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domingo, 13 de marzo de 2022

Las Cárites

 




Las Cárites, más conocidas como las Tres Gracias son, en la mitología griega, tres diosas hijas de Zeus y de la ninfa Eurinome, quien a su vez era hija del famoso titán Océano. Sus nombres eran Eufrosine, Talía y Áglae (Aglaya) y eran las diosas del hechizo (el encanto), la alegría y la belleza.

Se representan siempre juntas, nunca por separado y suelen aparecer entrelazadas, y formando un círculo, como a punto de iniciar una danza. Homero escribió que formaban parte del séquito de Afrodita, añadiendo al amor y la fertilidad que ella representa un componente de encanto, placer y alegría. Las Gracias también se asociaron con la generosidad y la gratitud. Aristóteles afirma en su Ética nicomáquea que las buenas acciones deben ser retribuidas en especie: “Es por ello por lo que los hombres conceden un lugar destacado al santuario de las Gracias, para que haya retribución, porque esto es propio de la gratitud”. Sabemos que siglos antes se emplazaron estatuas de las Gracias cerca de algunos manantiales en agradecimiento a la naturaleza. Probablemente hay un reflejo de esta práctica en la actualidad tanto en el idioma español como en el italiano, donde las palabras gracias y grazie se utilizan para expresar gratitud por algo recibido.

También de ellas provienen las fiestas que hoy conocemos como de “Acción de Gracias”, denominadas en Grecia como las Caritesias o Carisias, festividades consagradas a las Cárites, en el río Cefiso, cerca de Delfos, durante las cuales se practicaba el banquete “Charistía” en el que se comía torta de miel.

La gratitud es por tanto la capacidad de recoger lo recibido. En occidente hemos recibido por medio de diferentes tradiciones mitológicas/paganas la tríada Acción, Amor y Conocimiento, representada por Atenea, Afrodita y Zeus o Thor, Freya y Odin. Al igual que cada una de estas unidades divinas conforman una tríada podríamos a su vez decir que la unidad de Afrodita (Venus) se desarrolla en la trinidad de las Gracias o la unidad de Cronos (Saturno) en la trinidad de Zeus (Júpiter), Poseidón (Neptuno) y Hades (Plutón).

Sin duda la característica definitoria de la trinidad es la relación, con el uno nace el ser, con el dos la división, y con el tres el retorno, la religación, el reintegro, la relación. Por tanto cada una de las patas sobre las que se sostiene una tríada nos conduce a su vez a un reintegro, retorno o religación permanentemente vivo con otra de las patas de otra tríada, en una dimensión temporal que nada tiene que ver con la linealidad. Y es así, que al introducirnos en las dimensiones de lo sagrado podemos hablar de aquello que nunca fue, pero que siempre está aconteciendo. No en vano, también el tiempo conforma una tríada: presente, pasado y futuro (las tres parcas, o moiras).

Aspectos como paraíso, purgatorio e infierno; espíritu, cuerpo y alma; supraconsciencia, consciencia e infraconsciencia; acción, amor y conocimiento… se expresan en el hombre de la misma manera que éste, a su vez en la voz de Dios. Lo divino, lo humano y lo cósmico entrelazado hasta el infinito.

Pero para diferenciar entre tríada y trinidad podríamos decir que la trinidad únicamente se puede constituir a partir de Dios, parafraseando a Raimon Panikkar, aquello que rompiendo tu aislamiento, respeta tu soledad, es decir el centro que garantiza la equidistancia perfecta entre las partes.

Si ponemos como ejemplo la tríada temporal: presente, pasado y futuro, podríamos llegar a pensar que uno es el fruto, o el resultado de lo anterior, sin embargo solo a través de la visión trinitaria podemos alcanzar una comprensión más verdadera de la existencia, por la cual las tres cosas son a la vez, relacionándose desde un centro equidistante perfecto entre las tres.

Hermes guiaba la danza de las estaciones, emplazando al invierno a transformarse en primavera, una danza circular que transcurre desde diferentes centros en los lugares del planeta, una estación da paso a la siguiente, al mismo tiempo que también todas transcurren a la vez.

El triángulo es interrelación, es integración y es transformación. Cada ser humano tiene la capacidad de recoger en sí mismo lo que recibe de sus antepasados, agradecerlo y transformarlo. Las palabras son los documentos humanos más profundos de la vinculación del hombre con sus antepasados, es decir con la tradición. Por tanto individualismo es ignorar esas raíces y excomulgarse de la comunidad de los humanos. Individualismo es pensar que uno hace 100 años no existía, y que ha caído del cielo o de la nada, sin ninguna raíz con nada.

Las Tres Gracias forman una tríada, un triángulo en cuyo interior está el círculo, un triángulo que es dinamismo y que nos conduce a un ciclo a su vez entrelazado con otros ciclos, en una danza cuyo centro está en todas partes, y que comienza a partir del agradecimiento por lo recibido de nuestros antepasados.

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