El psicoanálisis no es una filosofía. El psicoanálisis nació para curar a las personas, para ayudar a las personas a salir del sufrimiento, porque sin el otro no es posible la cura. Solos no podemos, es imposible, puesto que nos hemos construido gracias a otros. Sin aceptar al otro no hay posibilidad de deconstrucción, de salir del conflicto y del sufrimiento.
"Un psicoanálisis no es una indagación científica libre de tendencia, sino una intervención terapéutica; en sí no quiere probar nada, sino sólo CAMBIAR ALGO".
S. Freud. T10
Todas las acusaciones que se le han hecho a Freud de no ser científico se deben precisamente a que su ciencia trata personas, y las personas no somos susceptibles de ser encerradas en laboratorios, clasificadas y etiquetadas dentro de los reducidos supuestos de la ciencia moderna. El psicoanálisis se mete de lleno en la subjetividad de cada individuo, porque desde una supuesta objetividad no es posible entender al otro, ni ayudarle a transformar algo. Sin comprender la subjetividad no es posible la objetividad.
En este sumergirse, llegó a conclusiones a las que también el cristianismo había llegado: el ser humano es un ser de lenguaje, sin el prójimo moriríamos, sin amor no somos nada. Y el amor es, en principio, algo que se recibe, la capacidad de recibir es también la capacidad para transformarnos. La lectura del Texto Sagrado nos ha enseñado que Dios, al revés de lo que se cree, no castiga a los malos y premia a los buenos. La teoría de la retribución es una conclusión humana errónea. Lacan expresa mejor que nadie el verdadero sentido de la culpa que se origina con el pecado original:
“De lo único que se puede ser culpable es de haber cedido en su deseo”
Jacques Lacan: Seminario 7: La ética del psicoanálisis
La ética del psicoanálisis es la herencia de la ética de la tradición judía. El deseo es lo que hace del hombre un ser hecho a imagen y semejanza de Dios. La culpa no proviene de cuestiones dualistas o maniqueas de hacer el bien o el mal, no es un afecto moral, sino ético (o más bien una mezcla de ambas). La culpa es el resultado de ceder en el deseo, señala el punto en el que el sujeto actúa en contra de aquello que, en lo más íntimo, lo determina, la imagen de Dios inscrita en él mismo. El deseo, en singular, se contrapone a los deseos, en plural, de la misma manera que el monoteísmo, en singular, se contrapuso a la idolatría de múltiples dioses.
"Para Lacan, el deseo no es capricho ni voluntad consciente: es aquello que se articula en el inconsciente, efecto del lenguaje y de la falta estructural que constituye al sujeto. Ceder en el deseo significa traicionar esa verdad singular para acomodarse al mandato del Otro —la moral social, la demanda del semejante, el ideal del yo—. La culpa, entonces, no proviene de transgredir una ley externa, sino de haber renunciado a la propia posición deseante. Lacan relee la tragedia de Antígona para sostener esta tesis: ella no cede en su deseo y por eso no experimenta culpa, aun cuando su acto la conduzca a la muerte; su acto es ético porque sostiene hasta el límite aquello que la causa. En cambio, quien se aparta de su deseo para preservar el bienestar, la aprobación o la seguridad, paga con culpa esa claudicación. El motivo de esta formulación es clínico y ético a la vez: en la experiencia analítica se constata que el malestar neurótico está ligado a compromisos, concesiones y traiciones al propio deseo en nombre del ideal o del amor. La ética del psicoanálisis no promete felicidad ni armonía, sino una posición responsable frente al deseo inconsciente. Así, la culpa no es un simple afecto moral, sino el índice de una división subjetiva: señala el punto en que el sujeto ha actuado contra aquello que, en lo más íntimo, lo determina."
Extraído de aquí
