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sábado, 26 de marzo de 2022

Encrucijada


En Galicia es muy difícil no encontrarse con un 'cruceiro' por poco que decidas salir a caminar, de la misma forma que también te encuentras con facilidad una ramificación del Camino de Santiago en casi cualquier punto de la comunidad. Es sin lugar a dudas una tierra proclive a la encrucijada.

Los 'cruceiros' son esculturas hechas en piedra, mayoritariamente granito, formadas por una cruz en su parte superior y asentadas sobre un pilar. Suelen ubicarse en cruces de caminos, en las proximidades de ermitas, iglesias, cementerios u otros lugares que tengan que ver con el culto religioso. En la cara que mira al camino principal (la parte principal), suele estar representada la figura de Jesucristo Crucificado, en la otra cara la Virgen o diferentes Santos.

Según nos cuenta Xosé Álvarez en un artículo de la revista Cedofeita, As imaxes dos cruceiros de Lérez, la simbología de estos cruceros comienza con su orientación, ya que la figura principal siempre debe estar orientada al camino principal, por eso han sido de mucha utilidad para los caminantes. La posición de las manos de Jesús también guardan un significado. Si éstas permanecen cerradas es señal de omnipotencia, en caso de representarse abiertas muestran misericordia y bendición si tiene los dedos índice y corazón extendidos.

Incluso la cruz esconde un mensaje que no se descifra únicamente observando la imagen. Su representación más habitual es prismática y en forma de rama de árbol. "Se trata de vincular la redención, a través del sacrificio de Cristo, con el pecado original. Dice la leyenda que su cruz estaba construida con madera procedente del árbol de la ciencia que estaba en el paraíso", así nos lo cuenta Xosé Álvarez.

También el autor gallego Castelao recopila los cruceiros gallegos en su libro “Cruces de pedra na Galiza”, según él "ONDE HAI UN CRUCEIRO houbo sempre un pecado, e cada cruceiro é unha oración de pedra que fixo baixar un perdón do Ceo, polo arrepentimento de quen o pagóu e polo gran sentimento de quen o fixo".

En verdad el universo del símbolo te transporta por un camino que se va entrelazando de manera infinita, un símbolo te conduce a otro, y este a su vez a otro, por lo que es fácil verse de nuevo en el punto de partida (que nunca es igual), como ese juego de la oca que funciona como mapa esotérico del Camino de Santiago, o incluso como símbolo del camino de la vida, en el que el azar interviene adelantando casillas o retrocediendo, un recorrido de iniciación para alcanzar la casilla final número 63 que es la sabiduría, simbolizada por la oca.

Es muy común en la tradición sagrada encontrarnos con la presencia del simbolismo dual, en el que confluyen o más bien se reúnen después de haberse separado la idea de lo terrenal con lo divino, lo húmedo con lo seco, la oscuridad con la luz, el movimiento con lo estático, lo fugaz con lo perenne. De la misma forma que en el viaje iniciático el héroe sale de su centro para regresar a él transformado, metamorfoseado o vuelto a nacer, podemos encontrar en el simbolismo de la cruz esta idea de expansión del centro y retorno al origen. El cielo (la vertical) se encuentra con la tierra, que es lo horizontal, la manifestación y las multiplicidades. Y resulta que este simbolismo de encuentro de ambos polos (el vertical con el horizontal) también es aplicable a ella misma, por lo que además de la cruz cristiana tradicional nos encontramos también con su polo opuesto: la cruz invertida, particularmente misteriosa. Quizás la primera interpretación podría llevarnos a darle un significado de contraposición y no de complementariedad. Pero ni tan siquiera aquellos que pretenden emplear el símbolo de la cruz invertida como símbolo satánico son conscientes de hasta que punto también esa cruz, siguiendo el camino verdadero del símbolo, es siempre religación y no separación.

La cruz invertida es un símbolo poco conocido, aunque muy antiguo: se remonta al martirio del apóstol Pedro que, considerándose indigno de una crucifixión semejante a la de Cristo, habría pedido sufrir su crucifixión cabeza abajo.

En San Juan 1:42 podemos leer esto:

Luego Andrés llevó a Simón a donde estaba Jesús; cuando Jesús lo vio, le dijo:

—Tú eres Simón, hijo de Juan, pero tu nombre será Cefas (que significa: Pedro).

Resulta fascinante la idea de que el nombre de Pedro ponga en relación la piedra con la cabeza, puesto que la cruz de Pedro actuaría de reflejo de la cruz de Cristo y en ambas encontraríamos la dualidad entre corazón (de Cristo) y cerebro (de Pedro).

Desde la prehistoria hasta nuestros días este dualismo entre corazón y cerebro no ha dejado de estar presente en todos los planteamientos existenciales. Además, parece transportarnos hacia esas encrucijadas en las que tradicionalmente se ponía una cruz que debía servir de guía, puesto que es en la encrucijada donde nos vemos obligados a tomar una decisión, decisión que pasa inevitablemente por escoger entre el camino del corazón o el camino de la razón. Según al origen etimológico de la palabra “lectura” en griego se llamaría “conocimiento recuperado”, porque cuando estamos aprendiendo la verdad, reconocemos aquellas cosas que naturalmente sabíamos antes de haber bebido del río del olvido. Comprender es pues recordar, por el camino del corazón, que es el que nos conduce a la verdad, o a la sabiduría, o a Cristo en esa cruz que es reflejo de la cruz de Pedro y que juntos nos trasladan a esa encrucijada entre razón y corazón.

 



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