lunes, 2 de noviembre de 2015

clin-clin


Te escribo desde mi libretita, que como bien dijiste vale oro. Hace un calor infernal en el aeropuerto, 17 grados fuera y dentro prefiero no pensarlo. Me he gastado 6 euros en un bocata de jamón y me ha dolido mucho el alma. Los viajes me suelen dejar así como un regusto nostálgico en el cuerpo.
Me descubro cada día más sentimental, siempre lo fui pero antes me avergonzaba, intentaba ocultarlo. Cierto pudor hacia lo emotivo..., el sudor y las lágrimas. A veces me confunden las formas de hacerse fuerte.

El aeropuerto se vacía, cada vez menos gente. Más y menos gente, más o menos gente, todo señalizado, velocidad y quietud. Aprovecho antes de volver al engranaje cotidiano, tengo ganas de escribir. Me vienen a la mente los recuerdos de cuando éramos niñas y te iba a timbrar a tu casa para ir al instituto. Yo tan comedida y prudente y tu más lanzada. Empiezo por migomisma. Un día hace algunos años y no muy lejos de cuando iba a timbrarte al portal me dije por primera vez "quiero ser yo misma".

Ya solo se ven medio-personas incrustadas en las sillas como malamente pueden, y yo, una de ellas. Algunos merodean de vez en cuando porque no pueden dormir, no pueden morir. Por ahora no me entra el sueño. Es la 1 de la madrugada y quedan 7 horas para mi vuelo. Creo que voy a ir oliendo a perros y por aquí no dejan de pasar los cacharros de la limpieza. El aeropuerto está cada vez más limpio y yo cada vez más sucia. "Gasbutano es limpieza, limpieza es tranquilidad". Todo a mi alrededor se ocupa de recordarme qué es eso de limpieza. No oler, no sudar, no gritar, no moverse. Ahora se apagan las luces, debe ser la hora de dormir aquí, aunque los mensajes de megafonía nunca cesan, sin interrupción, siempre tienen algo importante que decir, siempre alerta.

En los momentos del despegue o aterrizaje se respira casi siempre una ligera angustia, cuando el avión empieza a tomar altura o a descender y se tambalea ligeramente. En ese momento ponen una especie de música de ascensor de fondo para hacer el momento más liviano y pasajero. Lo que no consiguen tapar es el llanto de los niños. La ansiedad es incómoda, la angustia y la culpa, no son fáciles de tapar... El momento incómodo pasa y ya está. Te echaré de menos otro poquito y ya está.

2 comentarios:

Frufru Origami dijo...

Creo que he estado un poquito en ese aeropuerto contigo mientras te leía, así que ella seguro que también ha vuelto a abrirte la puerta e su casa después de tú tocar el timbre.

:)

martacuba dijo...

:)