Oscuridad de oscuridades



Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir” (Juan 16:12-13)

Hablar todo lo que oiga, en esta paradoja parece encerrarse también uno de los grandes misterios de la curación por la palabra en el psicoanálisis, pues cuando el analista interrumpe la sesión en ese preciso instante en el que acabas de decir algo, entonces la pregunta "¿qué dije?", viene a cuestionar lo que realmente decías, y lo que no escuchabas de tu decir. Es a partir del enigma que el sujeto puede encontrar nuevos sentidos.

El ámbito de interpretación simbólica del psicoanálisis es el propio de la psique, diferente de la interpretación literal y de la espiritual. Freud subraya que el simbolismo no es exclusivo de la vida onírica, y concluye que el ser humano dispone de un modo de expresión que él mismo desconoce y que opera por comparaciones que se establecieron de una vez para siempre y quedaron disponibles para que el sujeto las utilice con propiedad sin conocerlas.

Separado de Dios es como Freud entendió sus estudios sobre la psique y así también como dio forma a su método psicoanalítico de la cura a través de la palabra. En su libro ‘Más allá del principio del placer’, profundiza en la comprensión de los mecanismos psíquicos cuyo funcionamiento, sin embargo, parece coincidir con la comprensión esotérica por la cual en todo estado de existencia cósmica reside un reflejo del Principio supremo.

El mecanismo que Freud identificó con el nombre de proyección funcionaría identificando erróneamente (o momentáneamente) las grandes cantidades de energía psíquica que se producen en el hecho traumático como provenientes del exterior, cuando en realidad su origen es interno. Este mecanismo tendría una función protectora.

A raíz de estas grandes cantidades de energía psíquica que irrumpen en el sistema y quedan en estado móvil, el principio de placer trataría de ligar dicha energía, es decir elaborar, significar, poner en palabras, en lo que se conoce como un proceso primario. La función del aparato psíquico sería transformar la energía móvil en energía aquiescente, quieta. En la medida en que no pueda conseguirlo, las tendencias psíquicas repetirán el displacer para poder ligar el trauma. La repetición del displacer, del sufrimiento o del mal, por tanto, tendría la función de intentar reelaborar los estímulos traumáticos. Es así que lo que ocurre en el nivel inconsciente, se manifiesta por reflejo en el nivel consciente, dándose la paradoja de que aquello que conscientemente percibimos como displacentero o doloroso, sería placentero en el nivel inconsciente.

El inconsciente fluye por sí mismo e insiste más allá de la voluntad del yo. El yo debe dejar de oponer resistencia a lo que emerge del inconsciente, es por esto que el principal trabajo del analista se centra en eliminar las resistencias. Aquello que es más propio del sujeto, que se sale del control de lo consciente cuando el yo entra en crisis, es ahí donde se produce un choque de fuerzas existentes en el individuo, una parte esencial del sujeto emerge desde el inconsciente, “donde el ello era el yo debe advenir”. La dualidad placer/displacer presentes en el aparato psíquico consciente/inconsciente están al servicio del "religamiento" de la energía en estado móvil.

Lacan trabaja lo Real como aquello que está por fuera de lo simbólico, que no puede ser representado por símbolos o imágenes. Y vemos en este tratamiento una clara conexión con el taoísmo:

El Tao que puede hablarse no es el Tao eterno.
El nombre que puede nombrarse no es el Nombre eterno.
Lo eternamente real es innombrable.
El nombre es el origen de todas las cosas particulares.
Libre de deseo, comprendes el misterio. Atrapado en el deseo, solo ves sus manifestaciones.
Y, sin embargo, misterio y manifestaciones brotan todos de la misma fuente. A esta fuente se le llama oscuridad.
Oscuridad de oscuridades; he aquí la puerta a toda comprensión. (1)

La afirmación “Libre de deseo, comprendes el misterio. Atrapado en el deseo, solo ves manifestaciones” podría pensarse como contraria al psicoanálisis, y sin embargo no son más que dos maneras diferentes de decir lo mismo, pues la importancia del deseo en el psicoanálisis viene dada por el deseo inconsciente, en lo referente al deseo consciente afirma lo mismo que Lao Tse cuando dice que es todo aquello que te hace estar atrapado y sometido a la obtención de objetos. En las enseñanzas del Tao se ponen en evidencia los esfuerzos del yo por obtener algo, esos esfuerzos por obtener interrumpen algo que fluye y que es más genuino, pero que, sin embargo, el sujeto sufre.

