lunes, 25 de noviembre de 2019

No todo

La violencia contra la mujer es un problema sistémico, nos afecta a todos y a todas, más allá de que, terriblemente, sean las mujeres las que mueren. Tenemos la posibilidad de invertir la lógica de la utopía masculina del “todo es posible” o por el contrario podemos continuarla. Podemos continuarla tratando de negar que, por el hecho de ser mujer, estemos a salvo de caer en el rechazo de lo femenino, y por el hecho de ser hombre estemos abocados a la culpa de todas aquellas que han muerto cuando no debían. El horror de la muerte injustificada que llega a una familia tras una mujer asesinada es el mismo para los padres, abuelos, hermanos o amigos, que para las madres, hermanas, abuelas, o amigas. No es ningún privilegio sufrir la pérdida de una hermana, ni tampoco es un privilegio no encontrar ninguna otra vía de escape que no sea la agresión y la violencia.
El concepto de lo femenino es aquello que nos obliga a inventarnos permanentemente ante ese imposible, como sujetos con singularidades propias que somos, en contra del concepto universalizante de la lógica masculina y neo-liberal que no quiere sujetos responsables.
Las fórmulas neo-liberales basan su dominación en este rechazo o negación de lo imposible (de lo femenino), que se traduce en el “todo es posible”. El neo-liberalismo repudia lo imposible de curar y por tanto también repudia las invenciones o las soluciones que se podrían hacer en relación a esto. Eliminar, negar o tratar de hacer desaparecer “lo imposible” o el “no todo” puede derivar en un ejercicio de poder, del que, en un principio, pretendíamos huir.
No hay nada que pueda expresarse en su totalidad. No todos los hombres son agresores y no todas las mujeres son víctimas. Hay muchas mujeres que han favorecido la creación de una estructura sistémica de rechazo a lo femenino, criando a sus hijas e hijos en este rechazo. Es un error creer que los sujetos de género femenino están libres de este rechazo a la mujer, bien hacia ellas mismas como mujeres o hacia las otras.

No podemos caer en el error de hacer de esto un problema que sólo afecta a la mitad de la población (desprotegida y desamparada) mientras que la otra mitad es la causante del problema (acomodada y asentada en sus privilegios). Una de las confusiones más habituales hoy en día es precisamente esta, convirtiendo la defensa de lo femenino en una lucha de sexos improductiva que no hace más que reproducir las viejas fórmulas patriarcales.

La histeria es una forma de rechazo a lo femenino, y podríamos perder la potencia subversiva si las mujeres pensamos que se trata de participar de la misma lógica masculina, ser como ellos, hacer de hombres, en la política o en el trabajo, envidiar sus privilegios y creer que somos siempre nosotras las perjudicadas.

"El problema que supone usar consignas y máximas que están relacionadas con “el para todos” tomando un sujeto de género femenino avalado por el solo hecho de su género nos puede llevar a consecuencias nefastas, como por ejemplo promover una nueva moralidad a la inversa. Considerar un “todas” y eliminar este “no toda” de la mujer y generar un universal queriendo definir lo imposible de definir. Esto puede derivar en un ejercicio de poder frente a la impotencia de la propia práctica de los movimientos feministas cuando surgen dificultades. Una dejación de las responsabilidades de cada sujeto, lo que le viene muy bien al liberalismo porque no quiere sujetos responsables, quiere sujetos, en el mejor de los casos, “culpables” y en el peor, y es lo que se está fomentando cada vez más, cínicos o autistas en relación a su propio goce.

Si consideramos al patriarcado la causa última del rechazo a lo femenino, podemos considerarlo erradicable y así contribuimos con el sostén del neo-liberalismo eliminando el imposible y mantenemos un ideal educativo, adaptativo o sanitario que afirma que todo sería posible. No habría un invento que hacer cada vez frente a ese imposible, no tendríamos que encontrar nuestra manera de hacer. Volveríamos a una ilusión pre-freudiana, la ilusión que desterró Freud: lo que salió por la puerta vuelve a entrar por la ventana. Cuando se escuchan ciertos planteamientos de los partidos se nota que no tienen en cuenta esta cuestión freudiana, incluso en la famosa Ley de violencia de género, su prefacio expresa como objetivo erradicar la violencia, como si eso fuera posible."

Gracias a Mercedes de Francisco, que ha puesto muchas palabras a este pensamiento que intento ordenar, y para el cual no siempre tengo palabras.

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