Lo mismo que un joven se casa con su novia, también tu constructor se casará contigo. Y es el gozo del esposo por la esposa lo que tu Dios sentirá contigo (ls 62,15).
La herramienta de trabajo de un analista es el deseo. El deseo es constructor de hombres, tal como lo dijo Françoise Dolto, la causa activa de la humanización de un niño es el reconocimiento de su deseo a través de la palabra. El deseo es la fuerza vital que hace que desarrollemos todo el potencial de nuestras capacidades, la inteligencia, la sabiduría, la capacidad de pensar, de trabajar, capacidades que no están reducidas a un coeficiente o a un dato que nos encasille. Estas capacidades son susceptibles de crecer, de ampliarse, de manifestarse en toda su verdadera potencia. El deseo es el verdadero motor del aparato psíquico y físico. Cuando el otro no sostiene nuestro deseo, merman también nuestras energías, nuestra vitalidad, haciendo que las tareas cotidianas cuesten más esfuerzo y que la energía personal disminuya. A largo plazo el cuerpo y la mente se resienten, un espacio sin deseo mutuo activo genera ese tipo de vacío atrofiante e insoportable en el que uno empieza a cuestionar el valor de sus propios sueños o proyectos. Es un tipo de vacío que proviene de fuera, y que impide encontrar rumbo y sentido a lo que hacemos. La ausencia de un deseo que nos sostenga es sinónimo de falta de amor, por más cariño que se le de a alguien. La ausencia de un sí, como de un no, es mucho peor que un no rotundo, capaz de impulsarnos, de darnos un marco en el que movernos. El deseo se origina siempre en el marco del deseo del otro y si fue débil, costará el doble poder reconstruir el propio. El analista proporciona ese sostén indispensable que ayuda a renacer desde adentro, para poder encontrar en uno mismo la fuerza vital que el otro no ha podido proporcionarnos.
La paciencia es, probablemente, la mayor de las armas psicoanalíticas. Es la cualidad maternal por excelencia, ofrecer el deseo propio para que el otro pueda desarrollar el suyo. El deseo del analista crea y trabaja a partir de eso que es el deseo humano, y que aparece a partir de la relación con la palabra. Hay pacientes que llegan a consulta sin apenas deseo, y es que el deseo sólo se articula y se estructura en relación a otro, no surge de la nada (que también).
Hay dos tipos de vacío que originan dos tipos de amor. Un vacío que proviene de fuera, y que trata de colmarse con amor-reconocimiento. Y un vacío que proviene de dentro, que se colma con amor-respeto.









