La carne es el límite y la gracia




Frente al transhumanismo y la fantasía digital de un yo sin ataduras físicas, el cristianismo recuerda que los límites del cuerpo material son los que nos permiten amar de forma real, tangible y comunitaria. La resurrección de la carne implica que la materia tiene un destino eterno. Ningún filtro de pantalla puede competir con la promesa de la transfiguración de la carne real.

Desafiar la asimilación cultural en este punto no es un repliegue integrista; es un acto de resistencia humanista. Es recordar al mundo que somos carne y hueso, y que es precisamente ahí, en la solidez de nuestra materia, donde reside nuestra dignidad sagrada.


Bendita, verdaderamente y gloriosa debe ser la carne que puede pagar a su Maestro, Cristo, una deuda tan grande y tan completa, que la única obligación que le queda es la de dejar de deberle más con la muerte, aún más atados en gratitud , porque (para siempre) son liberados.


IX
Dios ama la carne del hombre, y Cristo la dota con su gracia


Para recapitular, entonces: ¿esa misma carne, que el Divino Creador formó con Sus propias manos a imagen de Dios; que animó con su propio entusiasmo , a semejanza de su propio vigor vital; que puso sobre todas las obras de su mano, para morar entre ellas, disfrutarlas y gobernarlas; que vistió con sus sacramentos y sus instrucciones; cuya pureza ama, cuyas mortificaciones aprueba; cuyos sufrimientos considera preciosos para sí mismo; (esa carne, digo), tantas veces acercada a Dios, ¿no resucitará? Dios no lo quiera, Dios no lo quiera (repito), que abandone a la destrucción eterna el trabajo de sus propias manos, el cuidado de sus propios pensamientos, el receptáculo de su propio Espíritu, la reina de su creación, la heredera de su propia liberalidad, la sacerdotisa de Su religión, la campeona de Su testimonio, la hermana de Su Cristo! Conocemos por experiencia la bondad de Dios; de Su Cristo aprendemos que Él es el único Dios y el muy bueno. Ahora bien, como Él exige de nosotros amor al prójimo después del amor a sí mismo, así Él mismo hará lo que ha mandado. Amará la carne que es, tan de cerca y de tantas maneras, su prójima (la amará), aunque sea débil, ya que su fuerza se perfecciona en la debilidad; aunque desordenados, ya que "los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos"; aunque no honorables, ya que "damos honor más abundante a los miembros menos honorables;" aunque arruinados, ya que dice: " He venido para salvar lo que se había perdido; " aunque sea pecador, ya que dice: "Quiero más la salvación del pecador que su muerte; " aunque esté condenado, porque dice: "Heriré y también sanaré". " ¿Por qué reprochar a la carne aquellas condiciones que esperan en Dios, que esperan en Dios, que reciben honor de Dios, que él socorre? Me atrevo a declarar que si tales pérdidas nunca hubieran ocurrido sobre la carne, la generosidad, la gracia, la misericordia (y de hecho) todo el poder benéfico de Dios, no habrían tenido oportunidad de obrar.






A pesar de que hoy la filosofía genera más interés entre los sectores culturales secularizados, lo cual llevaría a pensar que el cristianismo podría encontrar en ella una forma de acercarse a la gente, considero, sin embargo, que en el momento actual la postura de Tertuliano (frente a Justino) podría ayudar a equilibrar una visión demasiado extendida popularmente acerca del rechazo del cuerpo y la sexualidad en el cristianismo. Es evidente que la influencia del pensamiento gnóstico en el interior del cristianismo ha llevado a extender entre la población una visión de rechazo al cuerpo muy alejada de la de sus orígenes. Es cierto que la postura de diálogo y asimilación de Justino permite entrar en los foros académicos y culturales secularizados compartiendo un lenguaje común (ética, derechos humanos), sin embargo, teniendo en cuenta la crisis actual del cristianismo en Europa, creo que desafiar la asimilación cultural para rescatar la paradoja de la encarnación y el valor sagrado del cuerpo material sería profundamente necesario en un mundo globalizado en el que se impone una nueva forma de rechazo al cuerpo evidenciada en el culto a la imagen.

Nuestro mundo globalizado y digital no es una auténtica exaltación del cuerpo, sino una nueva y sofisticada forma de neognosticismo y rechazo a la carne real. La hipermodernidad convierte el cuerpo en una mercancía moldeable sujeta a las modas estéticas y de consumo, censura la enfermedad, el dolor, el paso del tiempo y la muerte. Al anteponer la identidad digital a la real, la cultura actual cae en un desprecio por el cuerpo biológico concreto —con sus imperfecciones, su envejecimiento y su fragilidad—. En este escenario, la postura de ruptura de Tertuliano adquiere una fuerza profética revolucionaria. La postura de Tertuliano ofrece un correctivo crítico fundamental frente al dualismo de raíz gnóstica que aún distorsiona la visión popular del cristianismo.

Paradójicamente, aunque Tertuliano es famoso por su rigorismo moral, en su tratado De resurrectione carnis (La resurrección de la carne) defiende con una fuerza inusitada la dignidad de la materia frente a los gnósticos. Para Tertuliano,"caro salutis est cardo" (la carne es el quicio de la salvación). Dios se encarnó, lo que eleva al cuerpo a una dignidad máxima. Hoy en día, el cuerpo a menudo se instrumentaliza o se reduce a un objeto de consumo. La postura tajante de Tertuliano ayuda a romper con esa visión superficial, recordando que el cuerpo está profundamente ligado al espíritu.