sábado, 29 de julio de 2017

Cosa contra cosa



La humanidad vive de sus llamados y respuestas, portadores de un sentido de amor que es creador de dinamismo biológico. El deseo humano se bloquea si la razón lógica o sus propios funcionamientos orgánicos son considerados como fin de su función de comunicación. La humanidad se ha lanzado a la carrera destinada a evitar la muerte corporal del individuo. ¿Qué ser humano no lo suscribiría? Pero ha llegado la hora en que es otra la muerte que amenaza al hombre civilizado: la del sentido de su vida y de su muerte, del sentido de su deseo, que es comunicación creadora, fuente de alegría viviente. Sin alegría, que es brote surgido de corazón a corazón por los intercambios de lenguaje sutiles de la comunicación, la comunicación creadora no es más que mortal funcionamiento de cuerpo a cuerpo, devenido cosa contra cosa. La encarnación humana, tanto en el momento del instante fecundador como en su supervivencia cotidiana, tiene más necesidad de ser rodeada de expresiones emocionales que de confort material o de placer físico; más necesidad de certidumbre de amor que de raciones equilibradas; más necesidad de correr riesgos y sufrir penas y de asumir la angustia ligada por fuerza a la experiencia formadora que de ser preservada de ello por una seguridad despersonalizada, que asegura la conservación de buenas condiciones para la supervivencia de su metabolismo orgánico.
Está en curso la era de "el niño en su debido peso". Consumidor y consumido, el niño-fetiche es el nuevo producto de nuestra civilización.

Françoise Dolto 

Fotos: Patricia Iglesias. Gif: Marta Cuba.


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