sábado, 16 de mayo de 2020

Cuarentena XXI




"Cuando un paciente acude al médico, presenta una queja, y ésta se transforma en demanda de curación. La demanda puede enmascarar un deseo de hacer fracasar al médico, o la aspiración de lograr que él le confiera un status privilegiado, el de inválido, por ejemplo. Es propio de la función del médico establecer, después de examinar al paciente, un diagnóstico, un pronóstico y un tratamiento, que pone en juego una mirada clínica y un oído atento. La posición del médico supone que el facultativo sabrá responder a la demanda del paciente, es decir, comprender los engaños y las trampas que aquella demanda oculta (esto vale tanto para la psiquiatría como para la medicina en general). Lo que se denomina medicina psicosomática no es otra cosa que el desciframiento de lo que el enfermo da a entender con su síntoma. Se trata de una palabra que remite a una mirada, a ciertas voces: desde el lugar de ese cuerpo dolorido el sujeto interroga al saber médico, exige la revelación de la naturaleza de un mal escondido, enmascarado. Hay una distancia que es difícil definir entre el saber objetivado de un mal objetivable, que la ciencia sabe cómo atacar, y lo que ese cuerpo sufriente (ese cuerpo que encuentra los límites de su goce en el sufrimiento) puede darle a entender al médico y revelarle al sujeto como verdad (verdad que huye). Al nivel del dolor se sitúa en una forma de encuentro entre el médico y el enfermo que le otorga, más allá de lo que se acostumbra a describir en términos de relaciones interpersonales, un cierto privilegio a algo que es del orden de la estructura del sujeto que habla, es decir de ese sujeto deseante cuya verdad puede manifestarse en un lugar diferente de aquel donde la buscamos. Esta verdad, censurada por la conciencia, surge en el síntoma o en las distorsiones del discurso."





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