miércoles, 8 de abril de 2020

Cuarentena VIII




Me vienen a la mente ahora circunstancias varias en las cuales he observado la diferencia entre afrontar un peligro a base de claridad mental o por el contrario afrontarlo a base de aisladas medidas de protección, múltiples y diversas. He visto a personas descender empinadas y heladas montañas sin más protección que una pequeña vara de madera, salir completamente airosas. También he visto a personas ataviadas con las más sofisticadas medidas de protección cruzar pequeños charcos sin poder evitar caerse de lleno en ellos. He visto a trabajadores del campo utilizar prendas de ropa o calzado que nada tienen que ver con la indumentaria recomendada a los urbanitas que se acercan al campo a dar un paseo. También he visto a muchas personas utilizar rodilleras para tratar de evitar los moratones que se producen en las clases de baile, y he visto a personas bailando sobre cemento hacer auténticas piruetas de lo más peligrosas.
He experimentado ambas circunstancias, la de cruzar el charco con miedo e inevitablemente salir empapada y la de cruzarlo con claridad mental y terminar la caminata sin una mancha de barro en las botas.
La histeria es una forma de rechazo a lo femenino, y podemos perder nuestra potencia luchadora si nos dejamos dominar por ella. Estamos acostumbrados a la utilización de consignas y máximas que deben servir “para todos”, lo cual no deja de promover una “moralidad” peligrosa, y un universal que no acepta lo imposible de definir o de conocer. Seguimos jugando a ser dioses, utilizando el ejercicio del poder frente a la impotencia de las dificultades, que se traduce en una dejación de las responsabilidades de cada sujeto, y de la creación de “culpables” o de “cínicos”.


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