Lo que algunos llamaban sensibilidad era ego herido, lo que otros llamaban fortaleza también. Alguien te hace un comentario, una sugerencia, una broma, una palabra que no acoge tu singularidad, no diremos que carente de mala fé, porque desde la ingenuidad y las "buenas intenciones" también se puede hacer mucho daño. La reacción a un comentario que nos hiere en profundidad desata pensamientos torturadores del tipo "tenía que haber respondido tal o cual cosa", construyes internamente argumentos brillantes de por qué esa persona estaba equivocada y tú tenías razón, te indignas de nuevo cada vez que lo recuerdas, un comentario, unas palabras que te roban la paz mental. Necesitas fuertemente que todos reconozcan tu valor, tu esfuerzo, tu importancia, quizás piensas que eres muy sensible, que sientes las cosas más profundamente que otros, que tienes el corazón muy grande y que por eso te duele tanto, pero lo cierto es que no eres sensible, eres soberbia.
Por aquel entonces, él tenía reprimido su propio orgullo, por lo que ni siquiera tenía la capacidad para sentirse ofendido. Pensaba que debía cuidar de la sensibilidad extrema de otros, hacer lo posible para evitarles sufrimiento, pues ser sensible es algo muy valioso, aunque no veía por qué había que sentirse tan dañado por los comentarios de otros, ya que nadie lo hacía por maldad. Mientras trataba de minimizar el conflicto de la sensibilidad ajena olvidaba profundamente su propia soberbia. A veces, la negación de la soberbia puede convertirse en una forma más extrema todavía de soberbia. Lo que llamas corazón grande es autocentramiento disfrazado de virtud, lo que llamas fortaleza y ausencia de sensibilidad es un ego, que por negado, actúa todavía más despiadadamente. El ego necesita el alimento justo, tanto si te pasas como si te quedas corta rozas, por diferentes caminos, la misma soberbia. Atender demasiado a tu imagen en busca del beneficio propio y camuflar de forma velada la atención a tu ego, prestando falsa atención a los otros. Los dos os encontráis en callejones similares. Un callejón sin salida que tortura y asfixia porque no parece posible escapar sin salir embarrados.
El buenismo es negar el propio orgullo, negar el mal y colocarse por encima para ayudar a los supuestamente más sensibles, situarse en el lado correcto puede resultar todavía más perverso. Si juegas en la cancha de las apariencias, tanto el lado bueno como el malo se convierten en perversos. El dualismo atrapa si confundes el plano de realidad, pues el sistema cosmológico dualístico no es ontológico, el mal tiene consistencia moral pero no ontológica. El mal, el error, el pecado, forma parte de tu vida, no se puede negar, no existe ningún ser humano perfecto, nadie está libre de pecado y limitar tu horizonte de miras es olvidar que el pecado se convierte en guía silencioso en la búsqueda de la virtud, en grieta que abre el camino hacia la luz. El único principio metafísico del mundo es el bien, por lo que el mal sólo es ausencia de bien, no tiene raíz ni existencia, se esfuma como la niebla pasajera.
No permitas que el orgullo te haga perder existencia. Ganar vida y existencia plena es acercarse a lo único que existe más allá: el Bien.
"Dime que esperas del más allá y te diré de qué manera apropias o ignoras el más acá". Creer es crear.
