Justificación por la fe




En el cristianismo hubo dos vías de acceso a lo espiritual que resultan muy interesantes para entender algunas tendencias actuales. Por un lado la vía mística y por otro lado la vía que a mi me gusta llamar de la encarnación (contemplación y acción). Por supuesto, no creo que sean contrapuestas, pues también la mística es encarnación de la gracia divina, pero sí podemos ver que una es más alejada del mundo y otra es más cercana al mundo. La tentación de separarse del mundo estuvo, desde los orígenes, en el anhelo de espiritualidad de la humanidad. También en tiempos de Jesús hubo quienes prefirieron estos métodos, se trata de la secta de los esenios, un grupo todavía más estricto en cuanto a las normas de ascetismo y cumplimiento de la ley de lo que ya lo eran los fariseos. La secta de los esenios surgió a partir de la revuelta macabea, tuvieron una visión muy polarizada y dualista del mundo, llevaron una vida de gran austeridad, dedicada a la oración, el estudio y la pureza ritual. Su anhelo fue el de separarse de la corrupción del mundo para ascender hacia Dios. Establecieron comunidades como Qumrán, con reglas estrictas, comidas rituales y propiedad comunal, aunque también había esenios viviendo en aldeas. Aunque hay quien dice que Jesús pudo pertenecer a esta secta, es bastante evidente que Jesús predicó y vivió todo lo contrario. Jesús se dedicó a enfrentar los excesos legalistas de los fariseos, y fue con éstos con quién más conflictos tuvo, por eso mismo podemos deducir que él formaba parte de este grupo, como también San Pablo había sido fariseo en sus inicios.

Los esenios son descritos como una comunidad separada al norte del oasis de Ein Guedi, a orillas del Mar Muerto (Qumrán). Las principales fuentes para el estudio de los esenios son La Guerra de los Judíos (75 d. C.) y Antigüedades Judías (94 d. C.) de Josefo. En estas obras, Josefo describió las diversas sectas judías como «filosofías de los judíos». La teología de los esenios se describe como apocalíptica, una «revelación de conocimiento oculto o secreto». Al reflexionar sobre los desastres nacionales (las invasiones extranjeras) de la nación de Israel, los profetas de Israel habían predicho que Dios intervendría en la historia humana una vez más, en los días finales. El desarrollo de la literatura apocalíptica fue una forma de responder a los constantes asedios e invasiones de culturas extranjeras. Dios establecería su reino en la tierra, puesto que ninguno de los reinos humanos era capaz de ofrecer respuestas. Con los continuos desastres, primero por la ocupación griega y luego por Roma, muchos judíos pidieron a Dios que cumpliera sus promesas lo más pronto posible. La literatura de esta época incluía visiones místicas con experiencias extracorporales en las que eran llevados a recorrer el Cielo y en las que se les mostraban los secretos de los últimos días, generalmente por ángeles. Las prácticas de ascetismo fueron vistas como una vía para alcanzar estas visiones de Dios (envidias por alcanzar los logros creativos de otros), unas visiones que pueden ser equiparables a las de muchos artistas en la modernidad. El arte ha sido siempre una forma de encontrar sentido al sinsentido del mundo, quizás una vía más emocional que racional. Y aunque los esenios replicaban muchas de las enseñanzas de los profetas, sus puntos de vista eran más radicales en el sentido de que todo se entendía dentro de la polaridad del bien o del mal.

Uno de los puntos claves de la teología de los esenios era la convicción de que la historia está predestinada, así como la demonización de las demás personas. Para los esenios, la historia se dividía entre la actual era malvada y una futura era de perfección. La era en la que vivían se consideraba tan completamente malvada, que solo una intervención violenta por parte de Dios podría restaurarla. La humanidad se dividía en dos bandos opuestos: los hijos de las tinieblas y los hijos de la luz (los esenios pertenecían a estos últimos). Dado el estado actual del mal, pensaban que los justos debían apartarse y evitar la interacción con todos los infieles. Los esenios creían que, por muy bien intencionados que fueran, los esfuerzos humanos no podrían evitar el desastre que se avecinaba ni influir en Dios para que cambiara de opinión. No había tiempo para el arrepentimiento; el destino de una persona ya estaba determinado. Su literatura contiene algunas de las primeras polémicas, al afirmar que el resto de la humanidad (incluyendo otros judíos) se encuentran bajo la influencia de agentes del Diablo.

