Mantas maragatas - ruta jacobea


Llegamos a Astorga siguiendo el rastro de los maragatos quienes, probablemente, conserven mejor que el Camino de Santiago la esencia del Camino como algo vivo. Una espiritualidad que no se puede escindir del cuerpo, de la tierra y la necesidad de extraer materias primas a partir de las cuales, no solo intercambiar productos, también cultura y trabajo. Ahí es donde la espiritualidad se pone a prueba, donde se hace carne y no palabrería.

Es la maragata gente noble, leal y valiente. Alonso Luengo, natural de Astorga. Hay una clase de arrieros apenas conocidos por los viajeros europeos: los maragatos, cuyo centro se halla en San Román, cerca de Astorga. Al igual que los judíos y los gitanos, viven sólo entre su propia gente, conservando sus costumbres y vestidos primigenios, sin contraer matrimonio jamás fuera de su tribu. Tan errantes y nómadas como los beduinos, sus mulas sustituyen a los camellos. Su honradez y laboriosidad se han hecho proverbiales. Es una gente sosegada, grave, inexpresiva, práctica e industriosa. Sus tarifas son altas, pero las compensa la seguridad, pues se les podría confiar oro molido. Richard Ford, 1830.

Desde nuestra llegada al espacio de convivencia del Coliving artístico de Lugo hemos experimentado el encuentro con el rastro de esta gente noble y valiente, rasgos que se transforman en las verdaderas flechas amarillas de nuestro singular camino, las que van más allá de lo que el mundo trata de señalarnos como objetos deseables y codiciables. No hay nada que hoy se pueda sustraer de ser convertido en objeto de marketing banalizado hasta límites extremos, por eso el encuentro con personas valientes y leales es incluso más valioso que el oro que antaño perseguían los romanos. El primero de esos encuentros fue con Carmen, regente de la tienda de cuerdas de la calle lucense de San Pedro, y sobre la que hemos hablado en una de las anteriores entradas. El segundo de los encuentros fue con Teresa Astorgano Casal que, desde el grupo etnográfico de Traxandaina, trabaja estudiando y recuperando la vestimenta tradicional gallega. El encuentro se produjo en uno de los cafés promovidos por el Coliving, el cual nos acerca a personas de la cultura lucense y gracias al cual hemos tenido el privilegio de compartir e intercambiar diálogos con personas de talentos y talantes maravillosos. Una de ellas es Teresa, de quien desde el primer momento pudimos percibir la honradez y laboriosidad que son seña de identidad maragata y, ¡cómo no!, no supuso una sorpresa descubrir (días más tarde, en un segundo café que surgió a partir del diálogo establecido en el primero) que también ella pertenecía a familia maragata. Siguiendo el rastro de la generosidad de Teresa, y de la lana virgen (100% natural) que nos trajo para experimentar en nuestros proyectos, descubrimos que precisamente el origen de esta materia prima se encontraba en un pequeño pero muy conocido valle situado en la comarca de La Maragatería y que, tal como el camino de Santiago, estableció relaciones centenarias entre Galicia y León. Hacia el Val de San Lorenzo nos dirigimos en el día del padre los tres residentes del Coliving, añadiendo parada en Astorga y dando continuidad al viaje que comenzó en una cafetería de la Plaza Mayor de Lugo, corazón del centro histórico de la ciudad. 

El Val de San Lorenzo se encuentra a solo 6 km de Astorga y es reconocido históricamente como un importante centro artesanal textil, famoso por sus mantas de lana, reconocibles además en la interioridad de los inviernos rurales de Galicia. Nuestra infancia está marcada y abrigada por estas mantas, de pura lana virgen de oveja, piezas heredadas de generación en generación y que todavía hoy son, para mi, la prueba de que la paciencia y el amor vencen a la fibra hueca siliconada y barata de los edredones suecos. Estas mantas guardan un misterio que no deja de interpelar directamente al tema que inunda el proyecto de Venera, descubrir estas relaciones ocultas es también lo que nos mueve y nos entusiasma. La característica principal de las mantas maragatas son el impresionante grado de aislamiento de la lana de oveja, única fibra "hueca" que existe. Por un proceso tradicional de obtención y cardado, se consigue que miles de "cámaras de aire" naturales aíslen del frío. La poesía que nos trae esta materialidad tan elemental y carnal como la de no pasar frío en invierno, se encierra en un misterio por el cual el calor proviene del vacío. La pureza de esta lana se pone en relación con el misterio de la virginidad cristiana, y tal como el misterio de la zarza que arde pero no se consume, también estas mantas son resistentes al fuego, lo que significa que no arden fácilmente. Su alto contenido natural de nitrógeno y agua, junto con su estructura, la convierten en un material seguro que a menudo se usa como aislante. 

