jueves, 8 de marzo de 2018

Entre la huelga y la holgura

El otro día comentaba a la hora del café una anécdota sobre un chico y un pequeño "imprevisto", de esos que nos incomodan y nos hacen sentir inseguras. En la sala en la que trabaja este chico deben ser unas 30 o 35 personas y él es muy espontáneo, entusiasta, y muy muy hablador. El infortunio en cuestión tiene que ver con la cremallera de la pretina del pantalón, se había quedado atascada y al chaval no le quedó otra que aliarse con el largo de su camiseta para disimular el lugar del desaguisado. Mientras compartía con el resto de la sala esta inoportuna putada, llega a su mesa un compañero para informarle de que deben salir en 5 minutos a una reunión con el cliente. Con expresión de susto y angustia en su rostro, le mira y le pide por favor, si puede pasar antes por su casa para cambiarse, que así no está cómodo y que tan solo son 10 minutitos. El otro chico, indiferente e imperturbable, le dice que deben salir ya. 

¡Cuántas veces nos hemos visto en situaciones similares las mujeres! ¡cuántas veces nos hemos visto obligadas a adaptarnos y a comprender un estándar de comportamientos impasible, insensible, y cero comprensivo con el resto, y ¡cuántas veces nos lo hemos saltado!, porque nuestra intuición y nuestra manera de comprender el mundo va más allá de la ley, puede pararse en la especificidad y en las necesidades particulares del día a día que nada coinciden con lo que está escrito y atado. Permitirse parar cuando no te sientes a gusto, poder ausentarse del trabajo, utilizar la puerta para entrar y salir, levantarse para estirar el cuerpo y la mente, mirar el cielo y escuchar si viene el viento del norte o de dentro, respirar aire puro, ir a hacer la compra, recoger a los niños en el cole, tomar un café...

En la sala en la que trabaja este chico se pueden observar los métodos de trabajo que predominan en su entorno, basados casi siempre en la obediencia, el miedo y en una autoridad, por otra parte, mal entendida. Las frases que se escuchan a su alrededor son del tipo "como se entere fulanito de que está fallando esta aplicación, pega un grito que se le oye de aquí a Arteixo", o "hay que hacerlo porque lo dice fulanito y punto, que es quien nos paga". 

El feminismo, para mi, es holgura, es desajustar las riendas, es mayor amplitud de espacio, de miras, de movimientos, restar obligaciones y ganar deseos. Es más tolerancia, más diferencia, y más particularidades. Porque nunca he entendido a aquellas madres que dicen haber educado por igual a sus hijos, uno, porque es imposible, y dos porque no es deseable. De la misma manera que tampoco entiendo que en los colegios y trabajos haya una única hora de entrada y otra de salida. Ni que los colegios sean los que se adapten a las empresas, ofreciendo un horario de madrugadores a los padres. El feminismo es ampliar el mundo de los horarios y las normas, dar cabida a los imprevistos, a las necesidades particulares, hacer de lo privado lo público, dar cabida a lo que en efecto ya hacemos de múltiples formas las mujeres. Como bien dice Ángeles Durán 'la riqueza de un país está en la capacidad de producir bienestar y no en la de crear bienes que cuestan dinero que, además en muchos casos, producen malestar' El feminismo va, obligatoriamente, de la mano del cambio en la manera de entender el sistema económico capitalista. El feminismo pone el foco en el bienestar, en la generosidad y en la empatía, para dejar de obcecarnos con el éxito, la producción y el consumo, que por otro lado, se ha estado apoyando sobre el trabajo invisible de muchas mujeres. Que nosotras paremos, implica que se pare la máquina, que se pare este tren que no nos interesa ni nos conduce a buen puerto. A todos nos conviene este paro.
¿Por qué para trabajar no importa que lo hagamos fuera de la ley, y sin embargo, para parar, debemos ajustarnos a la ley?

En nuestro día a día utilizamos infinidad de recursos creativos, los necesitamos porque no nos queda otra que sortear la ley, de hecho la ley es un invento masculino, positivo y necesario (sin duda), pero creo que nosotras podemos aportar más que eso, podemos aportar una manera más flexible y creativa de hacer las cosas, podemos utilizar la intuición, el deseo, en lugar de la obligación. Utilicémoslos también en la protesta, convirtamos la protesta en nuestra aliada, no en nuestra obligación. Creo que tenemos la capacidad de reinventar los modelos masculinos de protesta, que se basan en la lucha y la competitividad. Creo que podemos aportar muchas maneras diferentes, nosotras no necesitamos estar todas en la misma línea de combate, no necesitamos cuadrar filas. Podemos utilizar diferentes baremos y aceptar las diferencias, nosotras no siempre necesitamos que se nos oiga, no siempre necesitamos que se nos vea. Podemos ser subversivas y creativas, tenemos muchos recursos que de hecho ya usamos, no hagamos esfuerzos por amoldarnos a la reivindicación de masas. Podemos utilizar los huecos del sistema, atacar desde dentro, diversificar nuestros métodos, apoyarnos tanto en la espera como en la acción, permitir diferentes ritmos y diferentes estados, hacer del objetivo el camino, exigirnos menos y disfrutar.





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