lunes, 29 de julio de 2019

En el principio era el Verbo...

«En el principio era el Verbo...

Y el evangelio era la palabra...»


En el Islam esta afirmación va todavía más allá, de tal forma que prohíbe cualquier tipo de representación visual, gráfica o icónica de Alá. Su mensaje llega a nosotros a través de la palabra, registrada en el Corán por Mahoma, el mensajero único. Incluso, en las interpretaciones más estrictas del Corán, se prohíbe también cualquier representación de las criaturas creadas por Alá. Para dos de las más grandes religiones del mundo, la Palabra es Dios y Dios es Palabra.
Pero el problema de cómo representar lo divino no se soluciona fácilmente y la tentación de la imagen es irresistible para el hombre, resulta complejo separar imagen y palabra.
En las mezquitas islámicas no se pintan imágenes de Dios con forma humana, pero si se pintan imágenes de Dios. En lo alto de las cúpulas, techos y paredes la claridad del mensaje se oculta bajo la excesiva ornamentación del texto y la belleza sublime del arte de la caligrafía. La caligrafía es, en el mundo islámico, el equivalente a la imagen de Cristo. No es necesario leer el Corán en las paredes de las mezquitas, solo es necesario recordar que se está en presencia divina, y que esas son sus palabras.

Así ocurre también en nuestro mundo laico. No es necesario leer (la Biblia y el Corán menos) pero en las paredes de nuestros dispositivos hay imágenes suficientes para recordarnos que existe una fuerza mayor o divina por la cual todo (o nada) es posible.



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