Trabajo y placer




El concepto medieval de jardín unía en sí mismo el lugar de placer y deleite de los sentidos (que estaba, originalmente, en el jardín de Edén del que todos provenimos) con el lugar del esfuerzo y el trabajo, en el que caímos después de haber sido expulsados del Paraíso Terrenal. Esta unión inseparable se tradujo en la idea de huerto cerrado (hortus conclusus en latín), lugar cuyas funciones no fueron meramente estéticas ni de disfrute sensorial (noción moderna del jardín), sino que tuvo, además, la valiosa función de proveer a las cocinas y farmacias de la época, de diferentes plantas aromáticas, medicinales, etc. La comprensión del jardín medieval proviene de fuentes bíblicas, concretamente del texto del Cantar de los Cantares, probablemente el libro más leído y estudiado en esta época, por lo que el huerto, primeramente desarrollado en los claustros de los monasterios, se extendió también al jardín cortesano y al campesino. Esta noción tradicional del mundo consideró, además, a la agricultura como una de las primeras artes que el ser humano desarrolló. Por eso, el huerto era un lugar que posibilitaba la restauración de ése espacio-tiempo en el que también Dios creó, y crea, el mundo. El hombre, en su nivel, es también creador, y la agricultura tradicional, el recuerdo de que la unión entre lugar de trabajo y lugar de placer es posible, algo que el mundo moderno se ha empeñado en separar (la producción industrial ha convertido al ser humano en una máquina más, hasta el punto de que, del hombre robotizado emerge el robot humanizado, la IA), a base de ofrecernos recompensas mejores como el dinero, la seguridad y la protección. Todo ello en clara oposición a las enseñanzas bíblicas, pues éstas nos han advertido sobradamente que la naturaleza no solo provee para la vida física, sino también en su papel de expresión viva de Dios y lección de fe en el Padre, quien cuida de las aves del cielo mejor que nosotros. Por lo tanto, no sólo se trata de disfrutar con el trabajo y hacer algo que nos guste, sino, y esto ciertamente choca con toda la industria del entretenimiento, el turismo y el "tiempo libre", además también se trata de que el trabajo y el desarrollo de nuestras facultades es verdaderamente la mayor fuente de placer existente en el ser humano. 

No resulta extraño que también la fe desaparezca con los agricultores y los misterios del trabajo de la tierra, hoy esto no parece importar a mucha gente, al mismo tiempo que la burguesía se afana en rescatar "tradiciones" que sólo llegaron hasta nosotros gracias a ellos y su respeto por el misterio. Las fiestas de San Juan ya hace tiempo que no se diferencian en nada de unos sanfermines o de un macrofestival de música, lo mismo pasará con el resto.

El texto es lo que nos ayuda a no perdernos, por eso nos gusta recordar que Jesús escogió a María Magdalena como la primera entre sus discípulos en contemplarlo resucitado, es decir, en aceptar el misterio, y por este motivo ella lo confunde con un jardinero, un trabajador de la tierra.


Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mt 6:28-34).