viernes, 7 de julio de 2017

Des-colocada




Una leve relajación de cuello y los músculos permiten que mi cabeza se retire hacia atrás, dejando paso al miedo escurridizo que me adelanta por la derecha.

Des-colocada. Un extraño orden que se mantiene pendiente de un hilo que nunca rompe, atado desde el fondo de la encía hasta la manilla de mi puerta. Quisiera romperlo de un portazo que no moleste demasiado. Un portazo de puntillas para conseguir entrar sin ser vista, y sin pasar desapercibida. Se sueltan mis puntos de anclaje, ¿y si me dejo caer sin romperme nada?

Estar mirando largo tiempo seguido a la espera del momento, y pisar siempre cuando el suelo se convierte en escalón. Aquel pánico que sentía de niña al entrar en una escalera mecánica. El suelo que se descompone en peldaños, y a lo lejos mi familia que avanza hacia el piso de abajo. Todos, en su derecho.

Me quito la cabeza y pongo mis cuerpos extasiados, mis ligamentos tensados por la culpa de no tener cabeza. Un giro imposible de rodilla me obliga a frenar mis piernas para seguir avanzando con la cabeza. Una cuerda que se tensa en mi rodilla, se anuda en la garganta y me impide abrir las piernas. Fantasía y desafío de lo más grave, lo más enfermo del amor.

Todo lo que no quiero hacer pero hago. Quiero gritar deliberadamente mi deseo de atención. Romperme entera y obligarte a coserme. Desdecir con el cuerpo lo que dije con la voz.

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