin edad de la vida, la sabiduría sin edad de una dimensión oculta en la forma exterior de la naturaleza, que provoca su existencia, la informa, la guía; como una madre a su hijo, la contiene. El niño que lleva en los brazos es la vida misma, a la que da a luz eternamente; es zoé sosteniendo a bios. La Virgen negra simboliza, además, el misterio insondable del alma, que debe seguir la estrella que guió a los hombres sabios si desea comprender estos misterios y dar a luz al niño divino.

 

Extraído de "El mito de la diosa" de Anne Baring y Jules Cashford.

En Galiza temos tamén a nosa particular virxen ou divindade obscura, non é unha, son moitas, e viven nos lugares máis húmidos e inhóspitos da nosa xeografía, habitan nas fontes, nos ríos, nas pozas ou nas rochas, fan crecer a herba, fan crecer os penedos, elas peitean os seus longos cabelos mentres fían na roca, mentres espallan os seus tesouros, de prata, de ouro, de lúa e de sol. As súas almas son de terra, e se te atopas con algunha delas hache dicir "Eu son moura". Nada lles molesta máis que a impaciencia e a ansiedade (Orfeo volvéndose a Eurídice). Se che levan con elas deleitarste escoitando a melodía da auga que habitan, mentres o que para ti serán 2 minutos, para o resto da humanidade haberán de pasar anos. Non teñen presa, elas son a auga, a pedra, a sombra, a serpe ou o toro, elas traen a lúa e o sol, o encanto, o feminino antes incluso de que esta palabra existira, cando Zeus apareceu, chegou a "O país da Moura"!



Pedra, rocha, con, coio, croio, penedo, peneda, pena, laxe, seixo, mó, moa, pelouro, pandullo, petón, petouto, lousa, lastra, rouñeira, poldra, espondra, baixo, baixa, banqueta, cabezo, cría, filla, dente, larrasa, leixón, meixón, olga, retinga, san, toudal, touza...
En Galicia temos unha longa historia de vinculación coas pedras, pedras mouras ou seixos brancos, como xa no século II o historiador Ptolomeo denominou aos Tres Aguillóns de cabo Ortegal, "Promontorium Lapatiancorum" ou "Trileuco" que podería traducirse como os tres blancos. A idade destas rochas está estimada en 1.160 millóns de anos, o que duplica a idade das rochas máis antigas coñecidas ata agora en territorio peninsular. En todo o planeta só hai outros tres lugares con rochas tan lonxevas, en Terranova, Polonia e Australia.
Hai teorías que defenden que estes catro puntos estiveron unidos cando a Terra só tiña un continente, Panxea. Ortegal, Terranova, Polonia e Australia formarían o centro de Panxea.
O posible significado do topónimo do cabo anticipa o que os científicos nos deron a coñecer máis tarde. Ortegal é o lugar onde afloran as rochas máis antigas do mundo. Gallaecia, lugar onde emerxe a Pedra da Orixe. As peregrinacións a Gallaecia son un compoñente importante da historia de Europa, dende tempos moi antigos os habitantes do mundo coñecido debían facer esta viaxe ata o extremo occidente, o lugar onde se pon o sol, e tamén o lugar onde a pedra é tótem sagrado e o mar tenebroso.