Venera (oasis de Enguedi)

 




En el Cantar de los Cantares el significado llega por lo que se sugiere y hace evocar en el lector, no es la cosa misma expresada por el nombre sino los sentidos que se superponen y sobrevuelan en el poema. Lo que no podría nunca expresarse con lenguaje directo, se hace sentir y comprender por esas voces misteriosas. Voces que se oyen al ponerse en contacto con la imaginación de los ojos. Esos sentidos que sobrevuelan las palabras emergen por las resonancias sonoras, visuales y sinestésicas.

Tus ojos son como palomas detrás de tu velo; Tu cabellera, como rebaño de cabras Que descienden del monte Galaad (Cant 4,1)

Tu cabello es como manada de cabras Que se recuestan en las laderas de Galaad (Cant 6,5).

La comparación del pelo de la amada con rebaños de cabras se repite en Cant 4,1 y Cant 6,5; algo que resulta chocante para cualquiera que lea el texto sin adentrarse en su lirismo y en su historia. Es necesario sumergirse en el paisaje rural de la época, la vida de los pastores y su entorno diario, el cual llena de significado cada comparación amorosa del Cantar. La poesía usa elementos cotidianos del campo para expresar una hermosura salvaje y natural, la actividad de una gran mayoría de la población, para quienes la imagen no era en absoluto chocante, ni extrañamente rústica, sino una alabanza visual muy viva y elegante, puesto que las cabras de esa región (habitualmente de color negro profundo o marrón) tienen un pelaje largo, sedoso y brillante que reluce bajo el sol del desierto. Al ver un rebaño descender por las laderas de una montaña, el movimiento coordinado y ondulante se asemeja al flujo de una cabellera larga, oscura y ondulada ondeando al viento. Pero además, la sonoridad de la palabra conecta con la del oasis de Enguedi, que significa literalmente la fuente del cabrito. Enlazando así con la descripción que hace la amada del amado y que utiliza el entorno del oasis como un símbolo de dulzura y frescura:

Racimo de flores de alheña en las viñas de Engadi es mi amado para mí (Cant 1,14).

Y es que la palabra hebrea para cabrito suena exactamente guedí (escrita en el alfabeto hebreo como גְּדִי). Su sonoridad es suave, corta y muy melódica, lo que explica por qué se integra de forma tan natural y armónica en nombres de lugares idílicos como el oasis de Enguedi (Ein Guedi, que se traduce literalmente como "El manantial del cabrito").

Y en el verso específico sobre el cabello no se usa, sim embargo, la palabra guedí, cabrito en singular. El poeta eligió deliberadamente el plural izzím (cabras). La razón es puramente visual y poética. Un solo cabrito evoca ternura, pero para recrear la imagen de una cabellera abundante, ondulada y en movimiento, el autor necesitaba la fuerza colectiva de un rebaño entero de cabras adultas (Eder ha'izzím) descendiendo por la montaña. La sonoridad de "ha'izzím" aporta una musicalidad rítmica y fluida que imita el oleaje del cabello al viento.

El lector, por tanto, debe dejarse trasladar a un universo en el que se abren realidades que él no ha visto pero que puede sentir en el contacto con la sonoridad del poema. El que tome los nombres en su sentido muerto, sin el fluido del poeta, no podrá acercarse al lenguaje del Cantar.