Venera (Hortus conclusus)


Según la terminología de Hesíodo, la afortunada época de paz, armonía, equilibrio y orden es la Edad de Oro, un equivalente al Paraíso de la tradición cristiana, estado primordial de alta espiritualidad al que todas las tradiciones hacen referencia. En la mitología griega es el poeta Hesíodo quien primero recoge el relato, habitualmente asociado con la Atlántida e Hiperbórea, de la Edad de Oro, a la que le sucederían progresivamente y en degradación la de Plata, la de Cobre, la de los héroes y hasta la de hierro. Este descenso progresivo es equiparable al descenso sucedido a partir de la caída de Adán y Eva.

El relato del Génesis ha sido interpretado a menudo como el origen de un castigo divino, que trae culpabilidad, dolor y sufrimiento universal. Desde el triunfo de la modernidad se ha extendido una lectura de la caída como una condena histórica y heredada, entendiendo el trabajo como un castigo y el pecado como una mancha moral. A ello se suma una interesante inversión por la que la sociedad ideal se proyecta, voluntariosamente, hacia el futuro. Desde hace varios siglos no han dejado de diseñarse cambiantes, contradictorias y efímeras sociedades perfectas, en las que caben tanto el voluble progresismo como los mundos perfectos totalitarios.

Pero al recuperar el sentido original del texto encontramos que éste no trata de imponer un castigo vengativo, sino explicar la condición humana y nuestra libertad. 

Así habla del descenso el Geórgicas, de Virgilio.

"El mismo Júpiter quiso que no fuese sencillo el procedimiento del cultivo y fue el primero que, impulsando con cuidados los espíritus de los hombres, determinó el arte de la agricultura y no consintió que sus reinos se estancasen con la indolente pereza. Antes de Júpiter ningún labrador cultivaba la tierra, ni era lícito tampoco amojonar ni dividir un campo por linderos; disfrutaban en común la tierra y ésta producía por sí misma de todo con más liberalidad sin pedirlo nadie. Él fue quien puso la ponzoña venenosa en las negras serpientes y ordenó a los lobos hacer presa y a removerse el mar y sacudió la miel de las hojas y ocultó el fuego y secó los arroyos de vino, que corría por doquier, con el fin de que la necesidad, por el continuo ejercicio, originase poco a poco variedad de artes y en los surcos buscase la planta del trigo e hiciese brotar de las venas del pedernal el escondido fuego. (...) 

De entonces data el hierro rígido y la sierra de sonido agudo, pues los primeros hombres hendían con cuñas la fibrosa madera. Entonces aparecieron los variados oficios. Todo lo venció el extremado trabajo y la necesidad que aprieta en circunstancias duras."