sábado, 29 de julio de 2017

Bajo la alfombra


Fotos: Iria Friné Rivera Vázquez. Gif: Marta Cuba.


Todos los sábados por la mañana y jueves por la tarde me invade una energía desmesurada, un calor asfixiante que debo dosificar para conseguir llegar a tiempo de verte. Angustiosa y enrarecida, recorro las calles cegada por la urgencia y excesivamente feliz de encontrarte, siempre llego tarde. Siempre lo hago mal.
Al llegar me acuerdo de las pequeñas ideas que han ido cayendo con las prisas, y cuando me voy puedo hacer el camino de vuelta un poco más calmada. Entonces me encuentro con las ideas bloqueadas, sonrosadas, que no se atrevieron a poner un pié en el barro. Ideas con miedo a morir, iluminadas bajo tierra. Pequeños bichos de luz que viven en zonas húmedas y pantanosas, alucinadamente.

Con el nombre de bioluminiscencia se conoce al proceso por el cual estos insectos son capaces de emitir luz. Este proceso se produce en una región del abdomen y la función es la atracción mutua entre machos y hembras como forma de cortejo, antes del apareamiento. La luz que emiten es una luz fría, debido a que toda la energía que generan se consume en dicha emisión lumínica, siendo muy poca la que se desperdicia en forma de calor.

Consumida en el consumo, en la idea bajo la alfombra, cubierta por el polvo y las hormigas. Toda esa vida amenazando fuera, pulsando por salir a conocerte. Toda yo, guardada bajo el brazo, piernas dobladas, agazapada y enganchada para no dejar salir, para no dejar entrar.

Los sábados por la mañana y jueves por la tarde debo hacer un esfuerzo extraordinario para ignorar mi absurdo deseo de llegar a ti, mi estúpida vergüenza de pretender tu amor y de negarme a compartirlo. Pronunciar las palabras para dejarlas ir, para dejarme manchar y marchar. 
El derecho de saber, en lugar de intuir. 
De bruces en el barro se está mejor que bajo tierra.


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