En el Museo de La Comunal descubrimos todo un proceso artesanal, laborioso, y cargado de paciencia, necesario para la fabricación de estas mantas. Disfrutamos de una visita guiada magistral en la que adentrarnos en todos los detalles y pequeños procesos que dan sentido a la artesanía como medio de iniciación espiritual.

Fotos de María Susinos


El camino de las mantas maragatas nos hace aterrizar en la catedral de Astorga, cuya advocación es Santa María. Las múltiples vías romanas que cruzaban estas tierras del convento jurídico de Astúrica Augusta fueron caminos de temprana evangelización. La diócesis que tiene a Astorga por capital se apellida "Apostólica" porque las comunidades cristianas que la formaron hunden sus raíces en los albores del cristianismo, unas raíces que se vinculan directamente con el mundo romano. Esta misma particularidad la encontramos en Lugo, ambos centros urbanos de referencia en el mundo romano, y ambos centros Apostólicos clave de los orígenes del cristianismo en la Península Ibérica.

La Carta sinodal de San Cipriano, Obispo de Cartago, dirigido a la Iglesia de Astorga-León y Mérida a raíz de la persecución sistemática del emperador Decio, atestigua que ya en el 254 la comunidad cristiana de Astúrica estaba plenamente organizada con Obispo, Presbíteros, diáconos y fieles numerosos entre los cuales no faltaron mártires, testigos de la fe, como Santa Marta, la patrona de la ciudad. Las huellas de la continuidad entre el mundo romano y el cristiano se observan en muchas piezas conservadas en esta Catedral, y un ejemplo es el espléndido sarcófago paleocristiano anterior al edicto de Milán, y la Paz de Constantino (313 d.C.), importado de Roma a Astúrica por algún patricio.

El Relicario de la Vera Cruz, llamado en ocasiones Lignum Crucis, es una pieza de orfebrería absolutamente excepcional del siglo XII, se puede ver en el Museo de la Catedral de Astorga. En el centro de la pieza, incrustadas dentro de un lecho de oro, aparecen las astillas de la Cruz del Señor, formando también doble cruz.

Entre los 136 obispos de Astorga, algunos fueron venerados por la santidad de su vida, es el caso de Santo Toribio, patrono de la diócesis, a quien felicitó el Papa San León Magno por su valentía en la defensa de la fe atacada por los priscilianistas. Tal vez influido por las experiencias de la monja Egeria, Toribio peregrinó, bien joven, a los Santos Lugares donde, se dice, recibió la orden clerical. Allí permaneció durante varios años, siendo designado custodio de las santas reliquias, de las cuales trajo algunas a su regreso a Astorga; destaca un trozo del brazo izquierdo de la Cruz de Cristo, del que una parte se conserva en la espectacular pieza de orfebrería: el Relicario de la Vera Cruz, y otra parte se guarda en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana. Siglos más tarde, en este mismo monasterio, uno de sus monjes escribiría el Comentario al Apocalipsis de san Juan (Commentarium in Apocalypsin), pieza fundamental en la historia del arte y primer bestseller de la Edad Media que acabaría denominándose “beato” en honor a su autor. El monje Beato fue una figura clave en la Iglesia hispana y europea por su defensa de la fe ortodoxa católica frente a la herejía adopcionista de Elipando de Toledo y por ser el impulsor del culto a Santiago Apóstol, con su poema "O Dei Verbum". 

 En las diversas zonas de la diócesis de Astorga, tuvo tal desarrollo el monacato, que a la del Bierzo se la denomina la Tebaida española, en alusión a la Tebaida del desierto de Egipto, pletórica de monjes y monasterios. En la zona zamorana, entre otros, fue muy notable el monasterio de San Salvador de Tábara por su famoso escriptorium. Aquí, con la misma paciencia benedictina que dedicaron los maragatos a las mantas, trabajaron incansablemente escribas, pintores y miniaturistas tan célebres como Magius, Emeterius y Senior, creando a partir del siglo X los denominados beatos.