La fuente del movimiento más allá de nosotros, de donde brota el misterio y las manifestaciones, esa fuente es la oscuridad de oscuridades, es decir el no entendimiento. La puerta a la comprensión sería precisamente dejar de intentar entenderlo todo. También la regla fundamental del psicoanálisis es la asociación libre, que consiste en que el analizado exprese todas sus ocurrencias, ideas, imágenes, emociones, pensamientos, recuerdos o sentimientos, tal cual como se le presentan, sin ningún tipo de selección, ni estructuración del discurso, sin restricción ni filtro, aun cuando el material le parezca incoherente, impúdico, impertinente o desprovisto de interés. El gran entendimiento parece no entendimiento. El camino del análisis es inverso, pues uno termina por descubrir que hay una parte inaccesible al saber y que no podemos tener control sobre todo lo que nos pasa.

Treinta radios convergen en el centro
de una rueda,
pero es su vacío
lo que hace útil al carro.
Se moldea la arcilla para hacer la vasija,
pero de su vacío
depende el uso de la vasija.
Se abren puertas y ventanas
en los muros de una casa,
y es el vacío
lo que permite habitaría.
En el ser centramos nuestro interés,
pero del no-ser depende la utilidad. 
(1)

Alienación separación. Lacan habla de que el ser humano entra en el mundo simbólico a través del contacto con el otro, y empieza a construir su mundo simbólico en el campo que le otorga el otro. Esa es la primera alienación, uno aparece en un lugar alienado, que procede del otro, pero en ese proceso, algo del sujeto no llega a entrar en la alienación, algo que falta, y que aparece en el campo del otro como un agujero, un vacío. Por tanto, ese vacío sería el lugar del sujeto, y las manifestaciones del inconsciente las que hacen que se repita esa primera pérdida generada en la alienación. La pulsión apuntaría justamente al vacío, la pulsión nace de un agujero, va hacia el objeto, pero retorna al agujero de nuevo. Según Lacan, aquello que no entra en el mundo simbólico, que está en un agujero Real.

La gran rectitud no deja fuera lo torcido.
La gran elocuencia parece torpe. 
(1)

Así ocurre en el psicoanálisis, justamente uno encuentra en esos momentos de torpeza, o de tropiezo los momentos de mayor verdad, cuando realmente dice algo se aparece como un error o que no tiene sentido, o como algo indebido.

En las enseñanzas taoístas se habla de la renuncia al yo al mismo tiempo que de la realización de la individualidad. En términos psicoanalíticos vendría a decir que allí donde el yo renuncia, el sujeto del inconsciente se realiza.

Desprendiéndose de su yo,
su yo se conserva.
¿No es acaso porque renuncia a su individualidad
por lo que su individualidad se realiza? 
(1)





Pinturas de Shitao

El síntoma en tanto significante no es un sufrimiento que padecemos pasivamente, por decirlo así. No, es un sufrimiento interrogante y, en el límite, pertinente. Pertinente como un mensaje que nos enseña hechos ignorados de nuestra historia, nos dice lo que hasta ese momento no sabíamos. Otro ejemplo de significante podría ser el chiste; el chiste considerado como una réplica espontánea que se dice sin saber, pero tan oportuna y precisa que todos ríen. Ahora bien, el síntoma puede tener la misma virtud. Puede manifestarse en la vida del sujeto de modo tan oportuno que, a pesar de su carácter doloroso, aparece como esa pieza faltante que, una vez vuelta a situar en el rompecabezas, revela nuestra vida bajo una nueva luz, sin que por ello el rompecabezas esté acabado.
Justamente, el alcance significante del síntoma reside en la pertinencia de aparecer en el momento justo, como la pieza indispensable para suscitar en el paciente, y a menudo en el analista, una nueva pregunta, quiero decir la pregunta adecuada que abre el acceso al inconsciente considerado como un saber: "¿Pero cómo es posible que este síntoma reaparezca tan oportunamente que, más allá del hecho de que yo sufra, esclarece mi vida con una nueva luz? ¿Cuál es entonces esta combinatoria que, por encima de mi voluntad, organiza la repetición de mis síntomas y asegura que uno de ellos aparezca justo a tiempo para que yo descubra que mi infortunio depende tan sólo de mi deseo? (2)

 

Plutarco relata lo siguiente en Por qué la pitia ya no da en verso los oráculos:
«[…] si es que, como pretendéis vosotros, Apolo y el sol no son divinidades distintas, sino un solo y mismo dios. -¿Y tú -ha dicho Sarapión?- ¿No opinas tú lo mismo? ¿Crees acaso que el sol es distinto de Apolo? -Tanto como la luna lo es del sol -le he respondido-. Sólo que la luna no oculta ni a menudo ni a todo el mundo el sol, mientras que el sol impide a todos los hombres reconocer a Apolo, apartando su inteligencia, seducida por los sentidos, de la realidad a la mera apariencia.»

 




Xilografías a dos planchas, madera y linóleo.






(1) Lao Tse. 'Tao te ching'
(2) Juan David Nasio. 'Cinco lecciones sobre la teoría de Lacan'.