El camino, a veces, es más importante que el destino. El deseo tiene esa manera caprichosa de manifestarse. A veces pasa que el objetivo que tanto perseguíamos lo tenemos al alcance de nuestras manos pero de pronto algo de un ruido estruendoso se interpone en el medio, un mecanismo de defensa interno se activa inconscientemente. Viene para alertarnos de que, quizás, la forma de conseguir lo que tanto anhelábamos, implica traicionar nuestros valores, nuestro ritmo y nuestra autenticidad. El autoboicot, en este sentido, opera como un mecanismo de defensa para proteger el verdadero deseo. Si el camino para llegar a la meta genera rechazo, incomodidad o no se alinea con quién eres, sabotearás los pasos diarios. No es un rechazo al destino final, es un rechazo a la culpa por el precio que tienes que pagar o las reglas del juego que te impusieron (o que aceptas que te impongan) para llegar allí. Una brújula desalineada: el autosabotaje puede entenderse como una señal de alerta: "Este no es tu camino, o al menos no es tu manera de caminarlo". Es el caminante forzando una pausa porque, en el fondo, sabe que ganar bajo esas condiciones se sentiría como una derrota personal.
Paradójicamente, fracasar puede ser la única manera que encuentra alguien para mantenerse fiel a su deseo genuino, el cual no se alinea con ese camino. Es un fracaso en la realidad consciente, pero un triunfo a nivel inconsciente. Si lograr el objetivo por esa vía implica traicionar tu esencia o someterte por completo al deseo de un Otro (padres, pareja, expectativas sociales), el inconsciente prefiere destruir el proceso antes que perder su autonomía.

