La puerta representa el punto de tránsito entre dos realidades: la exterior, simbólicamente caótica y profana; y la interior, que representa el orden sagrado. Cruzar el umbral de un templo o de cualquier edificio sacro significa, a nivel simbólico, que se penetra en la propia identidad profunda. Hoy es otra puerta la que cruzamos, la del taller de residencia artística en el Coliving de Lugo, a partir de un pequeño bordado creado para decorar su interior y con motivo de una propuesta en la que nos han invitado a personalizar nuestro espacio de trabajo.
Existe una relación entre la función simbólica de la puerta como posibilidad visible y externa, y el centro, lo más profundo e invisible que da sentido a todo el conjunto. De ahí que entre la puerta del templo y el altar, situado en el Sancta Sanctorum, exista la misma relación que entre la circunferencia y su centro pues, aun siendo los elementos más alejados, son, de alguna manera, los más próximos, ya que se determinan mutuamente y se reflejan. Esto se advierte en la decoración arquitectónica de las catedrales, en las que, con frecuencia, la portada es semejante al retablo del altar mayor.
No sabemos qué decoración tendría la puerta principal de la catedral románica de Lugo, pero sí se conserva la maravillosa puerta norte, llevada a cabo en torno al 1170, bajo la dirección de las obras del maestro Raimundo de Monforte.
Un aspecto relevante, y al que no siempre se presta mucha atención de esta puerta, es la colección de herrajes románicos que unen los listones de madera de las puertas. Son de calidad excepcional, con formas de tallos de los que emergen ramificaciones en forma de volutas y pequeñas puntas lanceoladas, entre las formas vegetales se pueden descubrir, además, siluetas animales camufladas a la mirada superficial. Hemos traído precisamente uno de estos detalles de los herrajes, para invitar a realizar un tránsito todavía más amplio, que, además de al interior del espacio sagrado de la Catedral de Lugo, nos conduce a otros bellos rincones de la provincia de Lugo.
Las similitudes de estos herrajes con los que presentan las iglesias del Monasterio de Meira, Vilar de Donas en Palas de Rei, Salvador de Sarria o la puerta sur de la iglesia de San Pedro Fiz de O Incio, en donde encontramos el mismo tipo, más o menos desarrollado, de vástago central con volutas decorativas a ambos lados, nos sirven para invitarnos a realizar un recorrido que estos maestros herreros realizaron hace siglos, y del que dejaron una profunda huella en la provincia de Lugo.
También el simbolismo del jardín, como lugar sagrado, conecta con la invitación a realizar un tránsito, el que se lleva a cabo entre los tres jardines propios de la tradición judeo-cristiana: un vector intermedio entre el jardín del paraíso, el de la agonía y el de la resurrección.
No es casual, por tanto, que la palabra peregrino provenga del latín peregrinus, que significa 'ir por los agros' o 'el que va por el jardín'. Los peregrinos, propiamente dichos, fueron los de Compostela, también conocidos como los concheros, pues para otros caminos de peregrinación se usaron otras palabras como los romeros para los que acudían a Roma o los palmeros para los que iban a Jerusalén.











