lunes, 7 de enero de 2019

El peso



Para que algo acontezca no basta un accidente,
no es suficiente un muerto,
ni dos, ni dos millones.
Un acontecimiento es un olor que espera
que alguien lo respire,
una herida que aguarda encarnarse,
el agua de un torrente
inundando los poros,
una mirada que cruza el aire
y encuentra a alguien que le hace señas
y en la seña, en ella, se reconoce.
Uno puede negarse al acontecimiento
y convertir su historia en un simple resumen
de lo ocurrido, pasos que no devienen cruce
y se apagan en vida, o se secan.
Uno puede negarse a saberse en el otro,
basta con acercarse a todo con un walkman
conectado a la carne,
enfundado el cerebro en aquella sustancia
impermeable que nos inmuniza,
basta con refugiarse en un desmayo a tiempo,
en el deseo de amar, u ocultarse
en la furia o en el número de una cuenta bancaria.
De hecho, lo más frecuente es
que llevemos cosida el alma a su forro
como los trajes nuevos sus bolsillos,
para evitar que se deformen
por el peso.



Chantal Maillard
Matar a Platón

domingo, 6 de enero de 2019

Rendijas



Está creciendo el número de los espectadores.
No como una marea, no:
como crecen los sueños
cuando el que sueña quiere saber qué se le oculta.
Crecen desde los huecos, desde los callejones,
desde la transparencia de las ventanas, desde
la trama, el argumento,
complicando la historia
ocupan las rendijas, los ojos de las tejas,
cruzan por las cornisas,
por los desagües bajan,
crecen en todas direcciones,
dispersando complican,
añaden, superponen, indagan desde dentro
lo que fuera no alcanzan, gigantesco
cuerpo vampiro que procura
saberse vivo por un tiempo,
saberse vivo por más tiempo,
saberse vivo tras la página
que le invita a crecer, denso, fluido y compacto,
urdiendo sus defensas
al tiempo que investigan la manera
de saber sin sufrir
de ver sin ser vistos.


Chantal Maillard
Matar a Platón

miércoles, 2 de enero de 2019

Vacío

"Permanecí boca a bajo, en contacto con la tierra cálida, y me olvidé del rocío helado y de los perros nocturnos. Sentí que era por eso por lo que había venido: para despertar al amanecer en la ladera de un monte y esparcir la mirada sobre un mundo para el que no poseía palabras, para empezar desde el principio, sin palabras y sin planes, en un lugar que aún no contenía mis recuerdos" (Lee, 1985 ,45).

David Le Breton. Elogio del caminar



Fotos de Óscar Górriz




Semillas

Es una experiencia así la que cuenta Julien Gracq: "Penetramos andando en una de las altas avenidas negras. La calma de la noche era absoluta; un agua gris y cenicienta llenaba la zanja estancada entre los acantilados a pico de los árboles, como el agua de un cañón submarino. Muy pronto, la marcha se hizo silenciosa, luego nos empezó a invadir una sensación de malestar; habíamos salido para una larga marcha, apenas media hora después, decidimos desandar el camino. Creí entrever aquella noche la fuente de la angustia que pesa sobre la travesía de los grandes bosques en una noche sin luna". La noche urbana carece de este tipo de brillo, pues debido al persistente ruido de los automóviles -que despoja de todo misterio- y al horizonte cerrado por los edificios, no hay dimensión metafísica alguna y, sobre todo, porque la luz tamizada tiene como único objetivo precisamente el de neutralizar el miedo, banalizar el lugar.

David Le Breton. Elogio del caminar





martes, 1 de enero de 2019

Geografía afectiva




Llaman a la puerta de casa y, como suele ser habitual en mi, abro sin titubear ni preguntar. En la puerta hay un chico desnudo y muy atractivo interesado en venderme algo, creo que son semillas de tejo. Me aseguro de tener las llaves conmigo porque me doy cuenta de que he cerrado la segunda de las puertas de mi casa. Para entrar hay que pasar antes por un pequeño descansillo o rellano, una pequeña llanura entre puerta exterior y puerta interior que hace los efectos de aislamiento térmico, similar al que antiguamente tenían las galerías. Una de las consecuencias de tener un mal aislamiento térmico en una casa es la pérdida de calor, lo cual es una merma de energía innecesaria. Después de dejar entrar a alguien hasta la cocina es mucho más complicado echarlo, y existen métodos menos violentos para hacerlo. 
Tras ofrecerme su desnudez, el chico vendedor de semillas descubre que se acercan unos vecinos incómodos y decide que es mejor ponerse un pantalón de chándal. 

No hay día que no piense en salir a caminar por la playa, la arena del puerto, la llanura, el rellano, las sienes o los vértices de tus cejas. Hay paisajes urbanos, rurales, agrestes, salvajes, de mar, montaña o de río, y todos ellos dependen del clima afectivo con el que los recorras. El camino, al igual que el cuerpo, nunca mide lo mismo. Encuentras, cada vez que lo recorres, diferentes envergaduras, volúmenes y valores. Me gusta salir a caminar porque en cada piedra puedo ver la rigidez mental que me invade en ocasiones; en cada montaña descubro lo suave que puede llegar a ser mi sensualidad si permito que se expanda a través del sol, poroso, permeable y esponjoso, que traspasa todos los aislantes térmicos de mi piel, para llegar directamente hasta la cocina. En cada tejo puedo ver la historia de un lugar al que, antes que yo, han llegado muchos otros, han pisado y han pensado las mismas imágenes que hoy se pasean por mi mente, impidiéndome avanzar y cerrándome el paso ante el terror de las sombras que incitan a volverme sobre mis pasos. Esas mismas imágenes que, con la luz de la mañana se esconden para permitir que sean ahora los pies los que creen y crean el camino, la historia.
Mi nuevo príncipe es el tejo, él tiene una madera flexible, fuerte e imputrescible. Es capaz de adaptarse a las condiciones más extremas, a los climas afectivos de alta montaña y a las geografías imposibles, su identidad no está en el tamaño ni en la forma, la esencia de su fuerza está en reconocerse el más débil, en la doble cualidad, esto es lo que lo protege de ser destruido. A veces es tóxico y a veces curativo, puede encontrarse al pié de los cementerios e iglesias como símbolo de inmortalidad, en otras ocasiones es lúgubre y venenoso, a determinadas temperaturas emite toxinas gaseosas, con efectos alucinógenos, y esto hace que aumenten las leyendas mágicas asociadas a su poder, el poder que le otorgan como tónico cardíaco, loción contra las picaduras de víboras o contra el reumatismo, e incluso como anticancerígeno, gracias a los "taxanos" que contiene su corteza y hojas. El tiene la capacidad de creer y de crecer, quiso atravesar la dificultad de los accesos que te conducen hacia su sabia. La sabiduría del tejo.