Y además de las prácticas judías de los esenios, también encontramos entre los griegos unas prácticas de acceso a los misterios diferenciadas de la religiosidad popular más común. Los cultos mistéricos en Grecia eran religiones secretas para iniciados (mystai) que ofrecían esperanza de una vida feliz tras la muerte y consuelo ante las adversidades, a diferencia de la religión pública; los más importantes fueron los Misterios de Eleusis (Deméter y Perséfone), los Misterios Dionisíacos (trance, éxtasis) y los cultos Orficos (purificación, reencarnación). Estos ritos, que prometían salvación y vida virtuosa a través de rituales secretos y experiencias trascendentales, eran cruciales para la vida espiritual griega y se distinguían por su carácter esotérico, reservado a quienes pasaban por una iniciación. Si bien los griegos eran mucho menos estrictos, también se pueden entrever ciertos paralelismos entre los cultos mistéricos en los que probablemente se trataba de ascender al Cielo a través de visiones propiciadas por el consumo de enteógenos, y los anhelos ascéticos esenios. En nada nos pueden sorprender estos intentos de ampliar la consciencia y de elevarse hacia Dios, puesto que son prácticas a las que todavía hoy recurre el ser humano, en unas ansias por llegar al misterio de Dios que tienden, sobre todo, a tratar de evadir el propio misterio humano.

No deja de ser curioso que estas mismas tendencias se hubieran revivido precisamente en el cisma católico-protestante de finales del siglo XV. La época en la que vivió Lutero fue también una época de crisis motivada por los avances tecnológicos de la imprenta y la entrada en la Edad Moderna, más racionalista. Lutero, al igual, que los esenios, también llevó una vida estricta, sintió rechazo por sus semejantes, pasó por grandes sacrificios para ganarse la presencia de Dios, trabajaba incansablemente durante muchas horas al día, y no contento con eso, además, interrumpía su sueño de noche para castigar su cuerpo. Incluso también se latigaba, tenía un sistema de ayuno muy extremo que lo dejaba postrado en la cama, usaba ropa áspera para irritarse la piel, se exponía al frío y después a muchísimo calor, todo para castigar su cuerpo, para sacrificarse, para que le quedase claro a Dios cuánto deseaba encontrarlo. El ascetismo de Lutero era tan grande que incluso pensó que, de tantos sacrificios que había hecho, iba a morirse muy joven y, ciertamente, algunas prácticas dejaron daños irreparables en su cuerpo. Esta idea de ascetismo mística, en algún punto se conecta también con quienes pensaban que el acceso a Dios llegaba a través del conocimiento, pues ambas vías consideran que Dios escoge solo a unos pocos para acceder a las claves del misterio, una especie de darwinismo religioso, la supervivencia del más fuerte o el más sabio. Solo el que más se sacrifica será escogido por Dios. También las ideas de Lutero sobre la soberanía de Dios y la depravación humana sentaron las bases para una visión de Dios que antepuso la fe a los méritos o acciones humanas. Para Lutero, el verdadero arrepentimiento es un proceso interno y vitalicio de mortificación del yo, no una confesión sacramental externa administrada por sacerdotes. La salvación se logra por la gracia de Dios, no por méritos humanos. Lutero enfatizó la experiencia personal de la fe más que la especulación teológica sobre la predestinación, que sí desarrolló Calvino.

