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martes, 3 de mayo de 2022

El buen samaritano


Este relato es una de las bases sobre las que se asienta nuestra cultura. Una historia muy sencilla, a través de la cual se nos revelan verdades complejas por una vía diferente a la razón lógica.

El buen samaritano

25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 26 Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? 27 Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. 28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.

29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. 33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; 34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. 35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

Para Francoise Doltó no hay en este texto nada que nos diga especifícamente que hay que dedicarse a los demás, preocuparse por ellos y tener misericordia. Una lectura sin juicios preestablecidos nos revela una cosa bien diferente, mucho menos narcisista, pues la pregunta clave no es ¿qué tengo yo que hacer por el otro? sino ¿QUIÉN ES EL PRÓJIMO?, ésta es la pregunta que da lugar a la parábola. Se trataría más bien de observar y de RECORDAR (el camino del corazón) primero, y en segundo lugar de actuar. Para el hombre molido a palos, su prójimo es el samaritano, puesto que es éste el que se comporta como tal. Nuestro prójimo son todos aquellos que, por un azar del destino, se encontraban allí cuando lo necesitamos y nos dieron ayuda sin pedírsela, nos socorrieron sin guardar si quiera recuerdo del caso.

Tampoco en el texto se emite ningún juicio sobre los que pasan de largo. Se trata de identificar al "prójimo", en este caso el samaritano es el modelo de prójimo. Ni esclavos ni dependientes, ayuda al hombre y lo deja libre, se retira y continua su camino. Si el que ha sido "caritativo" se considera acreedor de aquel a quien ayudó, si espera su agradecimiento, demuestra que trataba de comprar a alguien y que, por tanto, no era "samaritano". El verdadero samaritano no amará durante toda su vida al hombre que ha socorrido, al cabo de un km se habrá olvidado de él. Según este relato hemos de reconocernos deudores de quienes nos han ayudado (sólos no sobreviviríamos) pero esa deuda que podemos tener con el conocido o el desconocido sólo se puede saldar haciendo lo mismo con otros. No es al "samaritano" a quien se manifiesta el agradecimiento. Se piensa en lo que él ha hecho por nosotros (se recuerda) y se actúa de la misma forma. No hay ni culpabilidad ni dependencia en esta historia, pero sí la hay en las interpretaciones que se han hecho de ella, culpabilidad y dependencia que ahora (decaída la Iglesia) se perpetúan a través de otros -"ismos" más a la moda.




Ilustración de autor anónimo del Códex Rossanencis (550 D.C.), Catedral de Rossano, Calabria, Italia

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