39 En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; 40 y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet. 41 Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, 42 y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. 43 ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí? 44 Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45 Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor (Lc 1, 39-45).
El útero es el lugar donde Juan el Bautista reaccionó al saludo de María, un evento de gran significado espiritual. Se considera el primer momento de la formación del hombre, donde Dios se une esencialmente con lo humano. Es donde la esencia de una persona se forma. La transformación de sangre en cuerpo en el útero es un misterio divino.
"Rahamin" significa entrañas de misericordia, compasión visceral, y la misma palabra en singular, “rehem”, significa «útero». Dios actúa con una ternura profunda, parecida a la que brota desde las entrañas maternas. Estas imágenes no contradicen la revelación de Dios como Padre, así también Freud identificó la libido como masculina, y es indiscutible que ésta actúa tanto en hombres como en mujeres. Dios es Padre y tiene atributos maternales sin ser madre, igual que tiene justicia sin ser juez humano. Sus atributos revelan la amplitud y profundidad de su amor. El masculino de la palabra Dios tiene su razón de ser, no es un capricho. Sería un error reconfigurar la doctrina cristiana clásica para satisfacer agendas culturales modernas.



