viernes, 13 de enero de 2017

corazón-cadáver





Hacía tiempo que no iba al cine, con la mudanza de piso estoy aprovechando para mudar de costumbres, o por lo menos, ampliarlas; ampliar espacio vital y ampliar costumbres. Aunque siempre lo sospeché, no llegaba a imaginar el poder que el espacio físico puede tener sobre el espacio mental. 

Amplitud de miras
espacio para mi
hueco en el corazón.
Frases hechas con espacio
muerto, exterior, vital, imaginario, aéreo, interior, informativo, real, atractivo...

La primera vez que me senté en una oficina a trabajar durante 8 horas seguidas sentí que el aire me oprimía, el reducido espacio que me ofrecía la muy ergonómica silla no era suficiente para dar vueltas sobre mí misma sin saber cómo cambiar de postura. Todavía hoy me sigue pasando. 
Me asombraba, de pequeña, la inmovilidad de mi hermana mientras dormía. Ella era capaz de cerrar los ojos y volver a abrirlos al día siguiente sin haber modificado una sola arruga del edredón. Mientras tanto, yo daba vueltas como una croqueta en busca de la ansiada posición, alguna vez en el furor del girar, me caía de la litera, rebozada y acolchada entre las mantas, dispuesta a seguir durmiendo tras encontrar otra in-cómoda postura en el suelo de la habitación.
Los espacios en los lugares de trabajo me han parecido casi siempre tiránicos, sofocantes. Demasiado abiertos para tener intimidad, demasiado opresivos para resultar holgados.

La película que fui a ver se llama Mimosas, dirigida por Oliver Laxe, trata sobre un viaje a través de las montañas del Atlas que transporta a los protagonistas por un viaje espiritual y de transformación personal. Un viaje de adentramiento en el vacío y la cimentación de la muerte. Una alegoría, leyenda, cuento o fábula al estilo de los grandes clásicos, en el que la historia va más allá de los hechos, y trasciende a la espiritualidad. 
Un espejo mágico que refleja aspectos del mundo interno y sus etapas a través de las cuales se construye la madurez psicológica. El camino desconocido se va convirtiendo en conocido, los guías del viaje se van convirtiendo en guías a medida que avanza el viaje. Arquetipos que modelan el camino para abrirse campo en un medio abrupto, tosco y grosero, de ideas abstractas o poco entendibles, guiados por su intuición, su fe y sus creencias. La muerte se convierte en la clave, la llave que da la vida y que abre paso al viajero. Mediante la renuncia y la fe se construye la madurez del personaje, y también la película, convertida en el tesoro-grial-objeto-de-culto-resultante de la evolución espiritual.

Es una película que conecta muy bien con las inquietudes de cualquier persona en cualquier parte del mundo, a pesar del efecto goma de borrar-anulación de la espiritualidad que produce la cultura del consumo y evasión en la que nos vemos inmersos.

Hoy me siento más o menos feliz porque tengo ya la música, creada específicamente, para mi próxima pieza de baile. Siento que tengo una enorme suerte de tener conmigo a los ángeles de la guarda, y la sala está casi preparada para empezar a crear. Tan solo debería empezar a dejar de mirar el paisaje, y decidirme a transportar mi propio cadáver.

2 comentarios:

Frufru Origami dijo...

Esta entrada es una página en tu diario. Creo que puedo escucharte a medida que leo, como si me lo estuvieras contando en una mesa del Universal. Transparente. :)

martacuba dijo...

Gracias, Andre! Tú, que siempre me escuchas :-)
Bico!