Tanto en las prácticas ascéticas de Lutero, como en el rechazo del mundo de gnósticos y esenios, así como también en el nacionalismo de los judíos fariseos, se puede entrever una fuente de racismo y separatismo que no deja de ser muy actual. ¿Cómo ser capaces de enfrentar la idolatría de las culturas extranjeras sin sucumbir como pueblo en el intento y sin caer en el separatismo? La carta a los Gálatas es un maravilloso documento que condensa magistralmente los conflictos entre el judaísmo nacionalista de algunas comunidades y el judaísmo cristiano de los primeros cristianos (que eran de hecho judíos). San Pablo también se planteó algunas preguntas esenciales acerca de ¿qué es ser cristiano? y fue el primero en articular una respuesta por escrito, precisamente en un contexto plagado de propuestas espirituales con las que tratar de hacer frente a la crisis. El motivo que originó esta carta fue un problema surgido en Galatia, curiosamente un nombre muy parecido a Galicia, precisamente porque ambos territorios estuvieron habitados por los "galatai", es decir, los celtas. En esta región, San Pablo funda una serie de comunidades cristianas. Estas comunidades gentiles (no judías), cuando recibieron la evangelización, se bautizaron y no se les exigió a los varones de estas comunidades la circuncisión, mientras que en las comunidades judías, si eras un hombre y te bautizabas, tenías que pasar por la circuncisión. Pablo ignoró esta cuestión y no había habido problema hasta que llegaron a este territorio otros misioneros cristianos que llegaban desde Jerusalén y empezaron a decir que la circuncisión era un requisito indispensable para ser cristiano. Lo cierto es que no era un tema secundario, pues para los judíos era una marca fundamental de la Alianza hecha por Dios con Abraham. Jesucristo estaba circuncidado como también el resto de sus discípulos, aunque nunca Jesús había dicho nada en contra de la circuncisión. Las tres marcas identitarias del judío eran la circuncisión, la dieta kosher (ciertos alimentos que no se pueden comer) y el shabat. Así que, cómo es posible que Pablo se atreva a modificar estas reglas básicas, cuando ni siqueira Jesús dijo nada sobre esto?

Pablo se da cuenta de que se está jugando algo esencial, y de que si cede en este punto estaría pervirtiendo el Evangelio. Además, la carta a los Gálatas fue fundamental en la reforma que tuvo lugar en el siglo XVI, momento en el que termina la Edad Media y empieza la Edad Moderna, otro período de crisis fundamental activado por una revolución tecnológica. Martin Lutero, a pesar de ser un monje ejemplar, no podía sacudirse de encima el miedo a la condenación eterna, una verdadera angustia para grandes segmentos de la población en este momento de finales del medievo.

Estas palabras de “justo“ y “justicia“ producían sobre mi conciencia el efecto de un rayo. Al oírlas, me horrorizaba: Si Dios es justo, tiene que castigar. Pero, gracias sean dadas a Dios, cuando un día meditaba en esta torre y en mi cuarto de estudio sobre estas palabras: “El justo vive de la fe” (Rom 1, 17), y sobre “la justicia de Dios“, pensé inmediatamente: Si hemos de vivir como justos de la fe y si la justicia de Dios ha de ser salvación de todo el que cree, ella no será merecimiento nuestro, sino misericordia de Dios. Así quedó mi espíritu levantado, pues la justicia de Dios consiste en que somos justificados y redimidos por Cristo. Y aquellas palabras se hicieron entonces para mí más amables. El Espíritu Santo me reveló en esta torre la sagrada Escritura.
Martin Lutero

Esta experiencia de Lutero nos narra la experiencia que lo convierte, del hombre angustiado porque no cumplía con las normas de la ley, al hombre liberado porque entendió que la justicia de Dios consiste, no en que Dios nos castigue, sino en que Dios nos justifica, es decir, nos hace justos. La Iglesia Católica no dice algo muy distinto, solo que esa justificación debe transformarnos y tiene que verse en los hechos y en las acciones. Es relevante indicar, en relación a esto, el carácter que algunos psicoanalistas han indagado en la figura de Lutero. Algunos estudios psicoanalíticos sobre Lutero han apuntado a la infancia desgraciada que tuvo, con unos padres muy severos que le pegaban. Su padre era especialmente temido por Lutero, que concentraba todo su amor hacia la madre. El gran temor que sentía hacia el demonio y que le obsesionaba, parece ser que no era otra cosa que la proyección de la imagen paterna. Puede que ingresara de muy joven en el convento precisamente para huir del padre y de sus castigos. También pudo haber otras causas, como la tormenta en la que estuvo a punto de perecer o la peste de 1505, en la que morirían muchas personas y en donde él pudo ver la muerte de cerca. Por otra parte, ya fraile en el convento luchó siempre para reprimir su sexualidad, que le atormentaba. Tanto es así, que parece ser que dijo que “es más fácil soportar las cadenas de una prisión que las cadenas del deseo. A quien no le haya sido concedido el don de la castidad, no la obtendrá por el ayuno y las vigilias”. Naturalmente si Lutero consideraba el deseo sexual como pecado, como una muestra de la perversión introducida por el demonio, resulta evidente que vivía aterrorizado por el infierno y el pecado. Por ello, trataba de compensarlo con su fuerte actividad intelectual. Hasta que no descubrió la doctrina de la justificación por la fe y la “misericordia” divina, vivió atormentado. Resulta evidente que Lutero no llegó a vivir en su piel un verdadero temor de Dios, aquel que Lacan entendió perfectamente, al definirlo como ése temor capaz de convertir a todos los demás temores en un perfecto coraje. La función del Nombre-del-Padre es esencial para esa liberación inherente al acto de separación del resto de temores. Es lo que Freud le escribe a Otto Rank: el padre es lo que impide el retorno al vientre materno, el volver atrás.