En la Catedral de Astorga se conservan dos hojas (fragmentos) de un ejemplar de los Beatos de Liébana. Esta presencia está vinculada a la estrecha relación histórica entre Liébana y Astorga, recordando la figura de Santo Toribio de Astorga y el traslado de la reliquia del Lignum Crucis. El desarrollo de estas obras de arte, únicas en la Península Ibércia, es interesantísima para la evolución de la pintura, iconografía y la cultura visigótica, mozárabe y románica, desde el siglo IX al XII. En el Museo de la Catedral de Astorga son varios los facsímiles que nos permiten disfrutar de la belleza de estos códices iluminados.


A través de toda la Edad Media, la peregrinación a la tumba del Apóstol en Compostela deja en Astorga huellas imborrables de hospitales y cofradías, leyendas, arte y oración. Peregrinar es afirmar rotundamente que la vida no se encierra en los horizontes de este mundo: "No tenemos aquí ciudad permanente sino que aspiramos a la ciudad futura (Heb 13,14)". Como una venera o una mano abierta y tendida, se despliegan los caminos de Santiago enlazando sus tierras con la vivencia de una fe compartida y de una cultura común: la civilización del amor. Además el peregrino nos recuerda que la ascensión espiritual no es posible sin estar bien anclado en la materia, que también ha de ascender, como lo hizo Cristo, que se encarnó para siempre. El peregrino vive en cercanía con la naturaleza, la lluvia y la nieve, la tormenta y la bonanza, sin panteísmo alguno, no le espantan los fríos ni los calores; ligero de equipaje, descubre los valores de la soledad y de la compañía, de la hospitalidad y del diálogo.

El verdadero peregrino puede apreciar la soledad y la compañía en igual medida, para ello requiere de ese espacio sagrado que, mediante la separación, delimita un ámbito sagrado para la intimidad y la divinidad. En el sentido etimológico de las palabras templum, en latín, y témenos (τέμενος), en griego, encontramos esta misma noción de separación, pues ambas proceden de una raíz que significa «cortar», «separar». El recinto del hortus conclusus es equiparable al del templo. Mediante la separación se posibilita un acto creativo, al separar se crea un espacio de veneración, así también Dios crea el mundo mediante la separación. La separación permite dotar a algo de más significado, también a través de la metáfora se recorre, en el eje sustitutivo del lenguaje, un trayecto hacia una amplificación de significado que va más allá del primer nivel de los sentidos y que permite acercarnos, precisamente por que lo bordea, a lo inexpresable.

En lo sagrado, como en el amor, se produce una resignificación, se trata, por tanto, de una experiencia jerárquica, hacia un lugar en el que nos volvemos más pequeños y más vulnerables. Mediante lo sagrado algo más grande e invisible se hace sobrecogedoramente presente, no podemos expresarlo ni nombrarlo, es un vacío que se diferencia de otro tipo de vacío que se caracteriza por la ausencia de significado y de sentido. Cuando la carga de significado es tan grande que te hace enmudecer, ahí aparece algo de lo sagrado y del amor, es tan grande lo que se nos escapa a la razón que la única expresión que cabe es "y yo no me había dado cuenta", así es como lo expresa Jacob cuando al despertar de su sueño dice: "Sin duda, el Señor está en este lugar y yo no me había dado cuenta". Y con mucho temor añadió: "¡Qué asombroso es este lugar! ¡Es nada menos que la casa de Dios y la puerta del cielo". Después de esa experiencia de lo sagrado, la piedra que la noche anterior había escogido para recostarse sobre ella, era ya otra piedra, estaba cargada de un significado diferente.

En busca de nuevos significados traemos hoy algunos recortes de nuestra visita a la catedral de Astorga, un lugar sagrado que a su vez nos ofrece infinitos y pequeños rincones que se hacen más sagrados precisamente porque se separan del resto para llegar, particularmente, a nuestro universo interior. No querer abarcarlo todo, dejarse tocar por lo diminuto, aquello que tiene más potencia de llegar a nuestro interior, ese es el gran misterio de estos espacios tan maravillosos y sobrecogedores. Sentarse y permitir que cada día te hable una piedra diferente, una a una, paso a paso.