sábado, 22 de julio de 2017

Antesala





Me encuentro en una sala escéptica, entiendo que para compensar un estado de vehemencia y exaltación que acabo de vivir, arrebatada. Parece una antesala, estoy tranquila, sosegada, espero con paciencia el momento de la descomposición. Todo indica que hoy es el día, nadie me acompaña y no me importa, solo recibo una llamada de una ex-amiga, la vuelvo a llamar porque no he podido coger el teléfono cuando llamó. Sus llamadas, perdidas y abandonadas. 
Me extraña volver a saber de ella, la tenía encerrada en un cajón y me asusta lo que pueda decirme, siempre ha sido tan exigente conmigo. Termino de morir y te llamo ahora. ¿Cuándo se supone que termina esto? 

Tampoco es necesario que me conteste, con que sepa que he visto su nombre en mi teléfono será suficiente. No nos vamos a poner intensas. Me importa más el hecho de que haya decidido llamarme que lo que pudiéramos contarnos por teléfono. A ella le resulta muy complicado hablar, es muy sensible y susceptible, delicada y rotunda como un animal fuerte y herido, no puede disimular su tosquedad, ni tampoco aparentar elegancia, es bárbara y brutal, y ahí reside su elegancia, en su incapacidad para la mentira inconsciente. Si te la encuentras por la calle hay siempre algo imposible de decir, un hablar de cosas que nada tienen que ver con lo que dicen sus ojos. Cuando te mira sabes si algo va mal, y casi siempre es así. Te gustaría provocar en ella una sonrisa, comprobar que se le ha pasado el disgusto y que no siempre va a encontrar en ti la excusa para sacar a la luz sus diablos afilados. No consigo comprender ninguno de los motivos de su malhumor, los tenía muy bien protegidos y los he dejado caer al suelo. Si me aparto podré caerme también yo y dejar que comience la alteración.

Algunas enfermeras pasan por mi lado, recogiéndome y organizando cosas, falsas ocupadas y mentirosas, no me importan, porque estoy sola, a punto de morir. Creo que comenzará por el estómago, y continuará hacia la cabeza, veo algún órgano que empieza a separarse y me sorprende no sentir dolor. ¿Debería echarlo en falta?







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