Lutero, más que un valiente capaz de enfrentarse a la jerarquía de la iglesia, fue un bravucón que se creció por sentirse protegido por el poder político de unos cuantos príncipes alemanes. Y aunque siempre se nos ha dicho que el tema de las indulgencias fue la clave de la reforma protestante, el mismo Lutero escribe una carta a Erasmo de Róterdam en la que reconoce que el tema de las indulgencias le da igual, que nunca le ha importado. Confiesa que lo que le ha interesado siempre es demostrar el servo arbitrio, esto es, que el hombre no tiene libertad, lo cual le va muy bien para justificar sus propias pasiones que tanto lo esclavizaban. Tanto Lutero como Calvino construyen toda una teología que no es en el fondo, más que para justificar sus propias incapacidades. 

Pero volvamos a la carta a los Gálatas, con independencia de los conflictos psíquicos que pudiera haber tenido San Pablo es evidente que su comprensión de la teología cristiana fue bastante más rica y auténtica.

Habéis oído hablar de mi pasada conducta en el judaísmo: con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba, y aventajaba en el judaísmo a muchos de mi edad y de mi raza como defensor muy celoso de las tradiciones de mis antepasados.

Aquí la palabra judaísmo debemos entenderla más allá de una religión, pues no es exactamente eso, sino más bien una corriente nacionalista en el interior de Israel, más purista acerca de las costumbres identitarias del pueblo. Por eso dice que también él "aventajaba en el judaísmo", es decir, en esa lucha por la identidad judía, como defensor muy celoso de las tradiciones de los antepasados.

Pero, cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, se dignó revelar a su Hijo en mí para que lo anunciara entre los gentiles, no consulté con hombres ni subí a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, sino que, enseguida, me fui a Arabia, y volví a Damasco.
Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas, y permanecí quince días con él. De los otros apóstoles no vi a ninguno, sino a Santiago, el hermano del Señor. Dios es testigo de que no miento en lo que os escribo. Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia. Personalmente yo era un desconocido para las iglesias de Cristo que hay en Judea; solo habían oído decir que el que antes los perseguía anuncia ahora la fe que antes intentaba destruir; y glorificaban a Dios por causa mía.

El batacazo existencial de San Pablo, curiosamente, también se produce en un caballo, al igual que también en Nietzsche, solo que en el caso de éste último, el batacazo fue para no volver. San Pablo se va a Arabia, aunque no sabemos que hizo allí, lo que nos dice es que su aprendizaje proviene directamente de Cristo, y no de ningún ser humano.

Luego, después de catorce años, subí otra vez a Jerusalén, junto con Bernabé, y llevé conmigo también a Tito. 2 Pero subí de acuerdo con una revelación y les expuse el evangelio que estoy proclamando entre los gentiles. Esto lo hice en privado ante los de alta reputación, para asegurarme de que no corro ni he corrido en vano. 3 Sin embargo, ni siquiera Tito, quien estaba conmigo, siendo griego fue obligado a circuncidarse, 4 a pesar de los falsos hermanos quienes se infiltraron secretamente para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús a fin de reducirnos a esclavitud. 5 Ni por un momento cedimos en sumisión a ellos para que la verdad del evangelio permaneciera a favor de ustedes.

6 Sin embargo, aquellos que tenían reputación de ser importantes —quiénes hayan sido en otro tiempo, a mí nada me importa; Dios no hace distinción de personas— a mí, a la verdad, los de alta reputación no me añadieron nada nuevo. 7 Más bien, al contrario, cuando vieron que me había sido confiado el evangelio para la incircuncisión igual que a Pedro para la circuncisión 8 —porque el que actuó en Pedro para hacerlo apóstol de la circuncisión actuó también en mí para hacerme apóstol a favor de los gentiles—, 9 y cuando percibieron la gracia que me había sido dada, Jacobo, Pedro y Juan, quienes tenían reputación de ser columnas, nos dieron a Bernabé y a mí la mano derecha en señal de compañerismo, para que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los de la circuncisión. 10 Solamente nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, cosa que procuré hacer con esmero (Gal 2,1-10).

