lunes, 25 de noviembre de 2019

El mismo fuego y el mismo agua

"Dado que la luna menguante y la bajamar llegan tras la luna creciente y la pleamar, la dualidad inicial se inclina hacia la trascendencia del ciclo único: en una perspectiva más amplia, lo que se destruye se recrea. El papel dual de la Luna en la disolución de las formas antiguas que han vivido mas allá de su finalidad, para abrir el camino a lo nuevo, puede asumir las proporciones cósmicas de un diluvio.
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Así como la oscuridad es el preludio al renacimiento de la luz, las inundaciones, en la idea de tiempo cíclico, sumergen y limpian la tierra periódicamente y, según el mito lunar, son necesarias para la regeneración.
Los diluvios se pueden entonces ver entonces como un juicio a las malas obras. En este sentido, las inundaciones corresponden a la muerte de la Luna al final del ciclo y abren el camino para el nuevo."

La luna - Símbolo de transformación.
Jules Cashford









"Benedicta, ya octogenaria, recibe a su hijo Amador que sale de la cárcel con un asertivo «Tendrás hambre». Sin dramatismo, como si no hubiera pasado el tiempo, como si no vivieran, los dos, sepultados por los años de condena, uno encima del otro, porque él incendió el bosque. Amador es lo que la prensa llama con el incendiario nombre de pirómano. A su manera, ese hombre, puro desarraigo, arrastra todas las culpas de un tiempo y una vida que desaparece. Las causas de los incendios son muchas. Casi tantas como las culpabilidades. Pero él, en su silencio, las posee todas. «Si te hacen sufrir es porque ellos también sufren», dice la madre. Le humillan porque quizá todos viven humillados."
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Alrededor de los dos personajes, madre e hijo, el director compone un retrato elegiaco, casi apocalíptico, «un melodrama seco», tal como le gusta decir al director, sobre el poder de purificación de las llamas. Las llamas acaban con todo de la misma manera que anuncian la necesidad de un tiempo completamente nuevo. Su virtud salvífica coincide exactamente con su capacidad para la condena. El mismo fuego que mortifica a los pecadores ilumina a los puros.
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Estoy convencido de que hay que feminizar la mirada. Y eso significa que lo urgente es preparar al espectador no para que entienda las obras de arte sino que las sienta. El arte es mujer porque no es un lenguaje recto. No tiene ángulos ni luz siquiera. La energía femenina es lo ambiguo, lo exotérico, lo sutil. Lo femenino es el mundo de las sombras sutiles y lo masculino, de las sombras materiales. Vivimos en el imperio de la luz, en el imperio del sentido, y no sé si se puede reorientar esta decadencia. La misión del arte y del cine es recuperar esa energía que es femenina o no es".

Oliver Laxe, entrevistado por Luis Martinez.


https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2019/11/25/5dd7e18e21efa0563c8b45ce.html

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