sábado, 8 de septiembre de 2018

This old house

Techos altos, textos planos, y habitaciones a izquierda y derecha del pasillo. En la habitación más próxima a la fachada estaba ella y su costumbre de alterarme la decoración, de enchufarse las 24 horas a mi debilitada red eléctrica, empeñada en instalarme su pequeña caja de cartón y sintonizarme su señal inerte y homogénea, distorsionada. Espera a que alguien se siente frente a ella, en el rincón donde la posición se vuelve horizontal con el tiempo. Quizás piensa que esto, en lugar de una casa, es la esquina oscura de algún mueble tapiado al que solo le queda ya una puerta.
En el ala opuesta de la casa, en una habitación cercana al patio interior, estaba también ella, preparando un plato exterior de comida que ya no volvería a compartir conmigo. En el resto de las habitaciones se escucha un murmullo a lo lejos que repite un mantra vacío de significado y aprendido en algún momento de la infancia no perdida: es bueno compartir, todo es de todos, prohibido prohibir, odia el odio...
La casa a penas se sostiene, desde fuera puede observarse que la estructura está muy debilitada y que el sustrato que le sirve de alimento está seriamente dañado, las palabras con las que había ido malviviendo hasta ahora ya no podían sujetarla más. Por muchos platos de comida que dejara de comer, nunca estaría tan mal alimentada como con aquellas palabras vacías, inertes en su signo y en su significado.