Sugus

 


Cuando comes un caramelo Sugus suele ocurrir que se te pega entre los dientes y entre las muelas, el inicial placer de saborear el gusto de la infancia se vuelve un fastidio, un incordio que además tratas de ocultar para que nadie te vea tratando de rescatar restos de pegamento con tus dedos metidos entre los dientes, agarrándose a tu paladar o a donde quiera que encuentre refugio por los huecos de tu boca. Me recuerda bastante a la imagen de ese colesterol malo atado a una lipoproteína que se empeña en acumularse en tus arterias (menos mal que ya se ha erradicado el colesterol).
Cuando soñamos pensamos con imágenes, y son también estas imágenes las que nos hablan de nuestra dificultad para encontrar palabras, a veces, las palabras, como los Sugus también se te pegan entre los dientes, y lo que, en un principio pudiera haber sido una fuente de placer (encontrar la palabra adecuada lo es) poco a poco se va convirtiendo en un suplicio. Te resistes a tragar esas palabras, son dulces, empalagosas, te acarician el paladar, pero sin embargo, si las tragas, no tardarán en aparecer las arcadas, los vómitos, la urticaria o cualquier otro tipo de reacción física inexplicable. Es el precio que debes pagar por el goce, y antes de tragar con él es preferible que se te pegue al paladar para poder identificarlo como lo que es: una doblez hecha de glucosa y colorante que se te cuela entre los dientes para avergonzarte y no dejarte ver.