El problema de la circuncisión había sido resuelto en el concilio de Jerusalén, pero, por supuesto, esto no significa que hubiera desaparecido de la realidad. De hecho Pablo continua en su carta y nos cuenta el conflicto que tiene con Pedro, a quien se enfrenta en público.

Pero cuando Pedro vino a Antioquía, yo me opuse a él frente a frente porque era reprensible. 12 Pues antes que vinieran ciertas personas de parte de Jacobo, él comía con los gentiles; pero cuando llegaron, se retraía y apartaba temiendo a los de la circuncisión. 13 Y los otros judíos participaban con él en su simulación, de tal manera que aun Bernabé fue arrastrado por la hipocresía de ellos. 14 En cambio, cuando vi que no andaban rectamente ante la verdad del evangelio, le dije a Pedro delante de todos: “Si tú, que eres judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a hacerse judíos?” (Gal 2, 11-14).

Pedro, que ya había negado al Señor tres veces, ahora no se atrevía a comer con los gentiles ante la presencia de los "judíos", debemos entender aquí que se trataba precisamente de una facción más nacionalista del sector de la religión judía, y por eso Pedro los temía. A Pablo tuvo que dolerle que incluso Bernabé, su mentor, se hubiera puesto del lado de Pedro. Para nosotros hoy Pablo es el gran teólogo, autor, misionero, pero en aquel entonces Pablo no era nadie, era un misionero de tercera fila, lo cual no le importó para enfrentar la hipocresía de Pedro en público. Es evidente que quien actuaba en él era Cristo.

Nosotros somos judíos de nacimiento y no pecadores de entre los gentiles; 16 pero sabiendo que ningún hombre es justificado por las obras de la ley sino por medio de la fe en Jesucristo, hemos creído nosotros también en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo y no por las obras de la ley. Porque por las obras de la ley nadie será justificado (Gal 2, 15-16).

Cuando Pablo habla aquí de las obras de la ley (que también podríamos traducir como Torá, pues es un conjunto mucho más grande que una serie de preceptos legislativos) se refiere a la manera tan alejada de la relación con Dios en la que la ley se había estado interpretando durante esos años, pues entre los sectores más judaizantes, los preceptos de la ley se habían convertido en una serie de marcas de identidad que conseguían diferenciarlos del resto de culturas extranjeras, de manera, que los preceptos de la Torá, más que recuerdos de la Alianza con Yahvé, se habían convertido en cuestiones estéticas a través de las cuales diferenciarse del resto de los pueblos. 

Pero si es que nosotros, procurando ser justificados en Cristo, también hemos sido hallados pecadores, ¿será por eso Cristo servidor del pecado? ¡De ninguna manera! 18 Pues cuando edifico de nuevo las mismas cosas que derribé, demuestro que soy transgresor. 19 Porque mediante la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios.

20 Con Cristo he sido juntamente crucificado; y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios quien me amó y se entregó a sí mismo por mí. 21 No desecho la gracia de Dios; porque si la justicia fuera por medio de la ley, entonces por demás murió Cristo (Gal 2, 17-21).

La justificación por la fe de San Pablo trata de evitar la hipocresía judaizante que veía en el excesivo celo de la ley y las señas de identidad judías, una forma de acceder a la salvación sin pasar por el corazón. Mientras que la justificación por la fe de Lutero trata, más bien, de huir de la culpa que le provocan sus fracasados y torturantes intentos de huir del pecado, es decir, su no cumplimiento de la ley. Ni San Pablo ni Jesucristo vinieron a modificar nada de la Ley, más bien a recordar que la ley no podía ser un pretexto para no pasar por la Ley. De alguna manera, todos los conflictos originados en el cristianismo a partir de una comprensión que incluía excesivas restricciones y limitaciones del cuerpo, también pretendieron escapar de la verdadera Ley que nos obliga a encarnarnos, a no huir de la Vida y a respetar el misterio (sin convertirlo en una llave elitista reservada para unos pocos).




Referencias

https://www.worldhistory.org/trans/es/1-20512/los-esenios/

https://www.marcelobarros.com.ar/freud-con-lutero/