Libertad



Fue Freud quien dijo que había sido afortunado porque nada se le había dado fácil, después de leer alguna de las cartas que le dirige a su amada Martha Bernays, todavía despierta en nosotros más admiración y amor (si es posible). Las dificultades sólo surgen para quien desea de verdad, pues el deseo es imagen viva de libertad y por tanto de conflicto. El deseo es lo que más se opone a la esclavitud y esto es algo que también el capitalismo ha sabido detectar muy bien, pues cuantas más facilidades, comodidades y éxitos nos ofrece, más destruye el deseo, más destruye la necesidad innata del ser humano de libertad. Y en ese punto es donde psicoanálisis y religión se encuentran, pues toda verdadera religión tiene como fin último la búsqueda de libertad. Ni meditación, ni oración, ni unidad primordial o postura de yoga que más nos acerque a Dios que la libertad.

Si el texto sagrado nos contara la historia reduciéndola a hechos, a logros, a fechas, a batallas ganadas o perdidas, habría eliminado lo irreductible del deseo que nunca se puede circunscribir a un dato concreto, a un logro conseguido o a un check cubierto en nuestras listas de "to-dos". La libertad nunca podrá ser encerrada en los estúpidos códigos de sensatez, burgueses o no burgueses, pero que tienden a indicarnos lo correcto en función de los gustos del entorno. Todo verdadero combate espiritual transcurre en la más aparente insulsez a ojos de la gran mayoría. La ignorancia típica de la masa no tiene ojos para observar al verdadero y silencioso guerrero, al que combate internamente para abrirse paso entre las miserias, tanto de aduladores como de despreciadores. Los aduladores, de hecho, suelen ser más peligrosos que los soberbios, porque es mucho más tentador caer en la trampa del elogio que en la del desprecio o la indiferencia. Ser agradecido con las dificultades es, precisamente, darse cuenta de que lo fácil nos hubiera entorpecido mucho más el camino.

Y a pesar de mis muchas inseguridades, miedos e intentos de amoldarme al entorno, debo reconocer que siempre ha habido en mí una pequeñísima intuición de agradecimiento a todas las piedras y 'pedrolos' que me he topado en el camino.