viernes, 12 de octubre de 2018

Viento, re-viento




Que las puertas de casa se cierren solas, que las toallas y las sábanas se retuerzan sobre si mismas para encontrar, sin duda, una posición en la que los rayos del sol puedan llegar a todos los rincones de su piel. Que al barrer los restos de polvo y piel del salón en la cocina, no puedan resistirse a invadir también el pasillo. Que las bolas de pelo y las bolsas del Gadis alcen el vuelo y se revelen de pronto como mariposas danzantes cargadas de poesía, resultado de la suma de un cuerpo tan artificial y de una costumbre tan natural como dejarse llevar por el viento. Al fin y al cabo el viento no deja de ser una compensación. Llega y cambia las cosas de sitio para compensar las diferencias de presión entre dos puntos, entre dos estados. El viento trae consigo siempre algo de cruce, algo de semillas y de soplo, algo de luz y algo de polvo, de arena y de desierto, de huecos encontrados entre las rocas, de susurros, de huellas y de frutos, el viento te interpone, te desplaza y te entrelaza... Tan ligero y tan fuerte, te recuerda que nada tienes y que amar es dar lo que no se tiene.

Para los griegos la poesía fue un elemento imprescindible de comprensión del mundo.

La Torre de los Vientos en el ágora romana de Atenas sirvió para medir el tiempo y para conocer la dirección del viento. En cada una de sus ocho caras, un punto cardinal y un dios tallado sobre el mármol blanco del Pentélico, dos alas sobre sus hombros y un cuerpo para encarnar las peculiaridades de cada viento.

Boreas (Norte), dios del frío viento del norte que trae consigo el invierno, de carácter fuerte y violento, representado como un anciano alado con barbas y cabellos desgreñados, llevando una caracola y vistiendo una túnica de nubes. Notus o Austros (Sur), dios de las tormentas de las tardes de verano, destructor de cosechas y anticipo del otoño. Euros o Eurus (Este), representante del funesto viento del este, dios del calor y de la lluvia, simbolizado por una vasija invertida derramando agua. Zephyrus o Zephyr (Oeste), el más suave de todos, viento fructificador, mensajero de la primavera, representado como un hombre joven, sin barba, cubierto en parte por un manto que sostiene y del que va esparciendo flores. Kaikias o Cecias (Nordeste), viento al que se le atribuían males como el granizo, entre sus manos sostiene una cesta, o un escudo, lleno de granizo. Apeliotes (Sudeste), viento generoso que lleva lluvia a los granjeros, y hace madurar las frutas y el trigo. Labios o Livos (Suroeste) el viento del suroeste, llegado desde África. Se le representa muy joven, sin barba, vestido con túnica y descalzo, tiene en su poder la popa de un barco como en actitud de andar dirigiendo uno él mismo. Skiron o Skeiron (Noroeste), viento frío y seco asociado al inicio del invierno, se le representa como un hombre alado, viejo y barbudo, completamente vestido en túnica, y calzando coturnos, llevando entre sus brazos una vasija de bronce de la cual esparce ardientes cenizas.







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